Libro disponible en Amazon.es y Amazon.com en digital y papel.
lunes, 21 de diciembre de 2015
Nací en Tánger.
Nací en Tánger, mi madre nació en Tánger, y mi
abuela nació en Tánger. Cuando Tánger se reintegró en el Reino de Marruecos yo
tenía ocho años. Cuando veía las manifestaciones y los soldados patrullando por
las calles no era consciente de que se acababa una época, yo era demasiado
pequeño para que se acabara nada. Todavía durante unos años seguí creyendo que
Tánger era Internacional y que aquella era mi tierra. A mediados de los sesenta
me fui a estudiar a España. Seguí volviendo en vacaciones, para contar cada
verano los amigos que ya se habían marchado. A principios de los setenta mi
familia se trasladó a España y ya dejé de ir. No volví hasta el 93. Paseando
por las calles tuve la sensación de que en vez de veinte años habían pasado tan
solo unos pocos días, todo lo encontré más o menos igual. Parecía más viejo y
más pequeño, pero todo resultaba familiar. En un bacalito de la calle Estatuto
creí ver la misma fisura en el cristal del escaparate que había visto en mi
última visita. Hasta el hombre que estaba detrás del mostrador parecía tener la
misma cara y descansar en la misma postura, como si el tiempo se hubiera
detenido veinte años antes. Un taxista, tangerino viejo, me llevó a hacer el
circuito típico por el monte, el Cabo Espartel y las Grutas de Hércules. En el
monte, los olores de mi adolescencia me asaltaron como si hubieran estado aguardando
mi llegada para abalanzarse sobre mí. A veces la memoria olfativa parece más
fuerte que la visual. Después de esta visita tardé otros diez años en regresar
y entonces sí que noté un cambio. Más que un cambio un vuelco completo, un
salto en el vacío, una transformación espectacular. Ya no reconocí el Tánger de
mi infancia. Ya había desaparecido. Hasta me costó trabajo reconocer mi antigua
casa. Ahora hay una urbe enorme que se ha engullido a la ciudad donde me crié.
El monte está vallado por altas empalizadas que ocultan las residencias de los
poderosos. Ya no es de todos sino de unos pocos privilegiados. Incluso las
ruinas de Cota están ocultas. Me puse a escribir un libro que quiere ser un
recuerdo y un modesto homenaje a los que se quedaron allí. En Bubana están mi
padre, mis dos abuelos, una abuela, una bisabuela, tíos y otros familiares. Lloraba Becquer: “¡Qué solos se quedan los muertos!”,
los de Bubana están, si cabe, un poco más solos. Muchos morirían con
la certeza de que el Tánger que ellos vivieron sería el mismo donde
continuarían viviendo sus descendientes. Una ciudad especial, un lugar
agradable para vivir. Se equivocaron. Aquel Tánger ya no existe. Se fue con
ellos.

Libro disponible en Amazon.es y Amazon.com en digital y papel.
Libro disponible en Amazon.es y Amazon.com en digital y papel.
sábado, 12 de diciembre de 2015
La leyenda del castillo de Santa Bárbara.
Cuenta la leyenda que en tiempos de dominio islamita,
el señor del castillo tenía una hija de celestial belleza que se llamaba
Cántara. La seráfica joven se enamoró de un apuesto y varonil mancebo de nombre
Alí, pero el padre, más preocupado por los feluses que por los ardorosos
sentimientos de su hija, ignoró su apasionado ardor y la dio en matrimonio a un
gañán tan rico como feo. La moza, sintiendo que la cerrazón paterna le
impediría disfrutar de la ansiada coyunda con su amor verdadero, decidió que
esa vida de privación no valía la pena y se lanzó de cabeza por el acantilado. El bueno
de Alí reaccionó como lo hubiera hecho cualquier amante enardecido por el fuego de la pasión y se abalanzó al precipicio tras
ella. El trágico destino de los dos enamorados fue el origen del nombre de la
ciudad, Alí-Cántara.
El
egoísta y avaricioso progenitor, no pudo soportar el remordimiento que le producía su
mezquindad y se arrojó a su vez al abismo. Los hados quisieron castigarle a
perpetuidad y lo dejaron prisionero de las rocas. Es su rostro el que destaca
en la pétrea pendiente. Desde su altura está condenado por los siglos de los
siglos a contemplar a los enamorados de Alicante pasear su amor por la
Explanada y el Postiguet. domingo, 29 de noviembre de 2015
30 de noviembre
El 30 de noviembre de 1835 nació Samuel Langhome Clemens, conocido por su seudónimo de Mark Twain. Autor entre otras obras de "Las aventuras de Tom Sawyer", "El príncipe y el mendigo", o "Las aventuras de Huckleberry Finn".
Otro 30 de noviembre, este de 1900, falleció Oscar Wilde, poeta, dramaturgo, ensayista y novelista. autor de "La importancia de llamarse Ernesto" o "El retrato de Dorian Gray".
Ambos escritores han pasado a la posteridad no solo por su brillante producción literaria, sino por las ingeniosas frases que nos dejaron.
Reales o adjudicadas, estas son algunas:
Mark Twain:
El hombre es el único animal que come sin tener hambre, bebe sin tener sed, y habla sin tener nada que decir.
Cada vez que se encuentre usted del lado de la mayoría, es momento de hacer una pausa y reflexionar.
No ande por ahí diciendo que el mundo le debe su sustento. El mundo no le debe nada. Estaba aquí antes.
Ni la vida, ni la libertad, ni la propiedad de ningún hombre están a salvo cuando el legislativo está reunido.
Suponga que usted fuese un idiota y suponga que usted fuese un miembro del Congreso. Vaya, pero si estoy siendo reiterativo.
Recogéis a un perro que anda muerto de hambre, lo engordáis y no os morderá. Esa es la diferencia más notable entre un perro y un hombre.
El hombre es la criatura que Dios hizo después de una semana de trabajo, cuando ya estaba cansado.
No puedes confiar en tus ojos cuando tienes la imaginación desenfocada.
Todo lo que se necesita para tener éxito es ignorancia y confianza.
Es mejor ser un escarabajo joven que una vieja ave del paraíso.
Cuando era más joven podía recordar todo, hubiera sucedido o no.
Si dices la verdad no tendrás que acordarte de nada.
Hay tres clases de mentiras: las mentiras, las malditas mentiras y las estadísticas.
Nunca permití que la escuela interfiriera en mi educación.
Oscar Wilde:
En estos tiempos los jóvenes creen que el dinero lo es todo, algo que comprueban cuando se hacen mayores.
Logro resistirlo todo, salvo la tentación.
Cuando me da por pensar de noche en mis defectos, me quedo dormido inmediatamente.
Lo único capaz de consolar a un hombre por las estupideces que hace, es el orgullo que le proporciona hacerlas.
Lo menos frecuente en este mundo es vivir. La mayoría de la gente existe, eso es todo.
Cuando una persona hace una cosa soberanamente estúpida, siempre la hace por los más nobles motivos.
A veces podemos pasarnos años sin vivir en absoluto, y de pronto toda nuestra vida se concentra en un solo instante.
Si usted quiere saber lo que una mujer dice realmente, mírela, no la escuche.
Amarse a sí mismo es el comienzo de una aventura que dura toda la vida.
Perdona siempre a tu enemigo, no hay nada que le enfurezca más.
El trabajo es el refugio de los que no tienen nada que hacer.
Cuando la gente está de acuerdo conmigo siempre siento que debo estar equivocado.
A veces pienso que Dios al crear al hombre sobrestimó un poco su habilidad.
Se puede admitir la fuerza bruta, pero la razón bruta es inadmisible.
No soy tan joven como para saberlo todo.
Hay mucho que decir en favor del periodismo moderno. Al darnos las opiniones de los ignorantes nos mantiene en contacto con la ignorancia de la comunidad.
Experiencia es el nombre que damos a nuestras equivocaciones.
Otro 30 de noviembre, este de 1900, falleció Oscar Wilde, poeta, dramaturgo, ensayista y novelista. autor de "La importancia de llamarse Ernesto" o "El retrato de Dorian Gray".
Ambos escritores han pasado a la posteridad no solo por su brillante producción literaria, sino por las ingeniosas frases que nos dejaron.
Reales o adjudicadas, estas son algunas:
Mark Twain:
El hombre es el único animal que come sin tener hambre, bebe sin tener sed, y habla sin tener nada que decir.
Cada vez que se encuentre usted del lado de la mayoría, es momento de hacer una pausa y reflexionar.
No ande por ahí diciendo que el mundo le debe su sustento. El mundo no le debe nada. Estaba aquí antes.
Ni la vida, ni la libertad, ni la propiedad de ningún hombre están a salvo cuando el legislativo está reunido.
Suponga que usted fuese un idiota y suponga que usted fuese un miembro del Congreso. Vaya, pero si estoy siendo reiterativo.
Recogéis a un perro que anda muerto de hambre, lo engordáis y no os morderá. Esa es la diferencia más notable entre un perro y un hombre.
El hombre es la criatura que Dios hizo después de una semana de trabajo, cuando ya estaba cansado.
No puedes confiar en tus ojos cuando tienes la imaginación desenfocada.
Todo lo que se necesita para tener éxito es ignorancia y confianza.
Es mejor ser un escarabajo joven que una vieja ave del paraíso.
Cuando era más joven podía recordar todo, hubiera sucedido o no.
