viernes, 6 de marzo de 2020

La isla de los cocos.


En medio del océano más grande que te puedas imaginar hay una isla a la que siempre se la conoció como la isla de los cocos.
No se sabe con seguridad quién la bautizó con ese nombre pero el que lo hizo no tuvo que esforzarse mucho, si vas por allí verás que toda la isla está rodeada de hermosas playas de arenas blancas y finísimas, y bordeando cada playa hay filas y filas de cocoteros que las contornean y las protegen como si fueran altos guardianes.
Seguro que si nadie te hubiera dicho antes cómo se llamaba y tuvieras que darle un nombre, tú también la bautizarías como la isla de los cocos.
Hay otras islas por los alrededores y algunas veces se reunían los habitantes de todas ellas para celebrar juntos alguna fiesta. Debo decirte que estas reuniones no las hacían tan a menudo como les hubiera gustado porque aquél mar es tan inmenso que para llegar a la isla más cercana necesitaban emplear varios días navegando, y a veces se desataban grandes tormentas y el mar se encrespaba mucho por aquellos parajes.
Así y todo les gustaba reunirse para contarse unos a otros las cosas que les sucedían, en qué empleaban el tiempo, cómo estaban sus familias, cómo crecían los hijos, y todas esas cosas que se cuentan los amigos cuando se ven de tarde en tarde. Por eso procuraban aprovechar cualquier motivo para organizar un encuentro.
Tenían un problema, y es que como vivían muy lejos unos de otros no hablaban el mismo idioma y para comunicarse entre sí tenían que hacerlo por gestos o por signos.
Los hombres a veces hacen cosas muy raras, como por ejemplo hablar distinto unos de otros. Si el lenguaje lo inventaron para comunicarse y transmitirse los conocimientos y las emociones sería más fácil si todos hablasen igual, pero no es así. Hasta hay algunos que se empeñan en hablar distinto con tanta vehemencia que llega a parecer que lo hacen para que no se les entienda.
Bueno, a pesar de no entenderse les gustaba celebrar muchas fiestas, y no las hacían siempre en el mismo sitio, sino que las iban desplazando de un lugar a otro para que todos tuvieran la oportunidad de ejercer de anfitriones.
Cuando tocaba celebrarlas en la isla de los cocos, los forasteros que llegaban desde los alrededores siempre se asombraban de lo hermoso y bien cuidado que estaba todo.
- ¿Cuál es vuestro secreto? –preguntaban por medio de gestos de admiración.
Abrían la boca cuanto podían, señalaban a todas partes con el dedo índice, se ayudaban con los brazos abriéndolos mucho y haciendo grandes círculos con ellos, y asentían con la cabeza moviéndola hacia arriba y hacia abajo. Con todos esos gestos querían decir que estaban asombrados con lo que veían y que querían saber cuál era el secreto de los habitantes de la isla.
- No tenemos ningún secreto –contestaban siempre, encogiéndose de hombros.
Y no es que quisieran ocultar algún misterio mágico para que los demás no pudieran aprovecharse de él. Tampoco es que tuvieran escondida una fórmula maravillosa con la que conseguían que todo estuviera tan bonito y agradable. No. Es que realmente ellos sentían que no hacían nada especial para que las cosas funcionaran y para que todos los habitantes vivieran en un entorno tan placentero.
- No hacemos nada especial, nos limitamos a vivir.
Y eso era verdad para ellos en aquél momento, porque no se acordaban de los que habían vivido antes, de sus antepasados, los que ya no estaban, que habían trabajado mucho y durante mucho tiempo para que todo estuviera tan bonito en el presente.
En la isla tenían un jefe muy viejo. Era tan viejo que nadie sabía a ciencia cierta que edad tenía. Unos decían que tenía ciento quince años y otros que ciento veinte, pero seguro, seguro, no lo sabían. Le llamaban Yayin, que en el idioma de aquellas tierras significa abuelito, y todos le respetaban mucho porque como era tan viejo sabía muchas cosas. Cuando las gentes tenían un problema que no sabían cómo resolver iban a pedirle consejo a Yayin, y él siempre les daba la solución adecuada.
Por ejemplo, llegaba alguien y le planteaba un asunto:
- Yayin, tengo un árbol con unas raíces muy grandes y muy fuertes y como está cerca de la casa tengo miedo de que las raíces se metan por debajo y tiren las paredes. Pero yo no quiero cortar el árbol porque me da mucha sombra, ¿qué puedo hacer?
Otro le decía:
- Yayin, mi papallina ni pone huevos ni canta, ¿qué puedo hacer para que cante y ponga huevos como antes?
Entonces, normalmente el abuelo se quedaba un momento pensativo y luego decía:
- Recuerdo una vez un caso similar a este que me cuentas. En aquella ocasión hicimos esto y lo otro y se arregló el problema, así que vamos a hacer lo mismo.
Aunque también podía decir:
- Recuerdo una vez un caso similar a este que me cuentas. En aquella ocasión hicimos lo otro y lo de más allá y no se arregló el problema, así que ahora vamos a hacer otra cosa para solucionarlo.
