sábado, 18 de noviembre de 2017

No te fíes de tus ojos

Un payés se fue a viajar
y al llegar a Andalucía
se asombró que cada día
iba la gente a currar.
Y pensaba: “No me engañan,
ya en la escola me decían
que viviendo a costa mía
gandulean en España.
Mis ojos no he de creer
porque veo fantasías,
mejor la vida vería
a través de Tévétres."

viernes, 10 de noviembre de 2017

La nueva Juana de Arco

La señora ha declarado,
nadie sabe qué ha pasado.
Como Juana de Arco entró
y como Judas salió.
Se desvaneció su orgullo
con la amenaza del trullo.
-La independencia no es nada,
una simple inocentada,
una broma, un arrebato
solo por pasar el rato.
El ciento cincuenta y cinco
me encanta, lo aplaudo y brinco
de entusiasmo y de alegría
al oírlo, señoría.
Yo me siento muy española,
tanto o más que la gran Lola.
Se me encienden las entrañas
cuando oigo el ¡Viva España!
que cantaba el Escobar.
¿Me lo permite cantar?

miércoles, 8 de noviembre de 2017

El efecto Dunning-Kruger

Ahora empiezo a comprender. Me acabo de enterar de que hay un efecto que se llama de Dunning-Kruger, por el nombre de los investigadores que lo determinaron, que asegura que cuanto menos inteligentes son las personas, más seguras de sí mismas tienden a mostrarse. Tras diferentes experimentos con un grupo numeroso de estudiantes llegaron a la conclusión de que: “La sobrevaloración del incompetente nace de la mala interpretación de la capacidad de uno mismo, mientras que la infravaloración del competente nace de la mala interpretación de la capacidad de los demás.”
Andaba perplejo y  desorientado cada vez que veía hablar ante los medios a alguno y alguna de los políticos de nuevo cuño, y ciertamente se les ve cada vez que enciendes el televisor, a todas horas y en casi todas las cadenas. Les encanta hablar. Sueltan las mayores sandeces y simplezas, cuando no mienten como bellacos, con la enjundia y la seguridad del que acaba de descubrir el remedio para los peores males de la humanidad. Cualquier mindundi que puede que tenga dificultades para hacer la O con un canuto, pontifica sobre lo divino y humano con la arrogancia del que está imbuido del conocimiento de los siete sabios de Grecia y de alguno más. Saben perfectamente lo que hay que hacer, lo que tienen que hacer ellos y lo que deben hacer los oponentes. Lo saben todo.
Dudaba yo pensando si eran unos jetas que intentaban engañar a la audiencia con absoluto descaro, pero por lo visto solo son sujetos afectados por el síndrome de Dunning-Kruger.
Una conclusión diabólica del estudio es que la gente que habla con seguridad consigue convencer en mayor grado a los que escuchan. O sea, que son tontos y encima tienen más seguidores.
No sé si tenemos salvación.    

Por sus ideas

A medida que se suceden los acontecimientos, surgen los lemas que pretenden explicarlos o justificarlos. Son como frases publicitarias, cuanto más simples mejor, para consumo de cerebros predispuestos a recibirlas sin el fastidioso trabajo de analizarlas. Se utilizan para dogmatizar con sentencias sencillas, para dar por supuesto, para difundir la “verdad” del que las emite y del que las recibe y repite. Entre los mantras que se recitan como una verdad inconmovible, el penúltimo, referido a los inculpados de sedición es: “están presos por sus ideas”. Naturalmente, en sentido aséptico tienen toda la razón, todo el mundo tiene ideas y actúa en consecuencia. Otra cosa es el resultado de esas ideas. Jack el Destripador, Hitler o Al Capone tenían ideas y las llevaron a la práctica.   
Y ya que el fugitivo exhonorable se ha refugiado en Bélgica, podíamos mencionar algún personaje de ese país, Leopoldo II, por ejemplo. Rey de los belgas entre 1865 y 1909, también tenía ideas, y muchas. Antepasado directo del actual monarca, fue para muchos el mayor genocida del siglo XX, y mira que hay para elegir en dicho siglo. Ahora que algunos belgas se han puesto estupendos y acusan al gobierno español de franquista, convendría recordarles su historia reciente y aconsejarles que miren la viga leopoldista en ojos propios, antes de mirar la paja franquista en los ajenos. Leopoldo II tuvo grandes ideas, la principal hacerse inmensamente rico, y se las ingenió para adueñarse del territorio del Congo, veinte veces más extenso que su país, convirtiéndose en el amo y señor de sus tierras y su población. Curiosamente jamás puso el pie allí, pero eso no le impidió saquear sus riquezas de caucho, marfil, y minería, esclavizando a los pobladores autóctonos, y sometiéndolos a toda clase de ignominias. Se calcula que unos diez millones de personas, la mitad de la población, murió durante su infausto reinado, por agotamiento, enfermedades, hambre, o directamente asesinados en masa; además de condenar a otros muchos a insufribles mutilaciones, la más común, el corte de manos a la altura de la muñeca. Su avaricia no conocía límites y utilizó para lucrarse todo un rosario de prácticas infames contra la población indígena. Sin embargo murió en su cama y Bélgica está llena de estatuas a su memoria. Naturalmente, él fue el mayor responsable de esas atrocidades, pero tuvo que contar con la colaboración, el apoyo, la comprensión, o la impasibilidad de otros muchos belgas. Le sucedió su sobrino Alberto, bisabuelo del actual monarca. Tras su muerte, Bélgica siguió esquilmando las riquezas del “Congo Belga”, con algo menos de crueldad pero con las mismas compañías explotadoras, hasta que en 1960 el país se convirtió en la República Democrática del Congo.
Harían bien, algunos de los actuales dirigentes belgas, en repasar su historia en vez de preocuparse por la de España.   

martes, 7 de noviembre de 2017

El fugitivo deshonroso

Como sin querer la cosa
declaró la independencia
y con cobardes urgencias
puso pies en polvorosa.
Con insólita presteza
corre a esconderse a Bruselas;
pero más que correr, ¡vuela!,
para escapar de la jueza.
De quien dice que ha fundado
una república nueva,
es sorprendente y subleva,
que a otro reino haya escapado.
En su vergonzante huida 
para escabullir la ley,
no le importa que otro rey
le brinde amable acogida.
Ni tampoco le importaba
que otros varios de los suyos
fueran a dormir al trullo
mientras él se evaporaba.
Con quien no tiene valor
para afrontar sus acciones
huelgan las contemplaciones,
cuanto más lejos, mejor.
El presunto delincuente
es parte de esa calaña
que quiere quebrar España.
Cismáticos, mala gente.

viernes, 3 de noviembre de 2017

Con permiso de don Francisco.

 Érase un remedo de espantajo,
érase un flequillo fugitivo,
érase un parásito nocivo,
érase la fregona boca abajo.

 Érase un evadido escarabajo,
érase un sansirolé furtivo,
érase un honorable putativo,
érase un sedicioso del carajo.

 Xenófobo inventor de mil patrañas,
embarcó a los demás y quedó fuera,
sandio imitador del capo Araña.