Si dices la verdad no tendrás que acordarte de nada.
Hay tres clases de mentiras: las mentiras, las malditas mentiras y las estadísticas.
Nunca permití que la escuela interfiriera en mi educación.
Oscar Wilde:
En estos tiempos los jóvenes creen que el dinero lo es todo, algo que comprueban cuando se hacen mayores.
Logro resistirlo todo, salvo la tentación.
Cuando me da por pensar de noche en mis defectos, me quedo dormido inmediatamente.
Lo único capaz de consolar a un hombre por las estupideces que hace, es el orgullo que le proporciona hacerlas.
Lo menos frecuente en este mundo es vivir. La mayoría de la gente existe, eso es todo.
Cuando una persona hace una cosa soberanamente estúpida, siempre la hace por los más nobles motivos.
A veces podemos pasarnos años sin vivir en absoluto, y de pronto toda nuestra vida se concentra en un solo instante.
Si usted quiere saber lo que una mujer dice realmente, mírela, no la escuche.
Amarse a sí mismo es el comienzo de una aventura que dura toda la vida.
Perdona siempre a tu enemigo, no hay nada que le enfurezca más.
El trabajo es el refugio de los que no tienen nada que hacer.
Cuando la gente está de acuerdo conmigo siempre siento que debo estar equivocado.
A veces pienso que Dios al crear al hombre sobrestimó un poco su habilidad.
Se puede admitir la fuerza bruta, pero la razón bruta es inadmisible.
No soy tan joven como para saberlo todo.
Hay mucho que decir en favor del periodismo moderno. Al darnos las opiniones de los ignorantes nos mantiene en contacto con la ignorancia de la comunidad.
Experiencia es el nombre que damos a nuestras equivocaciones.
viernes, 20 de noviembre de 2015
Superpoblación y terrorismo
En 1967
la tierra estaba habitada por 3.600 millones de personas. En esa fecha, un
informe de la OCDE, "Population Control and Economic Developement",
establecía tres supuestos de crecimiento de la población mundial para el año
2050. Estos eran, 7.000 millones para la variante baja, 9.000 millones para la
media, y 11.000 millones para la alta. En el año 2013 ya hemos sobrepasado los
7.000 millones. Las últimas previsiones anuncian que alcanzaremos los 9.000
millones para el 2030. A este ritmo es previsible que superaremos con amplitud la
variante más alta, la más pesimista, en el 2050.
Este crecimiento
desorbitado no está regularmente repartido por el planeta. Naciones Unidas
prevé que en 2050 la mitad de la población mundial estará concentrada en tan
solo 9 países y 5 serán africanos. Según esas previsiones, Nigeria, que
actualmente ocupa la séptima plaza y es el único país africano entre los diez
primeros, pasará a ocupar el tercer lugar, desbancando a Estados Unidos. Los
restantes serán China, India (14% de población musulmana), Pakistán (95% de
musulmanes, más de 1.000 mujeres asesinadas “por honor” cada año, según la Pakistan´s
Human Rights Commission), República Democrática del Congo (mayoritariamente
cristiana), Etiopía (33% de musulmanes), Tanzania (35% de musulmanes), Estados
Unidos, Indonesia (90% de musulmanes), y Uganda (mayoritariamente católicos).
En
nuestros días, en Bangladés (90% musulmanes), el país con mayor densidad de
población del mundo, el 60% tiene menos de 25 años. En contraste, los países
europeos no hacen más que envejecer. En 2050, uno de cada tres europeos tendrá
más de 60 años, mientras en América Latina y Asia la proporción será del 25%. En
España el grupo de los menores de 25 no llega al 30%, siendo ya de un 23% el de
mayores de 60 años.
En Egipto
(90% de población musulmana) se producen cada año más de 2,5 millones de
alumbramientos, en términos proporcionales cuatro veces más que la media de los
países occidentales. En España el promedio de hijos por mujer es de 1,2. En
muchos países africanos pasa de 6, y la mayoría está por encima de 5.
Se está
produciendo desde hace décadas una explosión demográfica en unos países
mientras en otros los nacimientos apenas alcanzan a reemplazar las defunciones.
Los distintos sistemas sociales y de ámbito cultural no hacen más que
incrementar las diferencias. En países con sistemas de pensiones deficitarios o
inexistentes, el tener muchos hijos da una cierta esperanza de sustento para la
vejez. En España es justo lo contrario, durante los años de crisis, muchos
ancianos, con sus pensiones, han tenido que amparar a sus hijos y nietos. También
afecta a la tendencia la distinta forma de enfrentar el aborto. El Islam es
contrario al aborto, en ese sentido no se diferencia del cristianismo. La
diferencia está en que en la inmensa mayoría de los países musulmanes se
respetan los preceptos religiosos, mientras que en los occidentales no, y el
aborto se considera un derecho. Mientras “nosotras parimos, nosotras
decidimos”, en otras culturas deciden tener cinco, siete, o nueve hijos. El 97%
de los abortos practicados en España, más de 100.000 al año (13 millones en el conjunto
de Europa), se hacen bajo el supuesto de protección de la salud psicológica de
la madre.
Hace
pocas semanas, la prensa daba cuenta de que en Uttar Pradesh, el estado más
poblado de la India con unos 200 millones, se habían presentado 2,6 millones de
personas para optar a una oferta para cubrir 368 empleos públicos. Las
autoridades renunciaron a la entrevista personal porque calcularon que
necesitarían cuatro años a razón de 2.000 entrevistas diarias. Los requisitos
consistían en tener acabados los estudios primarios y saber montar en
bicicleta. Se presentaron 255 doctores, 25.000 posgraduados y 150.000
licenciados. Ante esas cifras nuestra crisis resulta risible.
Los
países más pobres son los que más crecen en población, mientras los más ricos
se estancan. En ese contexto el trasvase de personas hacia los países con más
oportunidades es inevitable por muchos muros que se levanten. En Europa está
pasando desde hace décadas y se ha acelerado dramáticamente en los últimos
años.
Esta
situación, siendo en sí misma un problema, se agrava hasta límites
insostenibles cuando los que llegan no se integran ni se adaptan a las
costumbres del país de acogida, sino que, o bien se aíslan en guetos donde
viven de modo muy similar a sus países de origen, o bien pretenden imponer su
modo de vida a la sociedad que les acoge. Estos colectivos son más vulnerables a
las crisis por educación, idioma, relaciones familiares, etc, y ello genera,
por comparación, una disposición a la revuelta. Son terreno propicio para prender
la llama de la radicalidad y la violencia. La juventud está siempre dispuesta a
comportamientos extremistas, y en juventud nos ganan por goleada.
Muchos de
estos jóvenes desarraigados se sentirán en mayor o menor medida próximos a los
que perpetran atentados contra intereses occidentales y desearán emularlos.
Dicen las
noticias que varios de los terroristas que han actuado en París son franceses.
No es cierto, son extranjeros con pasaporte francés. Son más extraños al
sentimiento francés que cualquier otro que nunca haya pisado suelo galo. Odian
todo lo que representa el modo de vida de un francés, un europeo, o un
occidental. Sus valores son otros. Durante años han ido rumiando el odio al
entorno en el que viven.
En los
años 30 del pasado siglo no todos los alemanes eran fanáticos nazis, pero la
mayoría se dejó arrastrar, o se puso de perfil, o comprendió, toleró o amparó a
los asesinos nazis. No todos los rusos era fanáticos estalinistas, pero la
mayoría se dejó arrastrar, o se puso de perfil, o comprendió, toleró o amparó a
los asesinos estalinistas. Podemos decir lo mismo de lo sucedido en China, en
Japón, en Ruanda, o en Camboya. La mayoría de sus habitantes querrían la paz,
pero eso no impidió que se produjeran millones de muertes. Es evidente que la
mayoría de los musulmanes son pacíficos y lo que desean es vivir en paz, pero
unos pocos fanáticos asesinos pueden arrastrar a muchos miles de prosélitos,
mientras otros cientos de miles de pasivos congéneres se dejarán arrastrar, o
se pondrán de perfil, o comprenderán, tolerarán o ampararán la violencia. Nos
lo enseña la historia una y otra vez. Y otra. Y otra. El ser humano es así.
Todos los
pueblos tienen señas con las que se identifican, idioma, cultura, religión,
modo de vida, costumbres, gastronomía, forma de vestir, aspecto físico, y un
sinfín de características que, si lo desean o lo necesitan, les sirve para
agregarse a unos colectivos y separarse de otros. Las minorías violentas apelan
a esas diferencias para seducir a las mayorías y suelen tener un éxito rotundo.
Europa se
ha ido llenando de inmigrantes que buscaban una vida mejor que la que padecían
en sus lugares de nacimiento. Los que se han integrado han contribuido a
enriquecer a la sociedad, siempre la unión y la fusión son enriquecedoras. Los
que no se han integrado han generado un grave problema. Viven entre nosotros
pero no conviven. El rechazo engendra odio y el odio agresividad y venganza. “Es
triste condición humana que más se unen los hombres para compartir los odios
que para compartir un mismo amor”, decía Jacinto Benavente. Y odiar significa
sentir aversión por la simple existencia del otro, desear eliminarlo. Si además
eliminar al otro está premiado con el Paraíso ¿cómo se puede detener esta
deriva? Si los expertos no tienen ni idea, yo tampoco.
