Laurence
J. Peter (1919-1990) fue un pedagogo y escritor canadiense que se hizo famoso
en 1969 al publicar su libro “El principio de Peter”, una obra escrita en clave
de humor que asegura que en una organización jerarquizada todo empleado tiende
a ascender hasta alcanzar su nivel de incompetencia y ahí se queda para siempre
por lo que las grandes organizaciones están presididas por incompetentes y solo
funcionan por el trabajo de los empleados que todavía no han alcanzado su nivel
de incompetencia. En su momento el libro fue un éxito mundial y tuvo alguna
otra secuela del propio autor. Hoy ha quedado un tanto olvidado pero su
filosofía sigue siendo muy válida.
No
hay mayor organización jerarquizada que la administración de un Estado. Según el
Principio de Peter es evidente que la cúspide de esa organización ha de estar
ocupada por un incompetente. España lleva años sufriendo una serie de
calamidades que parece no tener fin. La sucesión de esos infortunios no tienen
una explicación clara pero la gestión de los mismos sí tiene unos ejecutores
claros, el que está en el vértice de la pirámide y el grupo de sus inmediatos
subalternos. A juzgar por cómo se plantea la resolución de los problemas la
incompetencia de los que están en la cumbre es manifiesta, casi delictiva. El Gran
Incompetente y sus adláteres parecen sobrepasados por los acontecimientos,
antes, durante y después de los hechos. En la previsión, en la resolución, y en
la adopción de medidas para evitar la repetición. El problema no es nuevo, hace
ya cien años Ortega y Gasset refiriéndose a los políticos de su tiempo decía: “La
desventura de España es la escasez de hombres dotados de talento”. Desde entonces
hemos progresado hacia atrás. Un médico, un
ingeniero, un juez, un arquitecto o cualquier otro profesional de cierto nivel,
necesita muchos años de estudios y acreditar fehacientemente los conocimientos
necesarios para ejercer su profesión antes de que la sociedad acepte que la
ejerza. A un político no se le exige ni el certificado de estudios primarios,
nada se le exige. Y así nos va.
Murphy,
el otro gran filósofo del siglo XX dijo: “Cualquier situación, por mala que
sea, siempre es susceptible de empeorar”. Con esta cuadrilla a los mandos todo
es posible.