 Fascista fabricante de fronteras,
érase un peligro para España;
merece un buen descanso en Estremera.


sábado, 28 de octubre de 2017

El parto de la montaña.

Contaba Esopo que los montes daban terribles señales de estar a punto de dar a luz y la gente vivía aterrorizada esperando que parieran una criatura monstruosa. Al final, después de tan tremendas expectativas, de la montaña surgió un pequeño ratón. No sé si la montaña era Monserrat, pero después de meses soportando los más apocalípticos presagios, la montaña catalana ha parido un ridículo ratón. Tengo más años de los que me gustaría y no recuerdo un espectáculo más esperpéntico, cutre y cochambroso, que el que dio el Parlament con la votación secreta. Ver a la señora presidenta, esa dama tan elegante, estandarte de la moda de vanguardia, contando las papeletas como una niña en el patio del colegio contaría los cromos de sus amiguitas, era realmente una visión imperecedera. No le vendría mal a la augusta dama, dicho sea al desgaire,  un buen potaje de butifarra con munchetas para ver de recuperar la color. Aunque ignoro si esa tez cetrina es habitual o solo fruto de la solemnidad del acto. ¡Qué país, Miquelarena! ¿Cómo se puede proclamar una nueva república de tan histriónico modo? El líder supremo, el del casco a lo Calimero, no dijo ni pío. ¡Hombre, Carlas, otra como esta no vas a pillar! Y qué decir del orondo escudero, siempre con la mirada perdida…, dicho sea sin retintín, es que al señor vicepresidente se le veía como ausente. Tal vez el gran Neruda le habría dedicado unas estrofas:
Me gustas cuando callas porque estás como ausente,
la mirada perdida en ignotos vergeles,   
el vaquero apretando tu orondos laureles,
¿No t´agrada saber que eres independiente?
O algo así. Hay que tener en cuenta que Neruda le hacía odas a cualquier cosa.
Mientras tanto, las masas enfebrecidas, aguardando en la calle la proclamación para brindar con cava. Supongo que no sería ni Freixenet ni Codorníu, teniendo en cuenta que ambas han trasladado sus sedes fuera de la nueva república. En fin, todo muy chusco, yo pensaba que el nacimiento de una nueva nación era algo solemne y majestuoso. Visto lo visto, espero no tener que asistir a ningún nuevo parto de nuevas naciones.  

miércoles, 18 de octubre de 2017

El síndrome del niño mimado

Ayer, entrevistado en una televisión uno de los separatistas “moderados”, decía con sonrisa beatífica: “Lo único que queremos es mejorar como país”. Dicho así, con expresión de cura en Domingo de Ramos, ¿a quién le va a parecer mal? Nada más razonable, todos queremos mejorar. El problema viene en lo que encierra ese pensamiento en apariencia inocuo. Para mejorar, los susodichos entienden que deben expulsar a los que no piensan como ellos, a esa chusma de charnegos vagos y atrasados que son una rémora para el desarrollo de un poble superior.  
Decía Sabino Arana, padre de la patria vasca: "La fisonomía del vizcaíno es inteligente y noble, la del español inexpresiva y adusta. El vizcaíno es nervudo y ágil, el español es flojo y torpe. El vizcaíno es inteligente y hábil para toda clase de trabajos, el español es corto de inteligencia y carece de maña para los trabajos más sencillos”. Y también: "El aseo del vizcaíno es proverbial, el español apenas se lava una vez en su vida y se muda una vez al año. Oíd hablar a un vizcaíno y escucharéis la más eufónica, moral y culta de las lenguas; oídle a un español, y si solo le oís rebuznar, podéis estar satisfechos, pues el asno no profiere voces indecentes ni blasfemias". Espectacular. Este espécimen arrastró millones de prosélitos y es ensalzado y reverenciado en escritos y monumentos.
Los del noreste todavía no llegan a esas cotas de demencia pero van de camino. Junqueras dice que tiene más coincidencias genéticas con los franceses y suizos que con los demás españoles. No sé si los suizos estarán de acuerdo. ¿Es que en su casa no hay espejos? ¿Y qué decir de las y los de la CUP? Sentirse superior a sus semejantes es fascista, sí, pero además es profundamente idiota. Basta verlos para entender que la asunción de la propia superioridad escapa a la lógica más elemental.
Quizás se deba a un exceso de obsequiosidad por parte de los “otros”. Sabido es que un niño demasiado consentido se convierte en un adulto egoísta y desabrido; vamos, en un auténtico cretino.
Ya en 1839, Stendhal, en su “Diario de un turista”, escribe: “Los catalanes quieren leyes justas, a excepción de la ley de aduana, que debe ser hecha a su medida. Quieren que cada español que necesite algodón pague cuatro francos la vara, por el hecho de que Cataluña está en el mundo. El español de Granada, de Málaga o de La Coruña no puede comprar paños de algodón ingleses, que son excelentes, y que cuestan un franco la vara». El arancel proteccionista, implantado por los gobiernos de España en atención a la perpetua queja catalana, convirtió al resto de españoles en un mercado cautivo del textil catalán, siendo más caro y peor que el inglés. 
En los tiempos de la denostada dictadura, el malvado dictador estableció en 1943 que solo Barcelona y Valencia podían realizar ferias de muestras internacionales. Ese monopolio duró hasta 1979. Las primeras autopistas que se construyeron en España, aparte de la Sevilla-Cádiz, fueron las catalanas, (yo estuve allí). La fábrica de Seat, la única marca de coches española, la llevó a Barcelona el odiado dictador, y a través del INI, benefició a la región catalana con unas inversiones de más del 20% del total nacional, mientras Andalucía, con mayor población, se llevaba un pírrico 4%, o Extremadura se consolaba con el 2%. Así, esa chusma de andaluces y extremeños vagos e ignorantes, a los que no les caía un duro porque no lloraban, abandonaron sus pagos e invadieron las bucólicas tierras del noreste para poder tener un trabajo con el que alimentar a sus hijos. Muchos de esos hijos se han olvidado del sacrifico de sus padres y han abrazado la causa de la superioridad genética. Al parecer, basta un cambio de localización para mejorar los genes. Un hecho ciertamente llamativo que merece un profundo estudio científico.
Desde que recuperamos la democracia, la obsequiosidad no hizo sino aumentar. Los Juegos Olímpicos del 92, que pusieron a Barcelona en el escaparate universal, se consiguieron con el esfuerzo de todo el Estado y sobre todo por la gestión de Juan Antonio Samaranch, franquista de pro, a la sazón presidente del COI,  hoy denostado y preterido, que no tiene ni una triste calle en su ciudad natal, y al que le han retirado una pequeña escultura a su memoria que había en un patio del ayuntamiento los que hoy lo presiden, una basca de incompetentes sectarios sobrevenidos que necesitarían varias vidas para hacer la mitad de lo que hizo Samaranch por Barcelona y por los catalanes en su conjunto. 
Un sistema electoral que beneficia a las minorías permitió a los partidos periféricos influir decisivamente en la política del país, y obtener toda clase de prebendas para sus acólitos. La ceguera de unos políticos solo preocupados por su culo, por llegar a mañana por la mañana, y el que venga detrás que arree, nos ha llevado a este peligroso momento. Concesión tras concesión, han conseguido convencer al niño mimado de que todo lo que tiene se lo merece porque se debe a su superior intelecto y capacidad. Baste decir que la señora de la CUP, la ninfa odorante, cobró el año pasado 99.337, 24 €, 20.000 más que el Presidente del Gobierno que les roba. El coste medio de un diputado catalán es de 188.000 €, un 82% más que uno del Congreso de los Diputados (103.090 €), y más del doble que uno del Senado. Podemos seguir con el agravio comparativo entre los salarios de los mossos y los de la Policía Nacional o la Guardia Civil. Teniendo en cuenta que todos los sueldos salen de los presupuestos del Estado que les roba, de ese mismo Estado que abominan y del que se quieren separar, habrá que pensar que aquí hay algo que no cuadra.
Es posible que todo sea simplemente consecuencia de la idiotez humana.      
El gran filósofo Carlo M. Cipolla, lo deja bien claro es su Tercera Ley Fundamental de la estupidez: “Una persona estúpida es una persona que causa un daño a otra persona o grupo de personas sin obtener, al mismo tiempo, un provecho para sí, o incluso obteniendo un perjuicio”. Es difícil imaginar que personajes como los que lideran el prusés vayan a encontrar una mejor ubicación personal en cualquier otra coyuntura diferente. Ya es difícil entender cómo han llegado a donde están, pero suponer que pueden superar ese estado, es un ejercicio que nos puede conducir a la enajenación mental.
El daño grande que están generando, y el mucho mayor que es previsible que pueden generar, nos afectará a todos, a ellos, fascistas xenófobos activos, pero también a nosotros, observadores pasivos.
Ya se están viendo los efectos, hace apenas tres meses el ayuntamiento decía estar preocupado por la masificación del turismo. Ya lo han resuelto, en pocas semanas ha descendido un 20% y seguirá bajando. Unos linces. La fuga de empresas ya se contabiliza en miles de millones de pérdidas y en aumento del paro. ¿Y eso qué más da? Peccata minuta.   
El niño mimado y consentido se ha puesto a romper los juguetes diciendo que a sus hermanos los tratan mejor. Berrea y miente como un bellaco para llamar la atención de todo el mundo. Por mucho que teoricen los psicólogos, es sabido desde antiguo que la mejor manera de que deje de decir y hacer tonterías es un buen pescozón. 