Solo se me
ocurre bucear en el saber milenario del refranero popular, ese pozo inagotable
de sapiencia acumulada a lo largo de los siglos. Ya que una de las partes apela
a Dios para sus fechorías, un buen consejo sería: “Cada uno en su casa y Dios
en la de todos”. Difícil en un mundo global.
¿Qué tal,
entonces? :”Si vas a Roma haz lo que los romanos”. Si vienes a Europa haz lo
que los europeos. Con eso sería suficiente.
No sé si
me harán caso. El virus del odio se extiende muy deprisa y no conocemos la
vacuna. Es posible que tengamos que convivir con él mucho tiempo.
domingo, 15 de noviembre de 2015
Habitaban con nosotros pero no convivían.
-Almanzor, sí, necesitamos un jefe
como Almanzor -afirmó Ahmed.
-No estés tan seguro.
Les sorprendió la voz que surgía de
la oscuridad, era Abdallah Al Qurtubí el que se agregaba a la conversación.
-No estés tan seguro -repitió
acercándose-, es posible que los aciagos días que estamos viviendo sean
consecuencia de la época de Almanzor.
-¿Cómo dices eso? -preguntó
asombrado Ahmed.
-Almanzor fue un gran guerrero sin
duda, el Victorioso de Dios. Durante treinta años mantuvo a raya a los
cristianos del norte y a las tribus salvajes del otro lado del mar. Controló con
mano de hierro el califato, al tiempo que era el azote de los pueblos
fronterizos, mantuvo la paz y la prosperidad dentro de Al Ándalus...
-¿Y eso te parece mal?
-Desde luego
que no. Tan solo digo que las consecuencias de esa política pueden haber degenerado
en esta mala situación. ¿Qué pasó durante todos esos años?, que el pueblo de
Qurtuba se amansó. Las guerras las ganaban los mercenarios, tropas de
extranjeros que se encargaban de morir y matar mientras los andalusíes
disfrutaban de una vida sin sobresaltos, limitándose a celebrar las victorias y
a beneficiarse en mayor o menor medida del producto de ellas. Las gentes se
sienten cómodas en la protección que les procura un caudillo enérgico si tienen
asegurado el plato de cada día. Se relajan, se amoldan, se acostumbran a no
tener que pelear por la vida. Adoptan la filosofía del gato casero, si hay sol
se ponen al sol, y si no hay, se arriman a la hoguera. Mientras haya calor
igual da de donde venga. Pero cuando se muere el amo y ese gato descubre que nadie
le pone la comida y tiene que salir a buscarla afuera, ya no sabe, y los gatos
callejeros no le dejaran probar bocado. Fuera de casa hace frío, hermanos, y la
vida hay que merecerla y pelearla cada día. Nosotros hemos perdido nuestra
naturaleza de pueblo unido, con un futuro común y con unas convicciones firmes,
y nos hemos quedado a merced de los enemigos. Almanzor era más temido que
respetado. Interrumpió la cadena de la dinastía omeya que era la que nos daba
continuidad y nos hacía proyectarnos en el tiempo. Nos llenó el país de
extranjeros que habitaban con nosotros pero no convivían. Murió y cada facción
quiso imponer su fuerza porque él enseñó a todos que no era necesario
pertenecer a la dinastía para detentar el poder. Pero cuando desaparece la mano
firme y tiránica, surgen inmediatamente los pequeños mediocres que han estado
aguardando el final del poderoso. Ahí empezó el derrumbe y ha sido vertiginoso
porque estábamos muy debilitados. ¿Cuántos pueblos han sido víctimas de sus
caudillos a lo largo de la historia? Yo no quiero caudillos. Yo quiero
convicciones. Todos los caudillos se mueren pero las ideas claras y firmes se
proyectan en el tiempo, sobreviven a los mortales. Al Ándalus ha ido
precipitándose velozmente hacia la insignificancia de no ser más que un
conjunto de personas que ha perdido la cohesión, que no saben a qué cultura
pertenecen. En estos momentos nuestra civilización no tiene un sentido nítido y
bien definido para sus habitantes. ¿Cuál es para vosotros la idea de Al Ándalus?
Los jóvenes lo miraron sorprendidos
sin saber qué responder. Realmente no se habían planteado esa cuestión; vivían
allí y punto. Siempre habían estado allí, ¿qué más se necesita para vivir?, ¿no
basta con estar?
El capitán esperó una respuesta
durante unos instantes y viendo que nadie le contestaba, prosiguió su monólogo.
-Tenemos que tener una idea clara
de lo que somos. Las comunidades de hombres son como el hombre mismo. Nosotros,
cada hombre, necesita movilizarse cada día, comer, aprender, crecer, amar. El
hombre que se abandona, muere. Lo mismo le sucede al colectivo, si no se
mantiene siempre en marcha acaba desapareciendo.
Nosotros nos vamos despeñando por
el precipicio de la desidia. ¿O es que acaso os creéis que el mundo se mueve
siempre hacia delante? La vida hay que merecerla cada día. ¡Mirad a los
cristianos!
-¿Qué tenemos que aprender de esos
bárbaros? -preguntó Ahmed-. Están atrasados, no tienen cultura, no han
progresado como nosotros. No se lavan. Son zafios e inmundos.
-Así es, en verdad. Nosotros somos
mucho más ricos. Nuestra cultura es muy superior. Hay más sabios en esta ciudad
que en todos los territorios cristianos. Tenemos mejores armas y más hombres y
caballos. Levantamos hermosos palacios, construimos floridos jardines,
mantenemos feraces huertas, confeccionamos lujosos vestidos, componemos
bellísimos poemas, poseemos enormes bibliotecas con miles de volúmenes,
disfrutamos de cientos de baños públicos, somos los más instruidos en
geometría, astronomía, botánica o medicina..., -calló un instante,
reflexionando-, en verdad tendría que estar hablando en tiempo pasado, todo eso
era cierto hasta hace un año. ¿Ahora qué?, ¿adónde se han ido todas esas
cosas?, ¿adónde están yendo? Somos como una jauría de chacales que se atacan y
muerden peleando entre ellos disputándose el mejor venado, y mientras se
debilitan llega el tigre y se come la presa. Los cristianos quieren comerse el
venado. Antes vivían enfrentados pero ahora se van uniendo alrededor de un
objetivo común. Ya han estado aquí dos veces y volverán. Almanzor los derrotó
en más de cincuenta ocasiones, asoló sus castillos y sus ciudades, mató a sus
hombres, secuestró a sus mujeres, quemó sus cosechas y les arrebató sus bienes.
Pues bien, ahí siguen. Con más fuerza que antes. La vejación constante a la que
les sometimos les hizo unirse y dotarse de un ansia de resistir más fuerte que
nuestra presión. Si ofendes a un pueblo milenario tienes que aniquilarlo
completamente o prepararte para su venganza. Ahora vienen a cobrar su débito.
Sus mujeres paren más hijos que las nuestras, sus soldados son más arrojados
que los nuestros y su fe es más determinada que la nuestra. Nos invadirán, nos
derrotarán y nos impondrán sus condiciones. Los signos son claros para el que
los quiera ver. Los primeros emires poblaron la tierra con su simiente, Abd el
Rahman II dejó más de cien hijos; Abd el Rahman III, tuvo veintisiete, Al
Hakam, dos, y Hisham, ninguno. ¿Qué más prueba de los cielos queréis?, la
estirpe se ha secado y con ella se ha ensombrecido la perla más brillante del
universo, Qurtuba.
Fragmento de "La perla de al Ándalus", novela que se desarrolla en los primeros años del siglo XI, en el inicio del derrumbe del Califato.

lunes, 9 de noviembre de 2015
Por pasar el rato
Pasamos la vida subidos a una gran roca esférica que da vueltas sin cesar por un lugar que llamamos espacio exterior. Las vueltas son siempre las mismas y a una velocidad constante de unos 100.000 kilómetros por hora. Al tiempo que se desplaza, nuestra esfera va girando sobre su eje a unos 1.500 kms por hora, más o menos, dependiendo de en qué punto de la misma tomemos la medición. Así parece que lleva unos cuantos millones de años, dando las mismas vueltas y girando sin cesar. De momento no parece que vaya a pararse. Subidos, agarrados y prisioneros de esa roca, nosotros pasamos unos pocos años, 80 de media, acompañándola en su incesante transitar. ¿Para qué?, cualquiera sabe. Hay algunas teorías pero pocas certezas.
La roca ha estado muchos millones de años repitiendo su monótono recorrido sin nosotros, da la impresión de que no le hacíamos ninguna falta.
Para sobrellevar esos pocos años de vueltas y giros, los hombres se dedican a diversas actividades. Una vez resueltas sus necesidades básicas, emprenden otras cuya finalidad principal consiste en pasar el rato. Tienen muchas opciones, pueden ocupar su tiempo en innumerables labores, unas más útiles que otras, pero la mayoría tienen por objetivo pasar el rato.
Escribir en un blog es una de esas opciones. Leerlo es otra.
La roca ha estado muchos millones de años repitiendo su monótono recorrido sin nosotros, da la impresión de que no le hacíamos ninguna falta.
Para sobrellevar esos pocos años de vueltas y giros, los hombres se dedican a diversas actividades. Una vez resueltas sus necesidades básicas, emprenden otras cuya finalidad principal consiste en pasar el rato. Tienen muchas opciones, pueden ocupar su tiempo en innumerables labores, unas más útiles que otras, pero la mayoría tienen por objetivo pasar el rato.
