El
poder de las palabras.
La
Biblia dice que Dios creó el mundo con el poder de Sus palabras (Hebreos 11:3).
Los humanos no llegamos a tanto pero podemos intentar modificarlo. Los
políticos y sus medios afines subvencionados son unos expertos en utilizar el
lenguaje para desfigurar la realidad. Cuando perciben que son incapaces de
resolver un problema intentan transformarlo con un eufemismo que lo oculte o
disimule. Los sicólogos llaman “ilusión de la verdad” al mecanismo del cerebro
que hace creer que algo es cierto sin serlo. Cuando se recibe una y otra vez un
determinado enunciado la memoria tiende a aceptarlo como verdadero sin
molestarse en verificarlo. Orwell, en su libro “Homenaje a Cataluña dice:
“Cuando un rumor se difundía, la verdad acababa pareciendo mentira, y no había
forma de que la gente cambiara de opinión”. Ya en el siglo I a.C. Cicerón decía
que no hay nada tan increíble que la oratoria no pueda volverlo aceptable. Y en
esas seguimos. Una mentira repetida mil veces se convierte en verdad decía el
maestro de la manipulación Goebbels. Son innumerables los discípulos de aquel
nazi en el mundo de la política.
Los
inmigrantes ilegales que asaltan las fronteras con violencia solo son
migrantes, como las golondrinas. ¿A quién le va a molestar una golondrina? Migrantes,
como si llegaran volando.
El
asalto e invasión que sufrió Ceuta hace un mes solo es una crisis migratoria.
Una crisis es un cambio en un proceso que puede ser positivo o negativo. No hay
que alarmarse. Decir que diez o doce mil hombres jóvenes vagando por una ciudad
pequeña son un peligro para la población es xenofobia. Porque para insultar al
que disiente del pensamiento impuesto no hay eufemismos, xenófobo, racista,
fascista, nazi, machista son palabras armígeras para acabar con cualquier
intento de razonamiento. Y si no son suficientes se acusa de discurso de odio.
Y ya está.
Y
sobre todo es muy importante poner cosas encima de la mesa. Sean lo que sean si
se ponen encima de la mesa ya se perciben como medio resueltas.
Y
así van pasando los días y las semanas, a ver si el tiempo soluciona lo que la
incompetencia no resuelve.
Pero
no.
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