Porque como era tan viejito, a menudo recordaba algo que tenía que ver con lo que le preguntaban y era fácil para él encontrar la buena respuesta.
Pero no creas que todo lo que sabía era porque ya lo había vivido, muchas cosas, muchísimas, las había aprendido en los libros. Le gustaba mucho leer y como tenía tantos años había tenido tiempo de leer miles y miles de libros. Él decía que leía un libro cada semana y que empezó a leer a los seis años. Así que haciendo cuentas, yo calculo que había leído más de cinco mil libros, pero de eso no estoy seguro, tan sólo es lo que yo creo. Porque también podría ser que no hubiera tantos libros en la isla.
Aunque, pensándolo bien, también pudiera ser que si un libro le gustaba mucho lo leyera varias veces y así se lo aprendía mejor. El caso es que Yayin sabía muchas cosas, unas las había aprendido por propia experiencia, y otras por la experiencia de sus antepasados, los que habían escrito aquellos libros.
Yayin tenía muchos hijos y muchísimos nietos. Y los hijos de sus nietos eran todavía más numerosos, y más aún los nietos de sus nietos.   
Sus hijos y nietos lo habían conocido cuando todavía era más o menos joven y se acordaban un poco de cuando aún tenía los cabellos negros, pero los demás siempre lo habían visto viejo y no era lo mismo. Éstos también lo querían mucho pero un poco menos y a veces decían cosas como:
- Yayin sabe mucho, sí, es verdad, pero es muy viejo.
O también,
- No sé si Yayin va a entender mi problema porque está tan arrugado...
O incluso,
- No le voy a preguntar a Yayin porque como es tan anciano no va a saber qué decirme.
Porque hay algunos jóvenes que piensan que ellos saben mucho porque pueden caminar deprisa, y en cambio los viejos, como andan más despacio, ya no saben casi nada.
No siempre la isla había sido tan bonita como era ahora. Muchos años atrás, antes de que naciera Yayin, a veces los cocoteros se pasaban mucho tiempo muy quietos, como si estuvieran pensando. No se movían ni siquiera los días que hacía tanto viento que era difícil caminar. Parecía como si se hubieran quedado petrificados.
En aquellos días no producían cocos y los habitantes de la isla se ponían muy tristes.
Otras veces crecían unos cocos muy pequeños y feos que cuando los abrían mostraban una pulpa de color pardo que sabía muy raro, como cuando te tomas una medicina amarga.
Cuando pasaba eso tampoco estaban felices los isleños.
Pero ya nadie se acordaba de aquellas épocas porque la gente procura olvidarse de los momentos tristes.   
Como los cocos llevaban ahora mucho tiempo creciendo grandes y hermosos y cuando se abrían mostraban una pulpa muy blanca con la que hacían unos dulces muy sabrosos, la gente estaba siempre contenta.
Porque en la isla eran así, cuando no eran felices todos se preocupaban y discutían y procuraban arreglar sus cosas todos juntos. Pero cuando llegaban los buenos momentos y todo era bonito y alegre ya nadie se acordaba de que en algún tiempo pasado las cosas habían sido de otra forma.
Al contrario, la gente tendía a creer que las cosas siempre habían sido igual de hermosas y que iban a seguir así por siempre jamás. Porque los hombres llegan a pensar, cuando poseen algo que les gusta, que les pertenece porque es un regalo de los dioses y ya no lo van a perder nunca.
Por eso, cuando al fin un día Yayín murió, hubo es verdad algunos que le lloraron, pero otros muchos celebraron grandes festejos porque los cambios y las cosas nuevas siempre resultan divertidas.
Así que eligieron a un sustituto que era mucho más joven que Yayin, aunque estas cosas son relativas, como Yayin era tan viejo cualquiera a su lado parecía joven. Cuando se olvidaron del abuelo y no tenían con quién comparar también el nuevo parecía muy viejo. Así que decidieron seguir cambiando. Total, para lo que tenía que hacer..., como el presente les preocupaba menos, lo que querían era que alguien joven, galano, y simpático, les prometiera un esplendoroso mañana con bellas palabras y todavía mejor si las decía en verso.
Así que fueron eligiendo a jefes cada vez más jóvenes y más simpáticos. Les escuchaban decir unas frases tan hermosas que todas las gentes vivían embelesadas pensando en lo maravilloso que iba a ser el mañana.
Los habitantes de la isla, entusiasmados, fueron nombrando a sus jefes más y más jóvenes, y más y más simpáticos.
Cuando el mar se alborotó tanto, y se puso tan rabioso, el jefe era un jovencito muy jovencito, con lindos tirabuzones rubios y simpatiquísimo. Siempre estaba sonriendo y tratando de agradar a quien lo miraba, todo lo decía en verso y cantando.
Un día los isleños corrieron a avisarle de que se acercaba una tormenta muy fuerte y le preguntaron qué tenían que hacer, y entonces él se puso a tocar el arpa con mucho entusiasmo.
Cuando la gran ola llegó, se tragó a todos los habitantes.