Escribir en un blog es una de esas opciones. Leerlo es otra.
domingo, 8 de noviembre de 2015
La leyenda de Tamerlán
Muy
cerca del final del curso, los niños aguardaban ansiosos un acontecimiento
importante. El equipo de fútbol de los chicos españoles había llegado a la
final del campeonato juvenil de Moscú, e iba a enfrentarse con un equipo ruso. Casi
todos los niños de la Casa de Rosa acudieron a presenciar el partido.
Al
entrar vio a Mikhail, el profesor de historia, sentado solo en una de las
gradas y se situó junto a él. El hombre parecía un poco ausente, tenía una
expresión atribulada que contrastaba con el bullicio general. A Rosa le extrañó
y le preguntó si le ocurría algo.
-Ayer
-contestó- leí una noticia en el Pravda
que me ha dejado muy inquieto. Un equipo de arqueólogos ha descubierto en
Samarkanda la auténtica tumba de Tamerlán y ha desempolvado su cráneo. Los
restos van a ser trasladados a Moscú para estudiarlos en profundidad. No
deberían hacer tal cosa. Hay muertos que no conviene molestar. Tamerlán fue un
terrible caudillo del siglo XV, un guerrero y conquistador insaciable y
despiadado. Con un ejército de feroces soldados nómadas dominó enormes
territorios de Asia llegando hasta el Mediterráneo. Doblegó decenas de
naciones, arrasó miles de pueblos y exterminó a millones de sus habitantes. Uno
más de los sanguinarios caudillos que se han distinguido a lo largo de la
humanidad por el desprecio a la vida de sus semejantes. Hay una leyenda que dice
que si su tumba fuese violentada su ira caería sobre los responsables, que
sufrirían una plaga más devastadora aún que las que él causó. Hay que ser más
respetuoso con las profecías, no conviene desoír tan claras advertencias. Podrían
cumplirse.
Era el
22 de junio de 1941, y había estado lloviendo sin parar desde la víspera. Cayó
tanta agua que tuvieron miedo de que no se pudiera celebrar el encuentro. El
campo estaba en muy malas condiciones, embarrado y lleno de charcos, pero después
de hacer una inspección, los contendientes decidieron jugar, y los espectadores
se alegraron y se prepararon para pasar un buen rato. Rosa se olvidó enseguida
de los temores que inquietaban a Mikhail y se unió a los demás niños que animaban
a los españoles con gritos y cánticos. Gritaban exaltados y jaleaban cada
acción con el máximo entusiasmo. Los jugadores hacían lo que podían sobre aquel
barrizal, cuando corrían levantaban con sus pisadas el agua encharcada
salpicando a su alrededor, y cuando caían al suelo se levantaban cubiertos de
lodo. Aquello, lejos de incomodar a los espectadores, les provocaba mayor
excitación y vitoreaban con entusiasmo cualquier acción de los esforzados
jugadores.
Habrían
transcurrido solamente unos quince o veinte minutos del apasionante encuentro, cuando
por los altavoces del estadio sonaron unos intensos pitidos, y a continuación
empezaron a escucharse las notas de La Internacional. El árbitro mandó
detener el juego y todos, jugadores y público, quedaron expectantes,
sorprendidos por la interrupción.
Cuando
acabó de sonar la música, se oyó la voz de Mólotov, grave, firme:
“Camaradas,
hoy a las cuatro de la madrugada, sin declarar la guerra y sin formular
pretensiones de ningún tipo, tropas de la Alemania fascista han atacado la
frontera en muchos puntos, han penetrado en nuestro país, y han bombardeado
desde el aire Zhitomir, Kiev, Sebastopol, Kaunas, y algunas otras localidades.
Debéis prepararos para la guerra. La Unión Soviética es fuerte y sabrá hacer
frente al enemigo. Nuestra causa es justa. El enemigo será derrotado. La
victoria será nuestra.”
Volvió
a sonar La Internacional y el público abandonó el estadio. Rosa buscó
con la vista a Mikhail pero ya se había marchado. Por las calles la gente
andaba deprisa con gesto de preocupación. Enseguida se organizaron colas en las
tiendas, todos querían abastecerse de los productos más necesarios. En el Metro
la gente leía con avidez las inquietantes noticias, comentaban los
acontecimientos, algunos se enteraban allí de lo que estaba ocurriendo, se
asombraban, se mostraban incrédulos, lo que nadie esperaba, lo que nadie deseaba,
estaba sucediendo.
Los
niños regresaron a la Casa cabizbajos y alarmados. Lo que prometía ser un día
de diversión se había convertido en el prólogo de una pesadilla. ¿Qué estaba pasando?
¿Cómo era posible que alguien se atreviera a invadir un país tan poderoso?
Fragmento de "El infierno de los inocentes", novela que narra las vivencias de los niños que fueron enviados a Rusia durante la Guerra Civil y las de los jóvenes que se alistaron en la División Azul. Disponible en Amazon
![EL INFIERNO DE LOS INOCENTES de [Molinos, Luis]](https://images-eu.ssl-images-amazon.com/images/I/51g6u%2B17SHL.jpg)

jueves, 29 de octubre de 2015
Separatismos.
Decía Sabino
Arana, padre de la patria vasca: "La fisonomía del vizcaíno es inteligente
y noble, la del español inexpresiva y adusta. El vizcaíno es nervudo y ágil, el
español es flojo y torpe. El vizcaíno es inteligente y hábil para toda clase de
trabajos, el español es corto de inteligencia y carece de maña para los
trabajos más sencillos. Preguntádselo a cualquier contratista de obras y
sabréis que un vizcaíno hace en igual tiempo tanto como tres maketos juntos". Colijo que el
contratista a entrevistar debería ser así mismo vizcaíno. También decía:
"El aseo del vizcaíno es proverbial, el español apenas se lava una vez en
su vida y se muda una vez al año. Oíd hablar a un vizcaíno y escucharéis la más
eufónica, moral y culta de las lenguas; oídle a un español, y si solo le oís
rebuznar, podéis estar satisfechos, pues el asno no profiere voces indecentes
ni blasfemias". Y alguna perla dejó sobre las mujeres: “La mujer, pues, es
vana, es superficial, es egoísta, tiene en sumo grado todas las debilidades
propias de la naturaleza humana”.
Resulta
difícil pensar que un tipo que escribe semejantes sandeces pueda encontrar
algún seguidor, y sin embargo encontró millones. Fundó un Partido que ahí
permanece, tras más de 100 años, y su figura es ensalzada y reverenciada en
escritos y monumentos. ¿Cómo se puede explicar tamaño dislate? Debe ser que
todos venimos al mundo provistos de un componente xenófobo y racista y solo es
cuestión de encontrar el mecanismo que lo pone en funcionamiento para que
afloren los odios contra nuestros semejantes.
Todo
movimiento separatista es xenófobo, racista y fascista. Si alguien que
pertenece a un colectivo desea separarse, es porque se considera superior a los
demás componentes del conjunto. Si se considerase igual no se plantearía el
asunto, y si se sintiera inferior procuraría por todos los medios continuar
perteneciendo al grupo. Ese sentimiento de superioridad necesita algún basamento
en el que apoyarse, da igual que sea por nervudo y ágil, por más limpio que una
patena, o por cualquier otro argumento de similar enjundia, el caso es
encontrar diferencias con el "extranjero". Y desde luego requiere
remarcar y acentuar las existentes: "La diferencia del lenguaje es el gran
medio de preservarnos del contacto de los españoles y evitar el cruzamiento de
las dos razas", decía el ínclito. Es un sentimiento atávico, las tribus
protegían su territorio luchando contra el enemigo, que era el vecino. El
enemigo siempre es el más próximo. Sabino Arana odiaba al español pero apelaba
a Inglaterra para que le ayudase a independizarse y felicitaba efusivamente a
Estados Unidos por invadir Cuba. Precisamente por estar tan próximos es muy
difícil encontrar desigualdades y hay que acudir a diferencias irrisorias o
directamente a inventarlas. Junqueras dice que los catalanes (naturalmente, al
decir catalanes solo se está refiriendo a los independentistas) tienen más
proximidad genética con los suizos que con los españoles. Ellos son el poble,
y los demás son extranjeros que han venido a robar.
Los
dirigentes, impulsores de estos movimientos, parecen tener un claro objetivo
personal: Prefieren ser cabeza de ratón antes que cola de león, pero ¿qué
interés tiene la masa que les sigue? En un primer momento puede impulsarles la
creencia de que van a estar mejor solos que acompañados por sucios ladrones.
Pero una vez demostrado fehacientemente que van a estar peor, ¿por qué se
empecinan? No cabe más explicación que pensar que en sus cerebros se ha puesto
en funcionamiento esa universal característica de la naturaleza humana, tan
grotesca como irreflexiva, consecuente del odio: "Para que te jodas, no
como". Una vez alcanzado el punto de no retorno, el aspirante a
independiente no se para en barras y desprecia las posibles consecuencias
perniciosas, lo mismo le da Juana que su hermana. No queda espacio para el
razonamiento.
¿Tiene algún
remedio este inquietante problema? Si Ortega y Gasset no encontró ninguno, me
temo que no lo hay. El augusto pensador llegó a la conclusión de que la
cuestión no se podía solucionar y solo se podía conllevar. El hombre no puede
liberarse de su propia naturaleza. Ya dijo Pascal, más o menos, que la
naturaleza humana tiene razones que la razón no conoce. Estos conflictos
existen desde que el mundo es mundo y siempre acaban en guerras, en muertes y
en destrucción. Y vuelta a empezar. El ser humano no ha evolucionado todavía lo
suficiente como para evitar estas luchas tribales. Las desavenencias de este jaez
solo se resuelven a pedradas.