jueves, 12 de octubre de 2017

El hedor de la política.

El grave problema que han generado los independentistas del noreste de España no es en esencia político, es fundamentalmente estético. Y se resolverá por la simple aplicación del buen gusto. No hay más que ver a los líderes y lideresas que se han situado al frente del prusés para comprender que el movimiento no tiene ningún futuro. Es imposible que un pueblo tan instruido, culto y elegante como el catalán, se deje guiar por esa turba de paletos provincianos que hacen daño a la vista de cualquier espíritu medianamente sensible. Duele verlos entrar en un lugar tan venerable como un Parlamento, templo de representación de todo el pueblo, con esos andares chabacanos y ese aspecto de hidrófobos y jabonófobos. ¿Es que los espléndidos sueldos que se autoasignan no les alcanzan para una simple pastilla de jabón? Si obligan a los ujieres a ir de punta en blanco, ¿por qué los diputados y diputadas van como si se acabaran de levantar de la cama después de haber dormido con la ropa puesta? Una nueva nación necesita personajes eminentes, dotados de fuerte personalidad y especial carisma. Gente que consiga que las generaciones posteriores se sientan orgullosas de los padres fundadores. ¿Alguien puede imaginarse Montserrat con las caras esculpidas de Puigdemont, Junqueras y la señora de la CUP? La montaña entera se vendría abajo avergonzada. 
Un pueblo que ha regalado a la humanidad delicatessen como la butifarra o el pa amb tumaca, y que ha engendrado personalidades de la talla y sensibilidad de Gaudí, Rusiñol, Dalí, Peret o Guardiola, no puede dejarse embaucar por personajes tan zafios, garrulos, lerdos y churrientos como los que manejan el llamado prusés. Empezando por el Molt Honorable con ese casco capilar propio de los años sesenta del siglo pasado. ¿Qué futuro le aguardaría a la nueva república en manos de un personaje tan esperpéntico? ¿Y qué decir del vicepresidente? Nunca lleva corbata, quizás porque las dimensiones del gollete no le permiten abrocharse el último botón de la camisa. ¡Home, Oriol! Cómprate una camisa más grande, pero a un acto tan solemne como la declaración de independencia hay que ir un poco aseado. Teniendo en cuenta que tiene aspecto de cura de aldea, me gustaría saber qué piensa de su comportamiento la madre superiora, guía y faro del independentismo, señora de acreditada elegancia y muy viajada; sobre todo a Andorra y Suiza. ¿Y qué pensará esa augusta dama de las ninfas de la CUP? Aunque ahora aparenten ir de la mano, es muy posible que cambiase de acera si viera venir de frente a alguna de esas náyades enflequilladas.    
Por no hablar ya de personajes secundarios como Tardá o Rufián, capaces de hacer llorar a tiernos infantes o espantar a candorosas viejecitas con su aspecto feroz y sus constantes exabruptos y procacidades.
Me pregunto si la gente vota sin saber a quién vota, o sin mirar a quién vota, porque no entiendo que un pueblo moderno, culto y educado, elija a personajes de ese jaez como sus representantes. Quizás si se pudiera oler a los candidatos y candidatas, el voto sería distinto en ocasiones. El olfato es un sentido potente que nos hace rechazar aquello que hiede, y en la política hay mucho hedor. Cada vez más.

sábado, 7 de octubre de 2017

El Calimero xenófobo.

En los años ochenta del siglo pasado se hizo muy popular entre los niños la figura de Calimero, un pequeño pollo que adornaba su cabeza con un trozo de su propio cascarón. La cáscara del huevo que le servía de protección guarda una extraña semejanza con el casquete capilar con que se adorna el President Puigdemont. El pollito se sentía perpetuamente incomprendido por los demás y repetía quejas del tipo de: “esto es una injusticia” o, “los mayores no me entienden”. También el supuesto Honorable insiste en lamentos por las injusticias que dice sufrir, con frases del tipo: “España nos roba” (tiene maldita gracia que la región más rica acuse a las demás de robarle). “Tenemos derecho a decidir” (desde luego, y yo, y el que vive en Burgos, en Plasencia o en Sanlúcar de Barrameda, nos afecta a todos, ya nos está afectando, y todos tenemos que decidir). “Nos queremos ir” (mentira, el que se quiere ir coge la maleta y se va, lo que quieren es que se vayan los que no piensan como ellos).
El casco y las lamentaciones son las únicas semejanzas entre el pollito y el pollo; ya no hay más. El pollito en cuestión era un personaje entrañable que no hacía mal a nadie, y el pollo de carne y hueso es un peligro para la convivencia. Un traidor desleal, que se sirve de su cargo en una institución del Estado para socavar al propio Estado. Un golpista que debería estar ya en prisión. Parafraseando a Blaise Pascal podíamos decir que la política tiene razones que la razón desconoce. ¿Por qué sigue este nefando personaje al frente de la Generalitat después de haberse saltado una y otra vez las normas del Estado que le paga? Cuanto más tarde en ser juzgado mayor será el mal que ocasione.