viernes, 7 de febrero de 2020

Un poco de respeto.



Ayer el presidente del gobierno de España fue a Barcelona para entrevistarse con el señor Torra. Lo de menos es que este último esté inhabilitado para ejercer el cargo del que hace gala. Tampoco tiene mucha importancia que el susodicho sea un racista y xenófobo que nos ha insultado a todos los españoles. Paso por alto que esté permanentemente alentando un golpe de estado para separar una parte del territorio del resto, por las bravas, poniendo en peligro la estabilidad de todo el país. Lo verdaderamente indignante es que el susodicho preparase un recibimiento al presidente del gobierno con una escuadra de mozos ¡en alpargatas! Como atestiguan sin ninguna duda las fotos del evento los componentes de tan marcial grupo iban ¡en alpargatas! ¡Por favor!, ¿cómo es posible tamaña falta de respeto? Qué menos que ponerse unos zapatitos de charol para recibir a tan insigne personalidad. No es de recibo que el señor de la derecha, por ejemplo, vaya cargado de medallas conseguidas a no dudar en heroicas acciones de servicio al pueblo y proteja sus pinreles con unas toscas esparteñas de llamativo colorido. Por favor, un poco de respeto a la insigne visita.
Acompaño una fotografía que ejemplifica con claridad que es mucho más adecuado un calzado negro para acompañar a cualquier uniforme.   

jueves, 5 de diciembre de 2019

En defensa del ujier.



Hace casi cuatro años, escribí lo siguiente:

He estado siguiendo la sesión de investidura y me ha llamado la atención un hecho ciertamente lamentable. Cada vez que un diputado o diputada se situaba en el estrado para deleitarnos con la correspondiente retahíla de lugares comunes, un caballero de cierta edad subía los escalones que llevan al atril con un vaso de agua para su señoría. Este señor iba embutido en un circunspecto uniforme acompañado de la correspondiente corbata perfectamente anudada al gollete. Una vestimenta impecable pero a todas luces molesta. Sin embargo, la señoría de turno vestía en ocasiones de modo que podríamos calificar como desenvuelto, tal vez rozando la ordinariez. Me parece humillante. ¿Por qué se obliga a un empleado subalterno a vestir de modo encorsetado e incómodo mientras los próceres de la patria van como si estuvieran en un chiringuito de la playa? Reclamo el derecho de los ujieres a vestir pantalón corto y chancletas, si ese es su deseo, para que puedan realizar su labor de un modo más relajado y placentero. Mantenerlos oprimidos en los uniformes me retrotrae a los tiempos de la esclavitud, es una prueba fehaciente de que no se han eliminado las odiosas diferencias de clase. Estas señorías que tan preocupados se muestran con las desigualdades sociales deberían empezar por eliminarlas de su lugar de trabajo (es un decir). Es una falta de respeto a los humildes trabajadores obligarlos a vestir de un modo que esquivan alegremente los que deberían dar ejemplo. Si los diputados y diputadas persisten en acudir al Congreso, el recinto en el que están representando a todos los ciudadanos, como si se acabaran de levantar de la cama después de haber dormido con la ropa puesta, justo es que los ujieres y demás empleados del lugar vistan como les venga en gana.