Estas ansias
de diferenciación no son privativas de España, Europa es un conglomerado de
tribus (más de 200 lenguas nos contemplan, 23 de ellas oficiales), que están
dispuestas al enfrentamiento con el menor pretexto. Los Balcanes son el
paradigma. El afán disgregativo no parece tener límites pudiendo llegar al
extremo más absurdo, verbi gratia: ¡Viva Cartagena!
Es falso
aquello de que dos no discuten si uno no quiere, más bien es lo contrario, si
uno quiere, dos discuten. Solo queda esperar que las pedradas sean pocas y no
nos alcancen. Porque el camino
emprendido lleva inevitablemente a la zona de las pedradas. Estas cosas al
final solo se terminan (o se calman durante un tiempo), cuando interviene gente
de uniforme.domingo, 25 de octubre de 2015
El cerco.
Habían
pasado cuatro años desde que Rosa y sus compañeros pisaron por primera vez
suelo ruso. Cuatro años son muchos para un niño, los mayores ya pasaban de los
quince y tenían que ir pensando en su integración en el mundo de los adultos.
Las autoridades decidieron convertir algunas Casas de niños en Casas de
jóvenes. Una de las elegidas fue la Casa donde estaba Rosa y hubo que reubicar
a todos los integrantes. A algunos de los pequeños, entre ellos a Miguel, los
destinaron a Samarkanda. ¡Samarkanda!, a Rosita le recorrió un escalofrío por
el cuerpo, era el lugar donde habían descubierto los restos de Tamerlán.
Después de lo que le había contado Mikhail se imaginaba que sería un sitio
tenebroso y lleno de peligros. Tuvo que mirar en un mapa para saber dónde
estaba esa ciudad y se alarmó cuando comprobó cuán lejos se hallaba. Le pareció
que estaba en el fin del mundo. No entendía por qué se tenían que llevar a
Miguel a un lugar tan lejano. Era la primera vez que se iba a separar del
pequeño y lo sintió mucho, habló con los profesores para intentar que los
dejaran seguir juntos pero no le fue posible conseguirlo. El niño ya había
cumplido los nueve años, la misma edad que tenía ella cuando salió de Bilbao,
pero lo seguía viendo como una criatura indefensa necesitada de su protección.
Antes de separarse habló con él y le dio muchos consejos, como lo haría una
madre con su hijo. Sobre todo le insistió repetidamente en que se mantuviera
siempre acompañado de sus amigos, que no se separara del grupo, que estuviese
atento a lo que decían los cuidadores, que no se despistara, el pequeño no
había perdido la costumbre de distraerse con cualquier cosa y a Rosa le
preocupaba esa faceta de su carácter. Ya había estado a punto de perderse en un
par de ocasiones.
El
Comité había decidido que los chicos que no tenían buenas notas y que no iban a
seguir los estudios debían aprender un oficio para empezar a trabajar en alguna
fábrica. Con ese objetivo, Charito, Azucena, Teodoro, Eduardo, y Cagalort, fueron destinados a
Leningrado.
Rosa
sí era buena estudiante y podía haber pasado a un curso superior, pero prefirió
no separarse de sus amigas. Seguía sin noticias de su familia y desde que llegó
a Rusia su familia eran sus compañeros. La separaban de Miguel y no quería perder
también el contacto con sus amigas más íntimas. Pidió ir a Leningrado, aprobaron
su petición, y los enviaron a todos a aquella ciudad inmediatamente.
Durante
el viaje comprobaron que la mayoría de la gente iba en sentido contrario. En
las estaciones se agolpaba un gentío desarrapado esperando tomar por asalto los
trenes que iban hacia el Este. Ancianos, mujeres y niños, cargados de bultos, hacinados
en los andenes, durmiendo en el suelo para no perder el sitio, aguardaban con
ansiedad el convoy que los alejase del frente. Sus rostros reflejaban tristeza
y resignación, como si aceptaran con dócil sumisión el irremediable destino. En
la ciudad, ante la amenaza inminente de la guerra, a los niños más pequeños los
estaban evacuando hacia el interior del país y solo iban quedando los mayores
de quince años. A Rosa y sus amigos los instalaron en una casa de la Avenida Nevsky,
donde habitaban otros doscientos cincuenta jóvenes españoles de los que habían
llegado en el Sontay.
Fragmento de "El infierno de los inocentes", novela sobre los niños que fueron llevados a Rusia durante la Guerra Civil española y los jóvenes que poco después acudieron allí con la División Azul.
Disponible en Amazon
Opiniones de clientes
Por Elisa
Formato:Versión Kindle|Compra verificada
En los pocos días que me ha durado la lectura he sentido un gran cariño por los protagonistas, Rosa y Daniel. Tremendo lo que tuvieron que vivir. Extraordinaria novela que nos traslada a un tiempo muy reciente y a una tragedia de dimensiones colosales que tuvieron que soportar nuestros abuelos. Me ha enganchado desde la primera línea y se me ha hecho corta, al final me he quedado con ganas de más. Me encantaría que el autor escribiera una segunda parte. Excelente novela.
Por eduardo
Formato:Versión Kindle|Compra verificada
ES UNA NOVELA QUE TE ENGANCHA DESDE EL PRIMER MOMENTO Y TE MANTIENE EXPECTANTE DURANTE TODO EL DESARROLLO.LOS PERSONAJES SON TAN REALES QUE PARECE QUE ESTUVIERAN INSPIRADOS EN PERSONAS QUE VIVIERON REALMENTE ESA HISTORIA.AUNQUE EL AUTOR NO HACE MENCION DE ELLO, NO ME EXTRAÑARIA QUE ASI FUERA.ES UN ALEGATO CONTRA LA SINRAZON DE LAS GUERRAS.ESTUPENDA NOVELA.LA RECOMIENDO.

![EL INFIERNO DE LOS INOCENTES de [Molinos, Luis]](https://images-eu.ssl-images-amazon.com/images/I/51g6u%2B17SHL.jpg)
lunes, 19 de octubre de 2015
Yo soy español, español, español.
Y me gusta. Estoy contento de ser español, creo
que la diosa Fortuna se ha portado bien conmigo, me considero un privilegiado
por haber nacido en este lugar y en esta época. Llevamos setenta años sin
guerras, toda una larga vida. No todos, desgraciadamente, pueden decir lo
mismo. Incluso sin salir de Europa, ahí están los Balcanes, y si no, Ucrania. La
paz nunca está asegurada, el ser humano es beligerante por naturaleza y debe
hacer un esfuerzo continuo para contener sus impulsos destructivos. Es peligroso
forzar los conflictos, hay que ser consciente de que se puede romper la cuerda
si se la estira demasiado.
Me gusta España tal como es, con las medidas que tiene. No la
quiero más pequeña. En todo caso me gustaría algo más grande. Me gustaría que
España y Portugal fueran un solo país. Deberían serlo por cultura, por
historia, por carácter, casi por idioma y desde luego por geografía. Mirando un mapamundi parece
obvio que la península ibérica debería ser un solo país. Un solo país, no
varios.
Me gusta España y me gusta su historia. Estoy orgulloso de mis antepasados. Y agradecido. Gracias a ellos estoy yo aquí. Si la
historia hubiera sido distinta, ninguno de nosotros habría nacido. Sería suficiente
la más pequeña desviación en los hechos pretéritos para que hubiera otra
persona dentro de mis zapatos. Esos derrotistas del pasado, que solazan su ocio
con imprecaciones contra nuestros abuelos de los siglos XV y XVI, deberían pararse
a pensar qué habría pasado si el Descubrimiento hubiera sido al revés. Si en vez
de ir nosotros allí, hubieran venido ellos aquí. Cabe la posibilidad de que todos
nuestros ancestros hubieran concluido sus días dentro de una marmita, bien
condimentados.
Gracias a aquellos extraordinarios exploradores llenos de
entusiasmo y energía, más de quinientos millones de personas nos comunicamos en un
mismo idioma. Porque los idiomas deben servir para unir a las personas y
facilitar su comunicación, no para levantar fronteras como pretenden algunos.
Otros hay, que para justificar el repudio a su propia
naturaleza dicen: “Es que yo me siento ciudadano del mundo”. Aparte se ser una
memez, hay que recordarles que el mundo tuvo conciencia de su dimensión por
primera vez en la historia gracias a los españoles. Españoles fueron los que
unieron las dos orillas del Atlántico, los que pusieron en contacto a unos
seres que se ignoraban por completo, los que globalizaron definitivamente el
mundo, los que “cerraron” el globo terráqueo. Españoles fueron los primeros que
circunnavegaron el mundo. Españoles los que fundaron innumerables ciudades a lo
largo y ancho del continente americano. Podrían haber sido otros, pero fueron
los españoles. Por eso me siento orgulloso de aquellos antepasados.
De todas formas, hay que decir que estos voceros de la negatividad
no son muy originales, esta tendencia autoflagelante existe, alimentada por los
interesados propagadores de la Leyenda Negra, desde que España es España.
Joaquín Bartrina (Reus 1850 – Barcelona – 1880), nos dejó
estos versos:
Oyendo hablar a un
hombre, fácil es
saber dónde vio la luz
del sol.