En las últimas horas ha surgido un movimiento que pretende movilizar a la gente para pedir diálogo y entendimiento entre el gobierno de la nación y el de la autonomía. De entrada equipara a ambos bandos como si tuvieran la misma legitimidad y la misma fuerza, y después propone una especie de entente cordial para evitar males mayores. Eso solo serviría para dar más alas a los golpistas, y permitirles reforzarse para que retornaran a la carga con nuevos bríos dentro de pocos meses, o pocas semanas. A estas alturas de la película ya no puede haber diálogo, no puede haber empate entre el Estado de Derecho y los golpistas xenófobos y fascistas. Tiene que haber un claro vencedor y un completo derrotado que duerma tranquilo los próximos quince o veinte años. Cualquier otro final será una catástrofe para la convivencia en España y en Europa.   

jueves, 5 de octubre de 2017

¡Viva España!

El golpe de Estado perpetrado por los separatistas ha puesto a España en su peor escenario desde la restauración de la democracia. La fractura social que se ha producido en el noreste del territorio es el hecho más dramático que puede darse en una sociedad libre y avanzada como la nuestra. Es difícil entender que unos personajes tan ridículos y mediocres hayan podido arrastrar a las masas al enfrentamiento con sus conciudadanos, pero ahí están los lamentables resultados. Costará mucho tiempo, esfuerzo y habilidad, restañar heridas tan profundas.
No obstante, de estas circunstancias tan aciagas, podría brotar algo bueno. Newton nos explicó el principio de acción y reacción: Todo cuerpo que ejerce una fuerza sobre otro, experimenta una fuerza de igual intensidad en sentido opuesto. Durante muchos meses, incluso años, solo se ha escuchado la voz de los separatistas, como si fueran una fuerza hegemónica, como si estuvieran empujando contra la nada. Ante la ausencia de reacción se han ido creciendo y han ido actuando cada vez más como el matón de la cantina que tiene a todo el pueblo amedrentado. Ante su agresividad e insolencia, los que no pertenecían a la banda, se han limitado a apartarse en silencio. Por lo que se va viendo en las últimas horas, se ha empezado a producir el inevitable efecto de reacción. La gente se ha hastiado de tantas mentiras, insultos y vejaciones y ha decidido poner pie en pared. Ya era hora. Por todo el país se han producido manifestaciones de apoyo al gobierno y en contra de la fragmentación de nuestra tierra. Espero, deseo, que de este desafío que nos han planteado, resurja un sentimiento que estaba adormecido en los últimos años, y que solo aparecía de tarde en tarde al amparo de algún éxito de la selección de fútbol, para desaparecer a los pocos días. Me refiero al sentimiento de legítimo orgullo de pertenecer a un colectivo, a una sociedad, a una nación centenaria que a lo largo de la historia ha contribuido como la que más al desarrollo de la humanidad. Durante décadas, desde diversos medios, demasiados, se ha ido produciendo un ataque sistemático a todo lo que ayudase a representar una idea de nación en la que pudiéramos reconocernos todos. Empezando, precisamente, por evitar llamar España a España, para sustituirlo por ese ridículo término de “este país”. Por oscuros motivos que desconozco, se atacan las tradiciones, la bandera, la cultura, la lengua, cualquier cosa que represente lo que pudiéramos definir a bote pronto como “español”, siempre con la amenazante espada de Damocles de definir como “facha” a cualquiera que presumiera de ser y sentirse simplemente español. En una labor constante y metódica, se exageran los defectos y se ocultan las virtudes, se ha resucitado la nefanda y mendaz “Leyenda Negra”, se intenta que nos sintamos culpables de cualquier contratiempo del pasado, y se procura que nuestro sentimiento de pertenencia a un colectivo fuerte y definido, se diluya como mucho en un amorfo y melifluo “ciudadano del mundo”. Se debilita la nación y se potencian los separatismos para acabar de liquidarla. Mientras los xenófobos nacionalismos periféricos, con la ayuda inestimable de casi todas las televisiones, nos meten por los ojos su bandera anticonstitucional a todas horas y en todas partes, esos mismos medios, nos intentan convencer de que enseñar la nuestra es propio de fascistas.
Resulta completamente idiota y patético pretender ningunear una lengua en la que se comunican más de 500 millones de personas por todo el mundo, y eso es lo que se está intentando hacer desde hace años en una parte de nuestro territorio, empleando métodos fascistas.
Se necesitarían muchos libros para reseñar todo lo que los españoles hemos aportado al desarrollo de la civilización mundial, a la cultura, a la ciencia, a las artes y a las letras; en definitiva, a hacer un mundo mejor. Tenemos muchos motivos para sentir un legítimo orgullo, pero como botón de muestra voy a señalar un único dato; España es el primer país del mundo en trasplante de órganos, el primero. Desde hace más de 20 años nuestro país encabeza la lista de donaciones y trasplantes. Tenemos una tasa de donación de 36 personas por millón de habitantes, cuando la media europea es de 19. Esto significa dos cosas, la primera, que somos un pueblo solidario y generoso, que nos esforzamos por ayudar a nuestros semejantes. La segunda, que tenemos un sistema sanitario de primerísimo nivel, de los mejores del mundo. En esa conjunción de generosidad de carácter y desarrollo social y científico florecen nuestras señas de identidad.  
Sería bonito y hasta poético, que el desafío xenófobo y racista de unos pocos españoles del noreste nos sirva al resto para despertar nuestra conciencia de país fuerte y unido. Para que podamos gritar con naturalidad, sin esfuerzo, con sencillez:

¡Viva España!

martes, 3 de octubre de 2017

No es Cataluña, es España.