A raíz de la reciente sesión de constitución de las nuevas cortes he podido constatar que en el tiempo transcurrido, no solo no hemos mejorado, sino que la cosa ha ido francamente a peor. Ya no solo por la falta de cuidado en la forma de vestir, sino y más grave, en la forma de proceder. Lo primero que tienen que hacer los nuevos diputados y diputadas para ocupar sus escaños, y en consecuencia, para cobrar sus sueldos, es, lógicamente, jurar o prometer la Constitución. Es muy sencillo, hasta un niño puede hacerlo. Sin embargo sus señorías se enredan en bastardear la formula añadiendo al simple hecho de decir “juro” o “prometo” las mayores idioteces que se le pueden ocurrir a un cerebro infantiloide. Además de estúpido, es indignante que los que están allí para representarnos porque nos hemos molestado en ir a votar unas listas en las que iban incluidos, y que van a cobrar de los impuestos que nos detraen a todos, no guarden la mínima compostura con las formas que la importancia del acto demanda. Y es indignante que la presidencia, que debería ser cuidadosa con la solemnidad del momento, pase por alto esos comportamientos que desvirtúan la ceremonia y asuma que han aceptado la Constitución unos personajes que realmente están diciendo que no la aceptan. Estoy harto de que nosotros, los sufridos paganos, tengamos que soportar estas humillaciones. Estoy harto de que estos politicuchos de mierda se rían de los que les hemos votado. Estoy harto de que no sean capaces ni de cumplir con la mínima obligación que les corresponde. Estoy harto de que cualquier mindundi sin preparación se crea autorizado a pasarse por el forro normas y comportamientos que nos exigen a todos los demás. Y por eso reivindico que los ujieres, por ser lo que están más cerca de esas supuestas señorías, adopten conductas similares y cuando, por ejemplo, les demanden un vaso de agua, contesten: “Pídeselo a Snoopy, o al Capitán Trueno, o a Spiderman.” Y que se les seque la garganta. Total, para las idioteces que dicen.         

jueves, 21 de noviembre de 2019

El virus de la idiotez.


Hace poco, en una televisión belga le hicieron una entrevista al fugado exhonorable y en esa ocasión los entrevistadores no parecían sus mejores amigos. Viendo la reacción del interpelado no hay más remedio que plantearse unos cuantos interrogantes:
1-¿Cómo es posible que un personaje tan idiota y ridículo tenga seguidores? A menos que estos sean tanto o más idiotas que el propio sujeto.
2-¿Cómo es posible que un personaje tan idiota mantenga ascendencia sobre los que ahora están al mando del Gobierno de Cataluña? A menos que estos sean tanto o más idiotas que el propio sujeto.
3-¿Cómo es posible que un personaje tan idiota mantenga en jaque al Gobierno de España? A menos que los integrantes del Gobierno de España sean tanto o más idiotas que el propio sujeto.
4-¿Cómo es posible que un personaje tan idiota pueda poner en peligro la convivencia de todo un país? A menos que la mayoría de sus habitantes seamos tanto o más idiotas que el propio sujeto.
La idiotez es un virus terrible que se propaga subrepticiamente adueñándose de la voluntad de las personas. Cada vez se extiende más y nadie parece intentar poner remedio. Está muy bien investigar el alzheimer, el cáncer, el sida, y todas esas terribles enfermedades que nos amenazan, pero alguien debería investigar la idiotez, un mal que ha causado a lo largo de la historia, más desgracias, sufrimiento y muertes que cualquier otra epidemia maligna. Harían bien los gobiernos en dedicar tiempo y recursos a esa investigación. A menos que todos ellos estén ya infectados irremisiblemente por el virus. 

domingo, 3 de noviembre de 2019

Palabras de origen americano.


El idioma castellano se ha ido enriqueciendo a lo largo de los siglos con expresiones originarias de las lenguas de otras culturas con las que los españoles entablaron una fuerte y duradera relación. De los pueblos originarios de América han quedado algunos términos muy arraigados, de uso muy habitual, como canoa, piragua, chicle, tomate o chocolate. Otros tuvieron menos éxito pero ahí están. Esta es una pequeña relación de algunos de ellos. 