Si alaba a Inglaterra,
será inglés,
Si os habla mal de
Prusia, es un francés,
y si habla mal de
España, es español.
Si Bartrina tenía razón, los independentistas deben ser los
más españoles de España. Ellos, y esos otros que se regodean insultando a sus conterráneos.
Portadores de un buenismo impostado que me temo no es más que un disfraz para
socavar los cimientos de esta nación centenaria, entiendo que por pura y simple
devoción destructiva.
Se le atribuye a Otto von Bismark, el Canciller de hierro, una
reflexión en ese sentido: “Estoy
firmemente convencido de que España es el país más fuerte del mundo. Lleva
siglos queriendo destruirse a sí misma y todavía no lo ha conseguido.”
Antonio Cánovas del Castillo, varias veces Presidente del Consejo
de Ministros de España, al ser preguntado, cuando se estaba redactando la
Constitución de 1876, cómo definiría ser español, contestó con una boutade que
podría ser malinterpretada: “Pongan que
son españoles los que no pueden ser otra cosa”. Hay que aclarar que lo dijo
en privado y en plan chocarrero. También dijo, y esta vez en público: “Con la Patria se está, con razón o sin ella”.
¿De qué nos quejamos? Tenemos mejor clima que los suecos (¡dónde
va a parar!), comemos mejor que los ingleses, vivimos más años que los rusos, nos
divertimos más que los japoneses, y jugamos al fútbol mejor que los
norteamericanos. Prefiero un vaso de Rioja a una copa de champagne, una
tortilla de patatas antes que una hamburguesa y donde esté un arroz al senyoret que se quite el sushi.
Deseo fervorosamente que Bismark tuviese razón y España siga
durante mucho tiempo intentando destruirse sin conseguirlo. No me gustaría que nuestros descendientes nos recordaran como la generación de la desintegración.
viernes, 2 de octubre de 2015
La perla de al Ándalus
Al Qurtubí decidió que cabalgarían
hasta el alba porque tenía prisa por salir de la zona en la que suponía que se
podían encontrar con los beréberes. No podía arriesgarse a que la misión se
abortara casi en las puertas de las murallas.
Las nubes se fueron espaciando y
permitieron que la luna iluminara el camino y les allanara la marcha.
Recorrieron un buen trecho hasta encontrar el primer lugar habitado. Era una
alquería de apenas cinco casas en la que todo parecía estar en calma. Al
acercarse salieron a su encuentro unos cuantos perros ladrando lastimosamente.
A pesar de la aparente tranquilidad el capitán decidió que convenía rodear el
villorrio en vez de atravesarlo por el centro. Optaron por hacerlo por el
costado oeste donde parecía que el terreno era menos escabroso. Fueron
contorneando las casas con parsimonia, siempre acompañados por la cuadrilla de
perros ladradores que se mantenía a prudente distancia de las caballerías. El
rodeo les obligaba a pasar a pocos pasos de un bosquecillo de encinas y ya
fuera que su experiencia en cien batallas le hacía percibir signos ocultos para
otros, ya que tuviera más desarrollado el sentido que nos avisa del peligro, el
caso es que el capitán andaba inquieto y ordenó a los hombres que mantuvieran
la máxima alerta. Ató el corcel sobrante a la caballería del alfaquí, colocó a
dos soldados a cada costado del viejo, dejó a Tomás cerrando la marcha y se
situó él en la cabeza del grupo.
Continuaron cabalgando sigilosos,
escudriñando cada sombra y vigilando cada movimiento del ramaje. Cuando los
perros descansaban y callaban durante unos instantes el silencio a su alrededor
era total, demasiado espeso para ser real. Se diría que se podría cortar con
una gumía. En seguida retornaba la jauría a atronar con sus aullidos y la noche
se abría en miles de ecos embravecidos.
El alfaquí rezaba, encogido sobre
su caballo, mientras los soldados mascullaban maldiciones sin dejar de atender
ni por un momento a cualquier sonido incierto o al menor movimiento extraño.
Tomás, contagiado de la tensión del
resto, sujetaba con fuerza el arriaz de su cimitarra e intentaba traspasar las
tinieblas con la vista. A pesar de convivir desde hacía muchos meses
constantemente con la guerra, seguía sin haber tenido un encuentro frontal y
directo con ningún semejante. En la batalla de El Vacar estuvo cerca pero no
llegó al enfrentamiento cuerpo a cuerpo. En el percance con Omar Ibn Yussuf,
fue Ahmed el que le rebanó el pescuezo al loco capitán. Él continuaba sin
mancharse las manos de sangre pero ahora le estaba alcanzando un extraño
desasosiego. Sentía como si alguna señal, llegando de no se sabe dónde,
quisiera avisarle de que algo grave estaba a punto de suceder. Esta sensación
no la había experimentado en las ocasiones anteriores y ello le acrecentaba el
nerviosismo.
Intentó serenar el ánimo y se
encomendó al Dios justo y misericordioso.
Aferró el puño sobre el arriaz,
presionó las rodillas contra el caballo, y apretó los dientes.
Era Tomás, hijo de Ludovico, y
sabría hacer honor a su sangre y pelear con la bravura que le correspondía.
Y era también
Abdelaziz, hijo de Ibn al Dabbagh al Tanjaui, y sabría luchar con la fe que su
segundo padre le había transmitido.
Fragmento de "La perla de al Ándalus", novela histórica que se desarrolla durante los primeros años de la desintegración de al Ándalus.
Disponible en Amazon
https://www.amazon.es/PERLA-AL-%C3%81NDALUS-Luis-Molinos-ebook/dp/B014EKZROK?ie=UTF8&keywords=luis%20molinos&qid=1447854305&ref_=sr_1_3&s=digital-text&sr=1-3
Por Ana Cabrero Saiz
Formato:Versión Kindle|Compra verificada
Ha sido un auténtico acierto hacerme del libro. Está maravillosamente escrito (le faltaría tal vez un glosario de palabras árabes que no están en el diccionario).
La historia tiene ritmo, la personalidad de los personajes está perfectamente definida, y encajada con total coherencia en la historia. Mi enhorabuena al escritor.

La historia tiene ritmo, la personalidad de los personajes está perfectamente definida, y encajada con total coherencia en la historia. Mi enhorabuena al escritor.

![LA PERLA DE AL ÁNDALUS de [Molinos, Luis]](https://images-eu.ssl-images-amazon.com/images/I/61s5heREI-L.jpg)
martes, 29 de septiembre de 2015
El infierno de los inocentes.
Empezó a amanecer, las primeras claridades
intentaron levantar las brumas de la madrugada. Primero se empezaron a delinear
las escasas píceas que sobrevivían desperdigadas como centinelas de la noche en
la inmensidad blanca que tenía delante. Después empezó a divisar a su derecha
el terraplén del ferrocarril Moscú-Leningrado, que se elevaba cinco o seis
metros sobre el resto de la nevada planicie. A continuación surgieron los
contornos de las isbas que se dispersaban entre ellos y los enemigos, todas
abandonadas desde que se les aproximó la guerra. Por fin pudo ver las
alambradas que cubrían la posición y que se perdían a un lado y otro a lo largo
de centenares de kilómetros. Estaba llegando el momento de ser relevado, pasó
la mano enfundada en la gruesa manopla sobre su cara y cabeza para quitar la
escarcha helada que la cubría. Ansiaba el instante de regresar al leve calor del
búnker, no podía soportar mucho más tiempo aquel cuchillo helado que atravesaba
las capas de ropa y se clavaba en los huesos.
Volvió la cara hacia la trinchera esperando que
apareciera el relevo, y en ese momento sonó una explosión. Instintivamente se
apretó contra el terreno helado y le pareció que el cielo se derrumbaba sobre
él. El primer estallido se expandió, sin la más mínima pausa, en un terremoto
de fuego y metralla que cayó sobre la posición como una tempestad incontenible.
El ruido era ensordecedor, la luz de las explosiones cegadora, el hielo,
triturado por los impactos, saltaba por los aires formando una espesa niebla,
los árboles ardían, las isbas estallaban en pedazos, la línea de la trinchera a
su espalda iba desapareciendo, quedando en su lugar solo los cráteres
provocados por los obuses. El olor a pólvora se le agarraba a la garganta y le
dificultaba la respiración. El suelo temblaba y se movía sacudiendo su cuerpo. Parecía
que el diluvio de fuego no se iba terminar nunca, los minutos eran eternidades,
pasaba el tiempo y continuaban cayendo bombas a su alrededor incesantemente.
Embutido en su agujero, Daniel no hacía mas que apretarse contra el terreno,
intentando inútilmente perforarlo con su cuerpo para huir de la superficie.
Puso la mano sobre el lugar en que llevaba la foto del cumpleaños, era su
amuleto, lo llevaba cosido a la camiseta, cerca del corazón. Cada vez que
experimentaba una amenaza apremiante palpaba la fotografía como si a su
contacto se desataran fuerzas mágicas que le protegieran de cualquier peligro.
Miró hacia la trinchera y no estaba, había
desaparecido, en su lugar solo había cráteres que iban cambiando de forma a
medida que caían los obuses. Entre el blanco de la nieve pudo distinguir los
cuerpos rotos de algunos compañeros. Los oficiales se desgañitaban dando
órdenes pero era difícil entender lo que decían en medio de aquella barahúnda
terrible. Musitó una oración y se volvió a apretar contra el terreno.