Ya estamos otra vez en guerra en España. Se veía venir, pero nadie lo detuvo a tiempo. Ahora ya es demasiado tarde. Ya no hay solución incruenta. Ahora ya habrá que contabilizar víctimas. Que sean pocas o muchas dependerá de lo que se tarde en acometer lo que se tenía que haber hecho hace mucho. Cuánto más se demore, más vidas habrá que lamentar. “Una guerra no se evita, tan solo se difiere en beneficio del enemigo”, decía Maquiavelo. Cuanto más grande se hace el enemigo, o sea, uno de los contendientes, más cruenta será la lucha, más se alargará, y más dolor arrastrará.
¿Cómo hemos llegado hasta aquí? Entre la incompetencia y estupidez de unos, y el odio y xenofobia de otros. Durante décadas se ha dejado alimentar un odio irracional (no sé si hay algún odio racional) en una parte de la sociedad española hacia otra parte de ella. No se ha hecho nada por atajar la deriva. Los sucesivos gobiernos (formados por incompetentes funcionarios solo preocupados por sus personas), se han limitado a ir pasando la patata caliente, a mirar para otro lado, a ir bandeando el problema esperando que no les explotase a ellos sino al siguiente. Pues bien, ya estalló, ya no se puede dejar para el siguiente. Aunque todavía no lo quieren reconocer, ni el gobierno, ni la sociedad en general, ya estamos en guerra otra vez. Y no en Cataluña, en toda España. Ya estamos enfrentados, “una de las dos Españas ha de helarte el corazón”.
El ser humano no aprende de los errores, y parece que los españoles somos los más humanos de la tierra. Hemos vivido cuarenta años de paz, convivencia y progreso, como nunca antes en nuestra historia. Varias generaciones han nacido y crecido en un ambiente de bienestar que ya hubieran querido disfrutar sus abuelos. Pues bien, parece que el espíritu autodestructivo se impone a cualquier otro considerando. Todo se puede ir por los albañales en menos que se tarda en contarlo. Lo difícil es construir; destruir es muy fácil y se puede hacer muy deprisa. Más deprisa de lo que la mayoría está dispuesta a imaginar.
La sociedad catalana ya está partida por la mitad. Aunque solo se escucha a la mitad más vocinglera, a la más fascista, a la más xenófoba, hay otra mitad que está sufriendo amargamente las consecuencias. Esos ya están padeciendo la guerra. La sociedad española en general no está partida por la mitad, pero va camino de ello. Ya empiezan a saltarse las costuras. Ya hay personas, medios, grupos, partidos, azacanados en la labor.
La pusilanimidad del gobierno es, ahora mismo, el mayor enemigo de la solución con el menor daño posible. Cuanto más tarde en pinchar el globo, peores serán las consecuencias. No hay guerra incruenta, todas tienen bajas, pocas o muchas depende de lo que se tarde en terminarlas. Y no se engañen, la situación más dramática de todas sería que alcanzaran la independencia. Ese no sería el final sino el principio del escenario más cruento de todos. Todos los nacionalismos son expansionistas. Los separatistas no se iban a conformar con un paisito de opereta. Al día siguiente, ¡al día siguiente!, no lo duden, empezarían a reclamar los “países catalanes”, Baleares, Valencia, parte de Aragón, y vaya usted a saber. Ya tienen la avanzadilla en estas tierras. Entonces sería la guerra entre dos Estados, o más, los Balcanes en la península ibérica, con absoluta certeza, sería el enfrentamiento con el mayor número de bajas y la mayor destrucción.

Cada día, cada hora que se deje pasar, el final será más cruento. ¡Mierda de políticos!

jueves, 21 de septiembre de 2017

Yo también quiero un referéndum.

En el noreste de España hay gente que quiere separarse del resto. Serán unos dos millones, tal vez tres, pero hacen mucho ruido. Infinitamente más ruido que los 43 o 44 millones que quieren que el país permanezca unido. Desde hace muchos años, muchas generaciones han vivido en esta España que heredamos de nuestro antepasados, una entidad que tiene 505.370 km2, 1.952,7 km de fronteras, y 4.964 km de costa. Todo lo que ocurre en ese conjunto nos afecta a todos los que vivimos en él. Si alguien quiere modificar algo incidirá en nuestras vidas; en las nuestras y en las de nuestros descendientes. Por lo tanto tendrán que contar con nuestra opinión. Esos dos o tres millones gritan mucho y se ponen estupendos diciendo que quieren votar porque eso es lo democrático. Eso es democracia, dicen. Estoy totalmente de acuerdo en lo de votar, pero TODOS. Todos los que se vieran afectados por una modificación de la situación actual tienen derecho a votar. Eso es lo democrático, no que lo decidan entre los residentes en un determinado sitio. Por lo tanto, si hay que decidir si España sigue como está o se divide en varias partes, se tendrá que consultar a los habitantes de todo el territorio.
Los dos o tres millones que quieren fragmentar el país hacen infinitamente más ruido que los 43 o 44 millones que quieren que permanezca unido. Se organizan, se manifiestan, llenan las calles, agitan banderas, cantan, amenazan e insultan a los que no piensan como ellos, y salen en las televisiones a todas horas. ¿Qué hacen los 43 o 44 millones que no quieren que se divida el país? Critican al gobierno porque no actúa con suficiente contundencia. Pero en petit comité, sin levantar mucho la voz, no vaya a ser que alguien se entere y le llame facha. Fascistas son los que quieren imponer su voluntad sin tener en cuenta la de los demás. Fascistas, racistas, y xenófobos, los que se sienten superiores a los demás (si se sintieran inferiores no querrían separase).    

Como los 43 o 44 millones que queremos una España unida no hacemos casi ruido, los otros se envalentonan y cada vez gritan más. A estas alturas, en todas las capitales de España debería haber multitudinarias manifestaciones afirmando la unidad del país, apoyando a las fuerzas constitucionales, a los jueces, fiscales, policías, guardia civil, y al Gobierno. Agitando banderas constitucionales y cantando el himno de todos. ¿Por qué permanecemos pasivos ante el ataque constante de unos pocos? Lo que quieren hacer esos pocos nos afecta a todos. ¿Todo lo tiene que resolver el Gobierno cuando ni siquiera tiene el apoyo claro de los otros partidos constitucionales? ¿No deberíamos mostrar nuestro apoyo de modo incuestionable, alto y claro? Que se vea, que se oiga, que salga en las televisiones. Nuestros ascendientes nos dejaron un acervo que tenemos la obligación de transmitir a nuestros descendientes; si no mejor, al menos igual. Nunca peor.

lunes, 11 de septiembre de 2017

El hecho diferencial

Escuché a los sabios más sapientes,
de este país tan plurinacional,
explicar que el “hecho diferencial”,
va en función de donde vive la gente.
Soy tal vez algo duro de mollera
y me costó hallar las diferencias
que al albur del lugar de residencia
obvias resultan para los lumbreras.
Me esforcé con denuedo, con vehemencia,
y examiné con tesón y con templanza
a personas de engañosa semejanza
sospechando que ocultaban diferencias.
Norte, sur, este y oeste visité,
buscando ese atributo desigual
que mostrara el “hecho diferencial”,
hasta que al fin… ¡Eureka, lo encontré!
Consumí casi toda mi energía
investigando con determinación,
pero al final encontré la solución;
y la encontré en la peluquería.
Las grandes diferencias insalvables
parecen ser asuntos provincianos,
del tipo de flequillos chabacanos
o el torvo pelucón del honorable.
En mi mente por fin, la luz se hizo,
sé dónde están las grandes diferencias
que frustran la serena convivencia;
están en los cerebros enfermizos.