Palabras de origen taíno.
Areito – Danza india.
Baquiano – Rastreador, guía, veterano.
Barbacoa – Parrilla, artilugio con palos en punta.
Bejuco – Planta sarmentosa y trepadora, propia de regiones tropicales.
Bohío – Morada india, choza hecha de palma, madera o ramas, sin más respiradero que la puerta.
Cacique - Jefe indio.
Canoa – Bote indio.
Cazabe – Torta que se hace en partes de América con harina sacada de la raíz de la mandioca.
Chaquira – cuentas, abalorios, collares que llevaban los españoles
Coa – Palo para cavar.
Conuco – Porción de tierra que los indios taínos dedicaban al cultivo.
Cocuyo o cucuyo - Insecto de América que emite una luz azulada bastante viva por la noche.
Curare – Sustancia negra, resinosa y muy tóxica, se extrae de varias plantas y paraliza los nervios.
Dúho – Asiento bajo de honor.
Guanín – Aleación de oro de baja calidad.
Guacamayo – Ave de América, especie de papagayo, con plumaje de vistosos coloridos.
Guasábara – Motín, conflicto, enfrentamiento.
Guayaba – Fruto del guayabo.
Guayabo – Árbol de América de la familia de las Mirtáceas.
Guayacán – Árbol de América tropical de la familia de las Cigofiláceas, de hasta doce metros de altura.
Huracán – Viento de fuerza extraordinaria.
Macana – Arma ofensiva parecida al machete, hecha de madera dura, y con filos cortantes de obsidiana.
Maíz – Planta de la familia de las Gramíneas, produce mazorcas con granos gruesos muy nutritivos.
Maguey – Pita, planta de la familia de las Amarilidáceas. De una variedad se saca un líquido azucarado del que se hace el pulque.
Magueyal – Terreno plantado de magueyes.
Mamey -  Árbol de las Gutíferas de hasta 15 m de altura. Fruto de ese árbol.
Naboría – Sirviente indio permanente.
Nagua – Saya interior de tela blanca a modo de falda.
Piragua – Embarcación larga y estrecha, mayor que la canoa, hecha generalmente de una pieza.
Taíno – Individuo perteneciente a los pueblos amerindios de las Antillas. Lengua de esos pueblos.
Tuna – Higuera, con fruto del mismo nombre.
Yuca – Planta de América tropical con flores blancas y raíz gruesa de la que se saca harina alimenticia.

Palabras de origen náhuatl.
Acahual – Especie de girasol. Hierba alta y de tallo grueso.
Acocote – Calabaza larga agujereada en ambos extremos, se usa para extraer el aguamiel del maguey.
Amate – Árbol de la familia de las moráceas. Produce un jugo lechoso que se usa como resolutivo.
Atole – Bebida caliente de harina de maíz disuelta en agua o leche.
Aguacate – Árbol de América de la familia de las Lauráceas. Fruto de ese árbol.
Ayote – Calabaza.
Cacao – Árbol de América de la familia de las Esterculiáceas. Semilla de ese árbol.
Cacahuete – Planta papilionácea de fruto con cáscara coriácea, y semilla comestible. De ella se obtiene también aceite.
Calpixque – Capataz, encargado de otros indios.
Camote – Batata.
Capulí – Árbol rosáceo.
Capulina – Cereza que produce el capulí.
Chalchihuite – Especie de jade verde muy apreciado por los antiguos mexicas.
Chía – Semilla de una especie de salvia. Se utiliza para hacer refresco.
Chicalote – Planta de la familia de las Papaveráceas, con semilla en cápsula ovoide. Se usa en medicina.
Chicle – Gomorresina que fluye del tronco del chicozapote. Se mastica y se vende en panes.
Chicozapote – Árbol americano de la familia de las Sapotáceas, de unos veinte metros de altura.
Chile – Pimiento.
Chocolate – Pasta hecha con cacao y azúcar.
Copal – Árbol de la familia de las Burseráceas, de los que se extrae la resina del mismo nombre.
Coyote – Especie de lobo que se cría en México y otros países de América.
Epazote – Planta herbácea de un metro, se toma en infusión.
Escaupil – Sayo de armas acolchado con algodón, usado por los antiguos mexicanos.
Galpón – Casa grande, cobertizo grande con paredes o sin ellas.
Guaje – Planta de la familia de las Cucurbitáceas. Fruto de esa planta.
Huipil – Blusa adornada, enagua o falda que usan las mujeres indígenas en Centroamérica.
Jícama – Tubérculo comestible parecido a la cebolla.
Macehual – Macegual, hombre que se dedicaba al transporte de carga, peón, jornalero.
Mastate – De maxtlatl, ceñidor que usaban los aztecas, pañal o braga.
Nahua – Se dice de un pueblo que habitó América Central antes de la llegada de los españoles. Lengua principalmente hablada por los mexicanos.
Nopal – Planta de las Cactáceas. Su fruto es el higo chumbo.
Petate – Estera de palma.
Pozole – Guiso de maíz tierno, carne y chile.
Pulque – Bebida alcohólica, blanca y espesa, que se obtiene por fermentación del jugo extraído del maguey con el acocote.
Quetzal – Ave de hermosos colores, verde y rojo.
Sonzapote – Árbol de las Rosáceas de hasta 30 m de altura, de fruto con pulpa amarilla.
Tamal - Empanada de masa de harina de maíz envuelta en hoja de plátano.
Tameme – Cargador indio que acompañaba a los viajeros.
Tecojote – Planta rosácea de fruto amarillo. Fruto de esa planta.
Tecolote – Búho. En México, miembro del cuerpo de policía.
Teponastle – Instrumento musical indígena, parecido a un tambor pequeño.
Teul – Dios en náhuatl. En Honduras, español que llegaba a América, extranjero, explotador.
Tomate – Fruto de la tomatera.
Tul – Planta de la familia de las Tifáceas, de dos metros de altura, con las hojas en forma de espada.
Tule – Planta de tallo largo con cuyas fibras se tejen petates y asientos de sillas.
Zapote – Árbol americano de la familia de las Sapotáceas. Fruto de ese árbol.
Zompantli – En los templos aztecas, lugar en donde se colocaban en fila los cráneos de las víctimas.

