Las
imágenes de Ceuta que ofrecen las televisiones son realmente impresionantes. No
recuerdo haber visto algo parecido mas que en los documentales de las guerras
del siglo XX. Lo último miles de hombres conducidos de un lugar a otro de una
pequeña ciudad por unos pocos policías, como los pastores conducen a los
rebaños de ovejas. Solo para cambiarlos de ubicación pero sin solucionar el problema.
23 días después de la invasión el asunto no hace más que agravarse. Los gobernantes
españoles se muestran absolutamente incapaces de solventar la situación. Ni el
presidente de vacaciones en un palacete ni los numerosos ministros parloteando
totalmente superados por la realidad, son capaces de articular una solución
rápida y eficaz. Quien proyectó la operación sí que ha demostrado una gran
inteligencia y eficacia. Y además sin preocuparse por los daños colaterales, un
centenar de muertos. Una actuación perfectamente diseñada y ejecutada. Te envío
80.000 personas en unas horas, incluidas mujeres y niños, hasta recién nacidos.
Al día siguiente recojo pacíficamente a la mayoría, los que han ido de paseo
como el que va de pícnic a pasar un día de asueto y dejo allí a diez o doce mil
que no quiero ver ni en pintura, a los que están perseguidos por la justicia o
considero indeseables. A este lado de la frontera un grupo de supuestos dirigentes
moviéndose como pollos sin cabeza entre las normas, las leyes, “poniendo cosas
sobre la mesa”, preocupados por la dignidad de los invasores más que por la
integridad de sus ciudadanos. Una demostración fidedigna de que los que se han encaramado
a puestos de gobierno son unos auténticos incompetentes.
A
grandes males grandes remedios, dice el sabio refrán popular. Parece que ya lo
sabía Hipócrates hace veinticinco siglos: “Ad extremos morbos, extrema remedia exquisite
optima”, pero nuestros gobernantes aún no se han enterado. El problema requiere
medidas drásticas que nadie va a asumir y eso también lo sabían los diseñadores
del plan. Ahora el asunto se va a enquistar con miles de indocumentados, muchos
de ellos peligrosos, vagando durante semanas y meses por una pequeña ciudad, creando
inseguridad y fomentando el miedo entre sus habitantes, lo que hará que muchos
de ellos vayan abandonando la que ha sido su residencia durante generaciones,
dejando el campo libre que irá siendo rellenado por nuevos residentes. Sin necesidad
de pegar un tiro, solo ocupando el espacio. Una táctica brillante que solo
necesita la ineptitud del otro lado, o, lo que sería todavía más grave, la colaboración,
lo que no es descartable.
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