domingo, 3 de septiembre de 2017

Ignacio Echeverría

Hoy se cumplen tres meses de la muerte de Ignacio Echevarría. El 3 de junio de 2017 murió un hombre bueno. Bueno en el buen sentido de la palabra, que diría Machado. Un hombre generoso y valiente, porque en su comportamiento excepcional se conjugaron generosidad y valentía, cualidades muy raras en nuestra sociedad.
Solo tres meses y parece que ya nadie se acuerda, pero haríamos bien en tratar de mantener viva la llama que él prendió. Su gesto heroico y altruista no puede caer en el olvido. Su muerte no puede ser preterida por el paso de los días. Sería una infamia que pasemos página y sigamos como si nada hubiera sucedido. En aquel puente ocurrió algo extraordinario. Un hombre bueno actuó al impulso de su corazón, sin detenerse a considerar las consecuencias.
Después del reciente atentado de Las Ramblas, la gente salió a la calle gritando “No tenemos miedo”. Una gallarda afirmación que parece más teatral que verdadera. El único que hasta el momento demostró fehacientemente no tener miedo fue Ignacio. Saltó como un resorte, impulsado por un sentimiento de solidaridad con una víctima. Se enfrentó él solo a tres asesinos armados con machetes con el único afán de socorrer a una mujer que estaba siendo atacada con salvajismo y saña. Su espléndido gesto le costó la vida, pero quiero creer, estoy seguro de ello, que el tiempo que tardaron los miserables terroristas en hacerle frente y acuchillarlo hasta acabar con su joven existencia, sirvió para que varias posibles víctimas se pusieran a salvo. Sin duda habría sido preferible que esas personas que huían se hubieran dado la vuelta y como él, hubieran hecho frente a los abyectos fanáticos, pero eso es demasiado pedir a una sociedad sumisa y amedrentada. Adormecida, pasiva, acomplejada, amoral, que ha renunciado a sus valores, que se avergüenza de sus antepasados, que no respeta su historia ni su cultura. Que practica una especie de autoxenofobia. Por eso, por emerger de ese pozo de ruindad, su gesto tiene tanto valor y no debe caer en el olvido. Exponer su vida por salvar las de los demás es una expresión de suprema nobleza. Es un grito en la oscuridad, una esperanza de que no todo está perdido. Nos permite seguir creyendo en la grandeza de la condición humana. Debe ser un ejemplo para todos, empezando por los políticos, esos políticos pusilánimes, acomodaticios, cobardes, cuando no directamente idiotas o malvados. Y siguiendo por toda una sociedad envejecida y adocenada, que cual avestruz, esconde la cabeza esperando que pase el peligro, o por lo menos que el próximo atentado no le afecte personalmente, que suceda en otra parte cualquiera de esta civilización que se desintegra a marchas forzadas.      
Nos ha costado siglos de lucha y sacrificios vivir en una sociedad abierta, donde se respeta la libertad individual y la vida del prójimo, donde se reconocen los mismos derechos a las personas independientemente de su género, de su tendencia sexual, de su religión, su raza o su nacionalidad. Una nueva vieja cultura donde esos derechos están proscritos está amenazando muy seriamente nuestros valores y nuestra manera de entender la vida.    
Resulta hasta doloroso ver cómo reaccionan en otros países de nuestro entorno ante hechos similares. Clint Eastwood tiene 87 años pero sigue trabajando y actualmente está rodando una nueva película. Trata sobre los militares estadounidenses que en un tren de pasajeros que hacía el trayecto Amsterdam – París, desbarataron el intento de atentado de un terrorista, abalanzándose sobre él y reduciéndolo. Fueron recibidos como héroes en EE.UU. y ahora su gesto va a ser inmortalizado en una película. Muy merecido, sin duda, pero eran tres hombres entrenados contra uno solo, aunque armado hasta los dientes; y además actuaron en defensa propia, porque de no hacerlo, habrían sido asesinados por el terrorista. Echeverría se enfrentó él solo a tres hombres armados con machetes, y no lo hizo en defensa propia, sino para auxiliar a otra persona que ni conocía. Podía haber huido, pero prefirió enfrentarse al terror y lo pagó con su vida. ¿Creen que alguien en España le va a dedicar una película?
Y si algún día la hacen no quiero ni maginar cómo la enfocarían.
Yo no quiero dejar a mis descendientes un mundo peor que el que a mí me legaron mis ancestros. El ejemplo de Ignacio Echeverría debe servirnos de soporte y darnos fuerza para combatir la amenaza. Su sacrificio no puede ser estéril, debe ser fecundo. Debemos tener siempre presentes su valentía, su integridad moral y su solidaridad; y tratar de emularlo. No profanemos su memoria.  