Palabras de origen maya.
Cigarro – Rollo de hojas de tabaco que se enciende por un extremo y se fuma.
Cu – Templo o adoratorio de los indígenas prehispánicos en Mesoamérica.
Henequén – Planta amarilidácea, parecida a la pita.

Palabras de origen quechua.
Cancha – Terreno, espacio, sitio llano y desembarazado.
Caucho – Látex producido por varias moráceas y euforbiáceas intertropicales.
Chácara – Chacra, alquería o granja.
Chácara – Monedero, bolsa tejida con fibras vegetales.
Chaco – Montería con ojeo, que hacían los indios de América, estrechando en círculo la caza.
Chasqui – En el Imperio incaico, mensajero que transmitía órdenes y noticias.
Chuspa – Bolsa, morral.
Cóndor – Ave rapaz de más de un metro de longitud y tres de envergadura, plumaje negro azulado, collar blanco, y espalda y parte superior de las alas también blancas. La mayor de las aves que vuelan.
Cucayo – Provisiones de boca que se llevan en el viaje.
Curaca – Cacique, potentado o gobernador.
Guaca – Sepulcro de los antiguos indios. Tesoro escondido o enterrado.
Guanaco – Mamífero rumiante de metro y pico de los Andes.
Guaraca – Cuerda que se arrolla a la peonza para hacerla bailar.
Mamacona – Entre los incas, matrona dedicada al servicio de los templos, a su cuidado estaban las jóvenes vírgenes del Sol.
Mitimae – Miembro de un grupo que es trasladado de su lugar de origen a otro distinto por fines políticos.
Ñuto – Machacado, molido. Añicos, trizas, polvo.
Ojota – Sandalia hecha de cuero o filamento vegetal que usaban los indios del Perú.
Papa – Patata.
Pirca – Pared de piedra en seco.
Pucará – Fortaleza con gruesas pircas que se construían en alturas estratégicas.
Quipu – Cada uno de los ramales de cuerdas anudados, de varios colores, que los indios del Perú usaban para suplir la falta de escritura. También expresaban números.
Runa – Hombre indio.
Tambo – Tienda rural pequeña. Especie de corral.
Vicuña – Mamífero rumiante parecido a la cabra, de cuello largo y erguido, vive en los Andes
Vizcacha – Roedor que vive en Perú, Bolivia, Chile y Argentina. Es de cuerpo rollizo y mide unos 80 cms.

Palabras de origen caribe.
Caoba – Árbol de la familia de las meliáceas que alcanza unos 20 mtrs de altura.
Colibrí – Pájaro insectívoro de tamaño muy pequeño y pico largo y débil.

Palabras de origen aimara.
Aimara – Se dice del individuo de una raza que habita la región del lago Titicaca.
Alpaca – Mamífero rumiante, de la misma familia que la llama. Pelo de este animal. Paño hecho con este pelo.
Amauta – En el antiguo imperio de los incas, sabio o filósofo.
Coya – Entre los antiguos incas, mujer del emperador, soberana, princesa.

domingo, 27 de octubre de 2019

Palabras de origen árabe.