La lluvia mortífera se prolongó durante más de
una hora, la hora más larga de su vida hasta aquel momento. De pronto las
bombas empezaron a caer detrás de su posición, los artilleros enemigos habían
alargado el tiro para no matar a sus propios soldados que iniciaban el asalto. Las
tropas rusas estaban a punto de abalanzarse sobre ellos.
Los compañeros empezaron a salir de los
agujeros, dando tumbos, desorientados, algunos heridos, sangrando. El capitán y
los oficiales intentaron organizar la tropa. Daniel retrocedió unos pasos para
unirse a los demás cuando un regimiento enemigo se lanzaba contra ellos. Una
oleada de sombras blancas avanzaba a la carrera voceando como demonios su grito
de guerra:
-¡Hurra! ¡Hurra! ¡Hurra!
Ya lo había escuchado en las orillas del Voljov,
y según le habían contado provenía de los antiguos cosacos. Era un grito para
enardecerse en el combate y significaba algo así como “al Paraíso”. El que
moría peleando iba derecho al cielo.
El grito resonaba por encima de los disparos y
explosiones.
-¡Hurra! ¡Hurra! ¡Hurra!
Centenares de hombres se abalanzaban sobre ellos
bramando al unísono. Embutidos en sus largos abrigos, disparando sin cesar, hombro
con hombro, cubiertas las cabezas con grandes gorros de lana oscura, con las
lengüetas de las orejas flotando a ambos lados como alas siniestras de pájaros asesinos.
Los que caían era reemplazados al instante por los que les seguían, la marea
humana no parecía tener fin. Las balas silbaban alrededor de Daniel o rebotaban
a escasos centímetros, se tiró sobre la nieve y disparó, una y otra vez, los
asaltantes se movían deprisa, corrían, saltaban, caían, siempre gritando
azuzados por el silbato de los oficiales, él continuaba disparando.
Fragmento de "El infierno de los inocentes", novela que transcurre entre la Guerra Civil española y la II Guerra Mundial.
Disponible en Amazon.
https://www.amazon.es/INFIERNO-LOS-INOCENTES-Luis-Molinos-ebook/dp/B00QAJ7JI6/ref=sr_1_1?ie=UTF8&qid=1469351205&sr=8-1&keywords=el+infierno+de+los+inocentes
Disponible en Amazon.
https://www.amazon.es/INFIERNO-LOS-INOCENTES-Luis-Molinos-ebook/dp/B00QAJ7JI6/ref=sr_1_1?ie=UTF8&qid=1469351205&sr=8-1&keywords=el+infierno+de+los+inocentes
Opiniones de lectores
5.0 de un máximo de 5 estrellas
5.0 de un máximo de 5 estrellas
Tremenda historia 2 de diciembre de 2014
Por Elisa
Formato:Versión Kindle|Compra verificada
En los pocos días que me ha durado la lectura he sentido un gran cariño por los protagonistas, Rosa y Daniel. Tremendo lo que tuvieron que vivir. Extraordinaria novela que nos traslada a un tiempo muy reciente y a una tragedia de dimensiones colosales que tuvieron que soportar nuestros abuelos. Me ha enganchado desde la primera línea y se me ha hecho corta, al final me he quedado con ganas de más. Me encantaría que el autor escribiera una segunda parte. Excelente novela.
![EL INFIERNO DE LOS INOCENTES de [Molinos, Luis]](https://images-eu.ssl-images-amazon.com/images/I/51g6u%2B17SHL.jpg)
domingo, 27 de septiembre de 2015
Análisis (profundo) de la estupidez humana.
Hace pocos días se ha destapado un escándalo monumental de
repercusiones todavía imprecisas, pero que sin duda tendrán una enorme
trascendencia. Volkswagen, el mayor fabricante mundial de automóviles, ha
estado durante años confundiendo a los organismos encargados del control de emisiones
contaminantes con un sistema expresamente diseñado para cometer el fraude.
Asombra que alguien pensara que una estafa de esas proporciones pudiese pasar
desapercibida indefinidamente. Hay que ser cretino para no prever que, con unas
cifras de producción millonarias, alguien, más tarde o más temprano, tendría
forzosamente que percatarse de un engaño tan zafio. Además del daño causado al
medio ambiente, el perjuicio que ha provocado a la propia empresa, a la
industria europea del automóvil en general, y a Alemania en particular, es
incalculable. Es posible que pasemos del: “Es fiable, es alemán”, a “Es alemán,
no te fíes”. Hasta que pase algún tiempo no sabremos con exactitud la dimensión
del estropicio, pero lo lógico es que sea inmensa.
Esto solo es otra prueba más de que el Antiguo Testamento estaba
en lo cierto al asegurar que el número de idiotas es infinito. Hay que añadir, además,
que se distribuyen por todo el espectro social, desde las posiciones más
humildes hasta las de mayor prestigio, no hay más que repasar la lista de
líderes mundiales. Asusta pensar en manos de quién están las armas más
destructivas de que ha dispuesto la humanidad en toda su historia. Y da igual
que esos individuos ocupen el poder por métodos golpistas o hayan sido elegidos democráticamente, en lo relacionado con su nivel de cretinez no se diferencian
mucho. Ayer, sin ir más lejos, hubo elecciones en Cataluña. Contemplando a los
aspirantes a liderar al pueblo, no se
entiende que se haya batido el récord de participación ciudadana. ¿Pero alguien
de verdad quiere ser administrado, guiado, acaudillado, por cualquiera de los
que se han presentado? Parece evidente que la humanidad está en retroceso.
La democracia es el mejor sistema de gobierno que conocemos,
sí, y nos sentimos contentos y orgullosos de su disfrute, sí, pero es un
sistema que equipara el voto de Leticia Sabater al de Fernando Savater, o el de
Paquirrín al de José Antonio Marina. Teniendo en cuenta que hay muchas más
Leticias y Paquirrines no hay que asombrarse del jaez de quienes nos gobiernan,
o de los que nos quieren gobernar. En este sentido, no hay que olvidar el
impagable esfuerzo que hacen las televisiones para incrementar el número de
paquirrines.
El siglo XX ha dado a la sociedad una pléyade de
investigadores que durante décadas se ha consagrado al estudio de la perniciosa
epidemia de la estulticia, a saber: Peter, Bloch, Parkinson, Cipolla, Aprile, y
algunos otros. Todos han explorado, desde diferentes enfoques, el ignoto misterio
de la estupidez humana. El problema es tan escabroso que ninguno de estos
genios ha conseguido aclararlo del todo. No quiero pensar que también ellos
están afectados por el virus que investigan, prefiero mantener un mínimo de
esperanza en el ser humano.
Laurence J. Peter, descubrió que dada una estructura
jerarquizada lo suficientemente grande, y esperando un tiempo adecuado, todo el
mundo ascenderá por ella hasta llegar a su nivel de incompetencia, y una vez
alcanzado, allí se quedará demostrando su incapacidad hasta que se retire a
cuidar sus macetas. El presidente de VW podría ser el paradigma del enunciado.
Arthur Bloch, demostró científicamente con su ley de Murphy,
que si las cosas pueden ir mal, irán mal. E incluso que por muy mal que vayan,
pueden ir todavía peor. Y advierte de su inevitabilidad en su inquietante corolario:
Si algo no puede salir mal, saldrá mal.
Y asegura además que la estupidez es expansiva: Cuantas más personas participan en un acontecimiento, menos
inteligentes se vuelven todas ellas. Para corroborar el aserto no hay más
que contemplar un mitin político.
Produce escalofríos saber que en una sociedad burocratizada
no hay modo de frenar el virus. Lord Northcot Parkinson, demostró que toda
burocracia tiende a crecer a un ritmo del 5% anual, y además, lo hará sin
necesidad de aumentar ni la cantidad ni la calidad del trabajo. O sea, que para
realizar las mismas funciones necesitará cada vez un mayor número de idiotas.
Pero es más, demostró que esa estructura se seguirá expandiendo aunque el
trabajo a desarrollar sea mínimo, y continuará su crecimiento también en el
caso extremo de que no tenga absolutamente nada que hacer.
Carlo M. Cipolla, (se pronuncia Cipola), nos alerta de los
peligros de la estupidez: Siempre e
inevitablemente cada uno de nosotros subestima el número de individuos
estúpidos que circulan por el mundo. E incide en el carácter universal e
incoherente de su distribución: La
probabilidad de que una persona determinada sea estúpida es independiente de
cualquier otra característica de la misma. O sea, la posibilidad de ser
estúpido es indiferente al sexo, raza, religión, o edad, a que haya alcanzado
un determinado estatus social, incluso el más alto en la escala, o a que
pertenezca a uno u otro colectivo, políticos, militares, religiosos, empleados,
deportistas, o cualquier otra profesión. Incluso a que escriba o no en un blog,
o participe en las redes sociales. Cipolla va más allá al asegurar que: Una persona estúpida es aquella que causa un
daño a otra persona o grupo de personas sin obtener, al mismo tiempo, un
provecho para sí, o incluso obteniendo un perjuicio. Si antes advirtió que
siempre se subestima su número, tenemos derecho a temer las peores catástrofes.
Afirma con rotundidad que: El estúpido es
el tipo de persona más peligroso que existe. Más peligroso que el malvado.