sábado, 2 de septiembre de 2017

La batalla de Accio

La situación en el campamento de Antonio se volvió muy complicada y empezaron las deserciones. Ante el cariz que tomaban los acontecimientos varios príncipes aliados cambiaron de parecer y se pasaron con todas sus tropas al bando de Octavio. Incluso algunos de sus más próximos colaboradores tomó el camino de la deserción. Cuando el rey Amintas de Galacia les imitó con sus dos mil jinetes, la situación se hizo insostenible. La preocupación entonces devino en cómo salir de allí minimizando las pérdidas para reconstruir las fuerzas con las guarniciones que habían quedado en Oriente. Se hicieron los preparativos para sacar la flota del golfo y poner rumbo a Egipto, con la esperanza de recomponer allí el ejército. Se quemaron los barcos que estaban en peores condiciones y se preparó a las fuerzas de élite para trasladarlas junto a la tripulación habitual. Las tropas que permanecieran en tierra se quedarían desguarnecidas y a merced del enemigo pero se decidió que había que sacrificarlas. Antonio era consciente de que a causa de las continuas deserciones, Octavio estaría informado de todos los preparativos, y de que por lo tanto intentaría impedir la salida hacia el mar abierto. Se prepararon por tanto para la batalla.
Durante unos días sopló fuerte viento y las embarcaciones permanecieron ancladas a resguardo. Cuando la tormenta amainó se dio orden de zarpar. Los barcos salieron en formación compacta y en seguida se encontraron enfrente a la armada de Octavio, desplegada a una milla de distancia. Las naves de Antonio eran más grandes y en un enfrentamiento frontal las de Octavio estaban en desventaja. Al ser más pequeñas tenían que basar sus posibilidades en la maniobrabilidad y la mayor rapidez de movimientos. Pronto se vieron favorecidas porque volvió a levantarse una fuerte brisa que hacía muy difícil a las naves de Antonio mantenerse unidas. Las de Octavio retrocedieron esperando que el oleaje dispersara a las del enemigo.
Cleopatra se quedó con sus barcos en retaguardia observando los acontecimientos. Desde su observatorio pudo ver cómo al separarse, las naves de Antonio empezaron a ser atacadas por los trirremes del enemigo. Desde las galeras les enviaban una nube de flechas, piedras y teas encendidas intentando evitar que se aproximaran, pero cuando las embarcaciones de Octavio conseguían atravesar esa primera barrera, se colocaban en los costados de las naves de Antonio rompiendo los remos y el timón, y dejaban inmovilizado al barco más grande. La lucha era encarnizada. En las dos direcciones volaban antorchas que originaban voraces incendios en las embarcaciones. Algunos intentaban apagar los fuegos lanzando los cadáveres sobre las llamas. Los hombres se derrumbaban abatidos por las flechas y hachas, o ardían entre alaridos. Los que caían al mar estaban perdidos, en pocos segundos desaparecían entre las olas. Desde los barcos en llamas intentaban lanzar garras de hierro a los que estaban más próximos, para fijarlos a su armazón de manera que ardieran a su vez o para tratar de escapar a través de ellos. Cuando una embarcación era abordada se entablaba inmediatamente una lucha salvaje cuerpo a cuerpo. Las espadas y hachas rasgaban el aire atravesando pechos, amputando miembros o cortando cabezas. Las naves que se hundían arrastraban a las profundidades a los hombres que transportaban, atrapados sin remisión.   
Alrededor de las embarcaciones el mar se oscurecía por la sangre de los que iban cayendo. Los hombres que caían al agua no podían sostenerse a flote por el peso de las armaduras y se iban al fondo sin remedio. ¿Por qué estaba ocurriendo aquello? ¿Era por salvar a su país o era por el ego encontrado de dos hombres poderosos? Posiblemente la reina luchaba por salvar el trono y la poca independencia que le quedaba, pero ¿cuáles eran los motivos de Antonio?, probablemente sólo acaparar más poder del que ya gozaba. Seguramente idénticos motivos impulsaban a Octavio a llevar a miles de hombres a la muerte. El ansia de poder de algunos hombres no conoce límites, nunca encuentran la meta en la que detenerse. Octavio y Antonio, antaño iguales en el triunvirato, tenían que eliminarse el uno al otro para acaparar el poder absoluto en todo el Mediterráneo. Cleopatra ansiaba en primer lugar mantener el trono en Egipto, pero seguramente también compartir con su amante el poder en Oriente y Occidente. Si triunfaba podría ser, además de la Reina de la Dos Tierras, la Reina de la Dos Orillas. Asistía al desenlace desde su trono en la galera real con gesto tenso que no dejaba traslucir sus pensamientos. En un momento determinado se levantó y ordenó a sus hombres que iniciaran las maniobras de desatraque. Se había mantenido a resguardo con una veintena de barcos que trasportaba a su guardia más próxima y en los que iba el dinero para la guerra. Aquel tesoro no podía caer en poder del enemigo y la intención de la Faraón no era involucrarse en la pelea, sino escapar hacia Alejandría. Había visto que los barcos en su feroz enfrentamiento se habían ido separando y habían dejado un pasillo entre ellos, creyó ver una posibilidad de atravesar la zona de lucha para escapar sin contratiempos. Los remeros impulsaron las naves con rapidez hacia el centro de la batalla, cuando se aproximaban al punto más peligroso viraron hacia el sur y desplegaron las velas. La flota de Cleopatra se separó del fragor de la pelea y pronto se vieron navegando en alta mar. 
Antonio observó la maniobra desde su nave y no sabemos qué pasó por su mente en aquel instante. Tal vez su ambición de poder no era tan grande como el amor que sentía por Cleopatra. Quizás lo que ocurrió es que en aquellos momentos dedujo que tenía la batalla perdida. A lo mejor pensó que la Reina se alejaba para salvaguardar los fondos que transportaba, con los que podrían levantar otro ejército, y que lo más conveniente era que él ayudara en su custodia hasta colocarlos a salvo. Tal vez simplemente es que ya estaba harto de batallar. No sabemos las causas que motivaron la reacción de un hombre tan impulsivo. Lo que sabemos es que en aquel momento, cuando Antonio vio que Cleopatra ponía proa a Alejandría actuó como si estuviera unido a ella por un lazo invisible, alzó las velas de su nave y abandonando la batalla siguió la estela de su amada.
Cuando sus tropas vieron que el jefe supremo emprendía la huida desistieron en la lucha. Ante el abandono de su comandante, los que también pudieron escapar le siguieron, otros se rindieron, algunos simplemente se pasaron a las filas de Octavio, y sólo unos pocos siguieron batallando hasta el final, sin esperanzas, prefiriendo la muerte a la rendición. La derrota había sido cruel y abrumadora. 

Fragmento de "Los libros de Alejandría", novela histórica que trata de la más famosa biblioteca de la antigüedad. Disponible en Amazon, en digital y en papel.

LOS LIBROS DE ALEJANDRÍA de [Molinos, Luis]

miércoles, 16 de agosto de 2017

Quemar las naves.

Quemar las naves. Se “queman las naves”, cuando se toma una decisión irreversible, probablemente cuando se hace el último y desesperado intento para lograr algún fin. ¿Pero cuál es el origen de la expresión?
Fue un 16 de agosto de 1519 cuando Hernán Cortés ordenó destruir sus naves. Hacía varios meses que habían desembarcado en lo que se conocía como Tierra Firme y ya habían tenido suficientes evidencias de que se estaban acercando a un imperio de enormes proporciones. En la pequeña tropa que comandaba, existía una facción afín a Velázquez, el Gobernador de Cuba que había intentado en el último momento abortar la expedición de Cortés, sin conseguirlo. Este grupo fue todo el tiempo criticando las decisiones de Cortés, y al evidenciarse ya sin ningún género de dudas que se iban a enfrentar a un enemigo muy poderoso, se confabularon para regresar a la isla. El capitán fue informado de lo que se estaba tramando y de inmediato ordenó apresar a los cabecillas, les sometió a un juicio sumarísimo y dos de ellos fueron ahorcados. Otros escaparon con una ración de latigazos. Cortés contaba con unas fuerzas muy escasas y si se hubiera producido una deserción importante, le hubiera resultado de todo punto imposible seguir adelante con la empresa. Para que nadie más tuviera tentación de desertar, ordenó en aquel punto destruir las naves. Sacaron de ellas todo lo que podía ser de utilidad, soltaron las amarras, y dejaron que el fuerte oleaje las estrellara contra las rocas hasta que se hicieron añicos. Al destrozar los barcos se eliminó cualquier intento de abandono. 
Esta acción, decidida y temeraria, parece que está en el origen de la expresión “quemar las naves”. Hay, no obstante, quien remonta el origen de la expresión a una acción similar de Alejandro Magno al llegar a la costa Fenicia y comprobar que se iban a enfrentar a un enemigo muy superior en número.
En cualquier caso, la contundente determinación de Hernán Cortés, obligó a sus hombres a emprender el camino hacia el interior del país, lo que les llevaría a conquistar el Imperio Azteca. Con otra persona al mando, probablemente la historia habría sido muy distinta.     

Tal día como hoy de 1519 Cortés ordenó destruir sus naves.