Los árabes invadieron la península ibérica en el siglo VIII y no la abandonaron hasta el XV. En todo ese tiempo la lengua castellana se enriqueció con nuevos términos aportados por los invasores. Nuestro idioma posee unos 3.000 vocablos de origen árabe. Solo las palabras que comienzan con la letra A, el grupo más numeroso, superan las 600. Son palabras, la mayoría, de hermosa sonoridad

Las relacionadas con las plantas y con el agua son quizás las más musicales:
Albahaca – Planta de la familia de las Labiadas, de flores blancas y fuerte aroma.
Alberca – Depósito artificial de agua, para el riego. 
Albitana – Cerca con que los jardineros resguardan las plantas.
Albufera – Laguna litoral, en costa baja, de agua salina.
Alcorque – Hoyo que se hace al pie de las plantas para retener el agua de riego.
Alema – Porción de agua de regadío que se reparte por turno.
Alfaguara – Manantial copioso que surge con violencia.
Algarroba. Algazul. Alhelí. Alheña. Alforfón.
Hay muchas para expresar un estado de ánimo:
Alborozo – Extraordinario regocijo.
Albricias – Regalo que se da a quien trae una buena noticia.
Algarabía – Gritería confusa de varias personas que hablan a un tiempo.
Algazara – Ruido de muchas voces juntas, por lo común de alegría.
Alharaca – Extraordinaria demostración para manifestar ira, admiración o alegría.
Es importante el grupo de las relacionadas con la comida:
Alajú – Pasta de almendras, nueces y piñones, pan rallado, especia fina y miel.
Albacora – Breva.
Almíbar – Azúcar disuelto en agua y cocido al fuego.
Albaricoque. Albóndiga. Alcaparra. Alcachofa. Alcuzcuz. Alejija. Aletría. Alficoz. Azúcar. Arroz.
Hay palabras para designar a diferentes tipos de aves:
Alcatraz. Alcaudón. Alcotán. Alfaneque. Alferraz.
Hay muchas palabras relacionadas con la construcción de edificaciones:
Alarife – Arquitecto, maestro de obras.
Alaroz – Larguero fijo que divide el hueco de una puerta o ventana.
Alféizar – Vuelta que hace una pared en el corte de una puerta o ventana.
Alfiz – recuadro del arco árabe.
Albañil. Alcazaba. Alcázar. Atalaya.
Palabras, palabras, hermosas palabras:
Alacena – Armario, generalmente empotrado en la pared.
Alacrán – Escorpión.
Aladar – Mechón de pelo que cae sobre cada una de las sienes.
Aladroque – Boquerón.
Alafa – Salario, sueldo.
Alafia – Gracia, perdón, misericordia.
Alahílca – Tapicería para adornar las paredes.
Alambique – Aparato para destilar.
Alamud – Barra de hierro que servía de cerrojo para puertas y ventanas. 
Alarde – Ostentación que se hace de algo. Revista militar.
Alaroza – Novia.
Alazán – Dicho de un color, más o menos rojo, muy parecido al de la canela.
Albacea – Persona encargada de cumplir la última voluntad del finado.
Albahío – De color blanco amarillento.
Albanega – Especie de cofia o red para recoger el pelo.
Albañal – Conducto que da salida a las aguas inmundas.
Albarán – Nota de entrega que firma la persona que recibe una mercancía. 
Albarda – Pieza principal del aparejo de las caballerías de carga.
Albardán – Bufón.
Albarrada – Pared de piedra seca.
Albéitar – Veterinario.
Albogue – Flauta rústica, de madera o caña, propia de pastores. 
Alborga – Calzado rústico de soga o esparto.
Albornoz – Especie de capa con capucha. Prenda para secarse.
Albur – Contingencia o azar a que se fía el resultado de una empresa.
Alcahuete – Persona que facilita o encubre una relación amorosa.
Alcaide – Persona que tiene a su cargo el gobierno de una cárcel.
Álcali – Hidróxido metálico muy soluble en el agua. Alcohol
Alcancía – Vasija, comúnmente de barro, donde se guardan monedas.
Alcándara – Percha donde se ponían las aves de cetrería.
Alcarraza – Vasija de arcilla porosa, especie de botijo. 
Alcatifa – Tapete o alfombra fina.
Alcoba – Dormitorio
Alcor – Colina o collado.
Alcuza – Vasija de barro u otro material en que se guarda el aceite.
Aldaba – Pieza de hierro o bronce que se pone en las puertas para llamar. 
Alfajeme – Barbero
Alfalfa – Mielga común que se cultiva para forraje.
Alfanje – Especie de sable, corto y corvo.
Alfaraz – Caballo que usaban los árabes para las tropas ligeras.
Alfayate – Sastre.
Alfeñique – Persona delicada de cuerpo y complexión.
Alférez – Oficial de graduación inmediatamente inferior al teniente.
Alfil – Pieza del juego del ajedrez.
Alguaza – Bisagra o gozne.
Alforza – Pliegue o doblez que se hace en como adorno o para acortarlas.
Algaba – Bosque, selva.
Algaida – Terreno arenoso a la orilla del mar.
Algara – Tropa de a caballo que salía a saquear la tierra del enemigo. 
Alcalde. Aldea. Alfiler. Alfombra. Alforja. Álgebra. Algoritmo. Algodón. Alguacil. Alhaja. Almohada… 
Añafil – Trompeta recta de unos 80 cm de longitud. 
Añil – Arbusto perenne del que se obtiene una pasta de color azul oscuro.
Añagaza – Artificio para atraer con engaño.
Argolla. Arrabal. Arrecife. Arroba. Atún. Azabache. Azagaya, Azahar. Azar...

