domingo, 26 de agosto de 2018

¿Por dónde van los tiros?


Nací en Tánger hace más años de los que me gustaría, cuando la ciudad tenía un Estatuto Internacional; mítico lugar de libertades y tolerancia. En el 63 vine a estudiar a España y ya seguí por aquí; así que conviví con el régimen de Franco 12 años.
Aunque Tánger había dejado de ser Internacional en el 56, y ya se había reintegrado a Marruecos, se mantenía en el ambiente una cierta inercia de la ciudad cosmopolita que había sido durante décadas y, lógicamente, encontré diferencias con la vida a la que estaba acostumbrado, pero las asumí con bastante naturalidad. No me produjeron ningún trauma. Es más, durante cinco o seis años seguí yendo a Tánger en vacaciones y comprobé que las diferencias se acortaban muy deprisa, y que en muy poco tiempo, daban un vuelco y la calidad de vida en España superaba a la tangerina. Seguramente yo viví los años buenos del franquismo; pero los viví. Estaba allí. Acabé la carrera, hice la mili, encontré trabajo, y a los 23 me independicé. Leía a Machado, Lorca, Miguel Hernández, León Felipe, Kafka, Camus, Sartre o a quien me diera la gana. Y me divertía. Vivía.
Cuando oigo a jóvenes que han nacido mucho después del final del franquismo hablar de aquellos años con la absoluta seguridad del que está en posesión de la verdad, he llegado a preguntarme: “¿Pero dónde estaba yo?”. Es tal la certeza que muestran, que me hacen dudar de mis vivencias, de mis recuerdos, de mi vida. ¿Pero esta gente, cómo sabe tanto? ¿Han viajado en la máquina del tiempo? ¿Han tomado el elixir de la verdad absoluta? ¿Estaba yo ciego y sordo durante aquellos años? Por supuesto no se me ocurre debatir (palabra mágica donde las haya) con ellos, ¿cómo vas a discutir con el que está en posesión de la más absoluta verdad? Cualquier argumento que se pudiera plantear le rebotará como una pelota en un frontón. Y encima te llamará facha.
Franco murió en el 75. Y no pasó nada. El país estaba organizado y siguió su curso con absoluta normalidad. Las cortes franquistas se disolvieron, tomó posesión el Rey, y arrancó un periodo de prosperidad como no se había conocido nunca. Había una base sólida sobre la que sustentar la nueva andadura. Fraga y Carrillo se abrazaron y decidieron mirar al futuro. Seguramente a los dos les interesaba olvidar el trágico pasado. Y a todos los demás. A los millones de españoles que simplemente querían para ellos y para sus hijos el mejor entorno posible.   
Fuimos viviendo en un país moderno y próspero hasta que en el 2004 llegó a la Presidencia un idiota. Un idiota es por definición: “Alguien que ocasiona un daño a otra persona o a un grupo de personas, sin obtener al mismo tiempo un beneficio para sí” (C. Cipolla). Es el tipo de persona más peligroso que existe, y cuanto más elevado sea su rango más posibilidades tiene de causar daños. A este idiota se le ocurrió hacer una ley que llamó, con la solemnidad que caracteriza al ridículo personaje, de Memoria Histórica. Desde entonces, el daño causado en la convivencia ha sido incalculable. Se despertaron las fuerzas del mal. Al amparo de la malhadada ley volvieron los rencores que ya estaban olvidados. Los medios de comunicación, con la televisión al frente, han contribuido a crear un clima de confrontación y revanchismo. Y como todo efecto de acción provoca otro de reacción, diría que hay ahora más franquistas que cuando vivía Franco. Yo mismo, nunca fui un devoto del general, ni siquiera simpatizante, más bien al contrario, pero de un tiempo a esta parte me está empezando a caer bien. Las unanimidades siempre me han repelido. La unanimidad es la seña de identidad del fascismo.
Teniendo en cuenta que Franco, a los 43 años de su muerte, no le importa realmente a casi nadie, sospecho que el ataque no va hacia el muerto, sino a su legado, una España unida y regida por una Monarquía. Si se establece que Franco fue el ser más abyecto y abominable que ha existido, todo cuanto hizo merecerá el más completo rechazo. Hay que borrar de la historia, no solo su figura, sino todo cuanto realizó. ¿Es necesario recordar que reinstauró la monarquía? Pues seguramente por ahí van los tiros.
No debería haber escrito tiros, pero ya está hecho y no lo voy a borrar. La Monarquía es ahora mismo el único mínimo nexo de cohesión entre los españoles. Los separatistas estarían encantados de que desapareciera, y los comunistas también. Después, llegado el caso, ya se pelearían entre ellos. A tiros. El ser humano no evoluciona y la historia se repite una y otra vez.   
Después de la Primera Guerra Mundial el mundo quedó tan espantado que la gente pensaba que nunca más habría una guerra. Solo tardaron dos décadas en emprender otra aún más cruenta y destructiva. Hace poco tiempo en los Balcanes tuvo lugar una terrible guerra que todavía no ha curado las heridas. ¿Alguien piensa que los españoles somos más civilizados que los balcánicos? Hace muchos años hice un viaje en coche por varios países. Al pasar la frontera de lo que entonces era Yugoslavia empecé a ver señales, de las que anuncian las poblaciones, que habían sido tachadas y corregidas, escribiendo encima otro nombre. Me hizo mucha gracia, “como en España”, pensé. Pues eso, como en España.
Vamos bajando por una pendiente pronunciada con unos frenos muy defectuosos y un precipicio al fondo. Y hay gente que anda detrás empujando. O arreglamos los frenos, o cambiamos de pendiente. O nos caemos por el barranco.

No hay comentarios:

Publicar un comentario