Un grupo numeroso estaba tramando un complot para apoderarse de varios navíos y regresar a Cuba, entre ellos había alguna gente de calidad. Uno de los que estaban en el contubernio se arrepintió a última hora y advirtió a nuestro capitán. Cortés nos reunió a los más fieles y nos ordenó detener inmediatamente a los conjurados.
Después se les hizo un juicio sumarísimo, los principales instigadores, Juan Escudero y el piloto Diego Cermeño, fueron condenados a muerte y ahorcados. Este piloto era un tipo singular, en más de una ocasión me demostró que era capaz de oler la tierra a varias millas de distancia, mucho antes de que se pudiera divisar.  
Algunos otros de los implicados escaparon con una ración de latigazos, y a Gonzalo de Umbría le cortaron los dedos de un pie. Hasta el padre Juan Díaz formaba parte de la intriga. Había rumores de que algún capitán también estaba en el ajo, pero ninguno fue castigado, siempre resulta más fácil reprimir a los más débiles.
Si los velazquistas hubieran llevado a cabo su propósito, las consecuencias habrían sido nefastas para la empresa, todo se podría haber ido al traste. Por eso Cortés tomó una decisión tajante, rápida e inflexible.
De allí nadie se iba a marchar antes de que cumplieran la misión para la que se habían comprometido. Llamó a Escalante y a un grupo de sus más fieles. Nos ordenó que nos dirigiéramos a la rada donde estaban los navíos. Hacía días que los marinos le habían advertido que algunas naves estaban siendo carcomidas por la broma, incluso una de ellas ya estaba inservible, pero las demás seguían siendo aptas para la navegación. Cortés decidió que no debía quedar ninguna disponible para ser utilizada. Sin naves no habría más intentos de deserción. Privados de los medios para escapar, nadie pensaría en regresar a Cuba.
Allí habíamos ido para quedarnos. No habría vuelta atrás.
Sacamos de los navíos todo lo que pudiera sernos de utilidad y dimos con ellos al través. Quedaron varados entre las rocas y contemplamos cómo el fuerte oleaje empezaba a deshacerlos. Se acabó la tentación. Con la destrucción de las naves se abortó de raíz cualquier intento de deserción.
Mientras nos afanábamos en aquel menester apareció en el ancón otra nueva embarcación, era la de Francisco de Saucedo, que había quedado en Santiago carenando cuando partió el resto de la flota. Había venido bojeando por todo el litoral hasta dar con nosotros. Traía setenta hombres y nueve caballos. Descargamos todo lo que llevaba a bordo y el barco siguió el mismo destino de los demás.
Allí se quedaron los esqueletos de todos los navíos, prisioneros de las rocas, habíamos roto definitivamente el tenue cordón que todavía nos unía a Cuba.
Nadie debía elucubrar con lo que habíamos dejado detrás. Nuestra vida estaba delante, a poniente. Hacia donde se escondía el sol.

A partir de ese momento nuestra aventura era solo nuestra.

Fragmento de "Con el alma entre los dientes", novela histórica que relata las conquistas de México y Perú. Disponible en Amazon, en digital y en papel.


CON EL ALMA ENTRE LOS DIENTES: De Tenochtitlán a Cajamarca de [Molinos, Luis]


domingo, 13 de agosto de 2017

El 13 de agosto de 1521 se acabó para siempre el Imperio.

Y así se ha perdido el pueblo mexicano, el tlatelolca. Ha dejado abandonada su ciudad. En Amáxac estábamos todos, ya no teníamos escudos, no teníamos macanas, no teníamos comida, no teníamos nada para beber. Toda la noche llovió sobre nosotros.
Salen del agua Cuauhtemoctzin, Topantemoctzin, Temilotzin y Coyohuehuetzin. Ya los llevan a donde está el capitán. Allí está el capitán con Malintzin y con Tonatiuh Alvarado. Ya los hacen prisioneros. Ya sale la gente del pueblo de sus escondites. Ya no hay escondites. Van con andrajos, van sucios, llevan los huesos a flor de piel. Las mujeres solo llevan trapos viejos en sus cabezas. Marchan como si ya no fueran de este mundo. Ya no son de este mundo. Ya no tienen mundo. Las más jóvenes se envejecen, se afean, embadurnan sus caras con lodo, ensucian sus cabellos. Desean ocultar los restos de hermosura. Por todas partes buscan los cristianos, les abren las faldas, les pasan la mano por sus senos, por sus brazos, por sus piernas.
En un año 3-Casa es conquistada la ciudad. Le gente que queda se dispersa por los pueblos vecinos.
Los cristianos buscan oro. Se pregunta a las personas, ¿dónde está el oro? Se registra, se investiga, se mira si lo esconden en los escudos, si en las insignias de guerra, si en el bezote, si en la luneta de la nariz, si en el pendiente de la oreja. En todas partes se mira.      
Se ha perdido el pueblo mexicano. El llanto se extiende, las lágrimas corren por Tlatelolco. Llorad mexicanos, la nación se ha perdido, el pueblo se ha perdido. Abandonan la ciudad. ¿Adónde irán? Nadie les quiere, los otros pueblos les han dado la espalda, los afligen, se burlan de ellos, los matan a traición. Llorad amigos, solo nos quedan las lágrimas.

Cuauhtémoc estaba esperando el ataque y tenía preparadas cincuenta canoas cargadas con sus pertenencias y listas para partir si se veía obligado a abandonar la ciudad. Cuando vio que las naves se le venían encima pensó que la situación era insostenible y se embarcó con toda su familia y sus principales, intentando escapar del cerco. Avisaron de la maniobra a Sandoval y este envió tras él a García Holguín, que comandaba el bergantín más marinero de los que teníamos. Entre las docenas de canoas que escapaban distinguió una más grande y mejor aderezada, y se dirigió a ella dándole pronto alcance. Bajo un toldo iba el gran señor de México. Al apresarlo no opuso resistencia, solo pidió que le llevaran a él y que respetaran a sus mujeres y familia. Holguín ya tenía instrucciones de mostrarse respetuoso, le hizo subir a bordo junto a su mujer y sus principales, y puso proa hacia el real de Cortés. Enterado Sandoval de que se había detenido a Cuauhtémoc, apremió a sus remeros para alcanzar el navío de Holguín y le reclamó el prisionero. Se negó este alegando que él lo había detenido y a él correspondía el honor de entregarlo. Se enzarzaron en una discusión, Sandoval argüía que era él quien estaba al mando, y Holguín que él había sido el autor material del arresto. Avisaron a Cortés y este envió a los capitanes Luis Marín y Francisco Verdugo para que sin más dilación ordenaran a los dos hombres dejar sus cuitas y traer al prisionero. Finalmente los dos acompañaron a Cuauhtémoc ante Cortés, llevándolo cada uno asido de un brazo. Era un hombre joven, no aparentaba más de veinte años.
Cuando se encontró ante el capitán se arrodilló y dijo:
-Señor Malinche, hice cuanto pude por defender mi ciudad y mi pueblo. No he podido hacer más. Puesto que me habéis vencido, tomad ese puñal que lleváis en el cinto y dadme muerte. Solo os pido que respetéis la vida de mi mujer y la de mi familia.  
Cortés le ayudó a incorporarse y le invitó a sentarse en un sillón que había dispuesto. Le dijo que lo consideraba un bravo hombre que había cumplido con su deber y que no pensaba matarlo sino, antes al contrario, respetar su condición de rey de su pueblo.
Era 13 de agosto de 1521, martes, día de San Hipólito, tronaba y llovía como si se hubieran abierto de golpe las compuertas de los cielos.

Ese día terminó el Imperio de México-Tenochtitlan. 

Fragmento de "Con el alma entre los dientes", novela histórica que narra las conquistas de México y Perú. Disponible en Amazon en digital y en papel.

Opiniones de lectores

on August 4, 2017
Format: Kindle Edition|Verified Purchase

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