Son mayoría los que empiezan por la letra A, pero también forman un grupo numeroso los que comienzan con la última letra del abecedario:

Zacatín – En algunos pueblos, plaza o calle donde se venden ropas.
Zafa – Jofaina
Zafio – Grosero o tosco en sus modales.
Zafra – Vasija grande de metal en que se guarda aceite.
Zafrán – Azafrán.
Zaga – Parte trasera de algo.
Zagal – Muchacho que ha llegado a la adolescencia.
Zaguán – Espacio cubierto, inmediato a la puerta de una casa que sirve de entrada a ella.
Zahora – Comilona o merienda de amigos en la que hay bulla y zambra.
Zahorí – Persona a quien se atribuye la facultad de descubrir lo que está oculto.
Zaino – Traidor, falso.
Zaino – Dicho de un caballo, castaño oscuro o negro, sin ningún pelo blanco.
Zalama – Zalamería, demostración de cariño afectada.
Zalea – Cuero de oveja o carnero, curtido de modo que conserve a lana.
Zalona – Vasija grande de barro sin vidriar.
Zamacuco – Persona torpe y abrutada. Embriaguez o borrachera.
Zambra – Fiesta de los moriscos.
Zaque – Odre pequeño.
Zaquizamí – Desván, último cuarto de la casa, desacomodado y poco limpio.
Zaragüelles – Calzones anchos y con pliegues. 
Zarco – Dicho de los ojos, de color azul claro.
Zarracatín – Individuo que procura comprar barato para vender caro.
Zarzahán – Tela de seda, delgada como el tafetán y con listas de colores.
Zéjel – Composición estrófica de la métrica española.
Zofra – Especie de tapete o alfombra.
Zubia – Lugar por donde corre o afluye mucha agua.
Zulaque – Betún hecho con estopa, cal, aceite y escorias o vidrios molidos.
Zurrapa – Brizna o sedimento que se halla en los líquidos y que se va sentando.
Zurriaga – Látigo con que se castiga o zurra.
Zanahoria. Zoco. Zoquete. Zorzal…

En definitiva, una herencia ubérrima que nos permite, por ejemplo:
Tomarnos una taza de café en un rincón del zaguán.
Sentarnos en un diván carmesí a tocar una guitarra con tapa de nácar.
Expresar un ferviente deseo: ¡Ojalá, me den suerte estos dados de marfil!
Pasear por el barrio o evitar una rambla.
Llegar hasta una dársena empujados por el lebeche.
Tomarnos un sorbete de naranja, de lima, de limón, o de sandía.
Leer “El tambor de hojalata” o “La pluma escarlata”.
O realizar una hazaña que asombre al mundo.
Palabras, al fin, para comunicarnos o para pensar:
Elixir, gacela, jazmín, jabalí, jirafa, berenjena, bellota, bedel, cafre, cambuj, carraca, cerbatana, cero, cifra, felús, fideo, fonda, fulano, gandul, mazmorra, mezquino, nadir, ¡ox!, quilate, quiosco, rabel, rábida, rebato, rehén, rejalgar, retama, tarima, tarifa, toronja…

Si tuviera que elegir tres, tal vez me quedaría con albahaca, azahar, y alborozo.