Pino Caprile, es aun más pesimista, asegura que la humanidad
ha entrado en un proceso de destrucción de la inteligencia que atribuye a la
necesidad de conservación de la especie. La inteligencia ha llegado a ser un
peligro para la supervivencia de los seres humanos y se ha puesto en marcha un
mecanismo natural para corregir la deriva. Afirma que: En la selección natural y cultural de la especie, prevalece lo peor, si
lo peor es más útil.
Atribuye a Greg y Galton el aforismo de que si se poblara una
aldea con cien irlandeses estúpidos, analfabetos, borrachos y zafios, y con
cien ingleses cultos, bien educados y sobrios (o casi), varias generaciones
después habrá varios miles de zafios y ni un solo gentleman. Sustituyan la
aldea por el espacio europeo, por ejemplo, y esperen dos o tres generaciones.
Ante estas pesimistas previsiones científicamente
demostradas, ¿que podemos hacer?
Y lo que es más inquietante, ¿cómo podemos saber si estamos
infectados con el temible virus?
Habrá que seguir investigando pero no pinta bien.
Así está el mundo, Facundo.
sábado, 26 de septiembre de 2015
La perla de al Ándalus
-¿Tu abuelo trabajó junto a Hasday
Ben Shaprut? -inquirió el viejo con asombro-, no te había oído comentar eso
antes.
-Así es en efecto -respondió
Samuel-. Yo mismo no lo supe hasta hace bien poco porque mi padre no me lo
había revelado nunca. De hecho procura no hablar apenas del abuelo, sus
relaciones se rompieron desde que se negara a aceptar la mujer que le tenían
comprometida y ya nunca más se volvieron a reanudar. Sólo cuando comprobó que
yo me interesaba abiertamente por la medicina me confesó que mi afición se
debería tal vez a mis antecedentes. Yo no tuve la suerte de conocerlo pero por
lo que me contaron deduzco que debió ser un auténtico hacán.
-Muchos consideran a Ben Shaprut el
médico más grande del último siglo.
-Efectivamente, y mi abuelo estuvo
con él muchos años colaborando intensamente. Hasta lo acompañó a tierras de los
cristianos cuando acudió allí a sanar a Sancho el Grueso, el nieto de la reina
Toda.
-Aquél fue un hecho extraordinario -asintió
Abdelaziz en tono reverencioso.
-Así me lo contaron. Era tal la
obesidad de Sancho que se mostraba incapaz de subir a su caballo. Era un inútil
total para la vida cotidiana, pasaba la mayor parte de las horas acostado sin
poder levantarse y Ben Shaprut consiguió devolverle la salud, según me
aseguraron con la muy eficaz colaboración de mi abuelo.
Ahmed los miró asombrado.
-¿Se puede saber por qué estamos
hablando de un gordo en vez de prepararnos para el trabajo? -exclamó
indignado-. La princesa nos ha transmitido las urgencias que la angustian y
nosotros nos entretenemos en hablar de no se qué grasiento cristiano. ¿Es que
hemos perdido el juicio?
-No estamos hablando de un gordo
sino de un sabio que sanó a un gordo -dijo Samuel con calma-, pero vayamos a tu
princesa si lo prefieres, ¿es que es hora ya de emprender ese trabajo tan
importante?
-Así es -asintió Tomás-, y después
de habernos hecho esperar durante mucho tiempo sin la menor noticia, ahora
desea que iniciemos la labor inmediatamente y que esté concluida en tres
semanas, un plazo realmente difícil de cumplir. ¿Sigue en pie tu oferta de
ayuda?
-Desde luego, podéis contar
conmigo. Me vendrá bien para reposar las muchas enseñanzas que intentó inculcarme
el sobrino de Ben Shaprut.
-¡Vaya! -observó Ahmed con cierta
sorna-, nuestro amigo judío se va a dignar acompañarnos en tareas menores para
dejar que su cerebro descanse de tanta función superior.
-No quise decir eso, mala víbora.
Tan solo que estoy encantado de poder ayudar.
-Está bien -cortó el viejo-.
Pongámonos a trabajar que hay mucho por hacer.
Fragmento de "La perla de al Ándalus", novela histórica que se desarrolla durante los años 1009 y 1013, período en el que se inició el declive del Califato.
Disponible en Amazon.es y Amazon.com
Enlace:
https://www.amazon.es/gp/product/B014EKZROK/ref=s9_simh_gw_g351_i3_r?pf_rd_m=A1AT7YVPFBWXBL&pf_rd_s=desktop-1&pf_rd_r=XSAM0ZHD7Y4493PGJTQQ&pf_rd_t=36701&pf_rd_p=6d8f0343-6251-45c8-9899-ea554850c331&pf_rd_i=desktop
![LA PERLA DE AL ÁNDALUS de [Molinos, Luis]](https://images-eu.ssl-images-amazon.com/images/I/61s5heREI-L.jpg)

miércoles, 16 de septiembre de 2015
Frases para políticos
Para ejercer
de político, o sea, para vivir a costa de injerirse en la vida de los demás, no se exigen unos
determinados conocimientos. No es necesario pasarse unos años preparando unas
oposiciones ni hay que superar ningún examen. No se requiere acreditar un
brillante currículo, ni tener don de gentes, ni ser un gran orador, ni
demostrar una experiencia previa, ni saber idiomas, ni evidenciar una concreta capacidad
en alguna faceta de la vida. Basta con conocer a alguien que ya esté instalado
en un partido para que le incluya en alguna lista.
No obstante,
es muy conveniente manejar con soltura una serie de locuciones con las que
impresionar al auditorio sin que se note que no tiene ni idea de lo que está diciendo.
Anoto a
continuación algunas de esas magníficas frases:
Tengo el
absoluto convencimiento de… (lo que sea).
Da igual de
qué se esté hablando. Es indiferente si se está afirmando o negando algo. Lo
importante es que el vulgo comprenda inmediatamente que el político está convencido
absolutamente de lo que dice. Al pronunciar la frase hay que enfatizar
“absoluto”, para dejar bien claro que el que habla está en posesión de la
verdad.
Es un
escenario que no he contemplado.
También
puede decir, si quiere dejar patente que domina los matices:
Es un
escenario que no he barajado.
Es una
respuesta muy útil para cuando no se quiere contestar a una pregunta incómoda.
Denota que el político observa los acontecimientos con el rigor de un
realizador de cine. Cuando se le presenta un problema lo sitúa en el escenario
adecuado donde encontrar la solución más ventajosa para el pueblo. En este caso
aún no lo ha situado en el escenario y por lo tanto no tiene todavía la
solución.
Lo que
este país necesita es… (lo que sea).
Muy
importante. Hay que declamarla con mucha convicción. Demuestra que el político
no tiene ni la menor duda de lo que es mejor para el pueblo. Es fundamental el matiz “este país”, si dice usted “España” puede ser catalogado de retrógrado
o fascista. Diga siempre “este país” que queda mucho más progre. Esta frase suele
ser más adecuada para los que están en la oposición. Saben perfectamente lo que
necesita el país pero no les dejan demostrarlo. El que está gobernando debe
utilizarla con mesura, corre el peligro de que le digan: “Si lo sabe ¿por qué
no lo hace?”.
Tengo
plena confianza en la honorabilidad de mi compañero.
Imprescindible
en el hipotético caso de que algún colega de partido sea pillado con las manos
en la masa. Ya sé que es raro pero podría llegar a ocurrir. Hay que decirla con
el rostro imperturbable, espere a estar completamente seguro de que no le ve
nadie para soltar la carcajada.
Es más lo
que nos une que lo que nos separa.
Esta debe
utilizarse cuando algún compañero se intenta saltar las consignas del grupo.
También es oportuna para cualquier problema con los independentistas.
Hay que
hacer un ejercicio de responsabilidad.
Esta es muy
adecuada para casos de petición de dimisión. Se puede utilizar tanto para reclamar
como para rechazar, ya se trate de algo que nos afecta a nosotros o nuestro grupo,
o a alguien de un grupo adversario. El ejercicio de responsabilidad puede ser
para exigir la inmediata dimisión (es
muy importante que sea inmediata) de alguien, y que el interfecto asuma los
errores cometidos, o para aferrarnos al cargo alegando que cumpliremos con
nuestro deber a cualquier precio y que estamos dispuestos a soportar cualquier
sacrificio.
No me va
a temblar el pulso para... (lo que sea).
Me temo que esta
frase la han rescatado del pasado, me suena que la pronunciaba con asiduidad un
antiguo gobernante. Es necesario que el que la pronuncie tenga un cargo de autoridad
desde donde tomar decisiones, si no podría resultar grotesco. Con esta frase se
deja claro que el pueblo está en buenas manos, firmes y sin tembleques. Los
mandados pueden descansar tranquilos, el que manda tiene el pulso fuerte y los
conducirá por la senda más conveniente.
No es el
momento de… (lo que sea).
En este caso
“lo que sea” es evidentemente molesto para el que la pronuncia, así que hay que
aplazarlo indefinidamente. Repitiéndola con frecuencia el momento nunca
llegará.
Estamos siguiendo la hoja de ruta.
Si alguien
quiere saber qué está haciendo conteste con esta frase. No se preocupe por
saber que hoja es esa, ni siquiera si existe, nadie le va a preguntar. Basta
con que diga la frase con convencimiento, el pueblo entenderá que usted va por
una ruta que conoce bien y que no se va a perder; se sentirá confiado.
Hay muchas más, pero
con estas ya puede empezar a desarrollar su sacrificada e impagable labor.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)