domingo, 5 de julio de 2015

Más palabras de origen árabe.

De los miles de vocablos que dejó el árabe en el idioma castellano, son mayoría los que empiezan por la letra A, pero también forman un grupo numeroso los que comienzan con la última letra del abecedario:
Zacatín – En algunos pueblos, plaza o calle donde se venden ropas.
Zafa – Jofaina
Zafio – Grosero o tosco en sus modales.
Zafra – Vasija grande de metal en que se guarda aceite.
Zafrán – Azafrán.
Zaga – Parte trasera de algo.
Zagal – Muchacho que ha llegado a la adolescencia.
Zaguán – Espacio cubierto, inmediato a la puerta de una casa que sirve de entrada a ella.
Zahora – Comilona o merienda de amigos en la que hay bulla y zambra.
Zahorí – Persona a quien se atribuye la facultad de descubrir lo que está oculto.
Zaino – Traidor, falso.
Zaino – Dicho de un caballo, castaño oscuro o negro, sin ningún pelo blanco.
Zalama – Zalamería, demostración de cariño afectada.
Zalea – Cuero de oveja o carnero, curtido de modo que conserve a lana.
Zalona – Vasija grande de barro sin vidriar.
Zamacuco – Persona torpe y abrutada. Embriaguez o borrachera.
Zambra – Fiesta de los moriscos.
Zaque – Odre pequeño.
Zaquizamí – Desván, último cuarto de la casa, desacomodado y poco limpio.
Zaragüelles – Calzones anchos y con pliegues.
Zarco – Dicho de los ojos, de color azul claro.
Zarracatín – Individuo que procura comprar barato para vender caro.
Zarzahán – Tela de seda, delgada como el tafetán y con listas de colores.
jel – Composición estrófica de la métrica española.
Zofra – Especie de tapete o alfombra.
Zubia – Lugar por donde corre o afluye mucha agua.
Zulaque – Betún hecho con estopa, cal, aceite y escorias o vidrios molidos.
Zurrapa – Brizna o sedimento que se halla en los líquidos y que se va sentando.
Zurriaga – Látigo con que se castiga o zurra.
Zanahoria. Zoco. Zoquete. Zorzal…
En definitiva, una herencia ubérrima que nos permite, por ejemplo:
Tomarnos una taza de café en un rincón del zaguán.
Sentarnos en un diván carmesí a tocar una guitarra con tapa de nácar.
Expresar un ferviente deseo: ¡Ojalá, me den suerte estos dados de marfil!
Pasear por el barrio o evitar una rambla.
Llegar hasta una dársena empujados por el lebeche.
Tomarnos un sorbete de naranja, de lima, de limón, o de sandía.
Leer “El tambor de hojalata” o “La pluma escarlata”.
O realizar una hazaña que asombre al mundo.
Palabras, al fin, para comunicarnos o para pensar:
Elixir, gacela, jazmín, jabalí, jirafa, berenjena, bellota, bedel, cafre, cambuj, carraca, cerbatana, cero, cifra, felús, fideo, fonda, fulano, gandul, mazmorra, mezquino, nadir, ¡ox!, quilate, quiosco, rabel, rábida, rebato, rehén, rejalgar, retama, tarima, tarifa, toronja…

Si tuviera que elegir tres, tal vez me quedaría con albahaca, azahar, y alborozo. 

viernes, 3 de julio de 2015

Palabras de origen árabe.

Los árabes invadieron la península ibérica en el siglo VIII y no la abandonaron hasta el XV. En todo ese tiempo la lengua castellana se enriqueció con nuevos términos aportados por los invasores. Nuestro idioma posee unos 3.000 vocablos de origen árabe. Solo las palabras que comienzan con la letra A, el grupo más numeroso, superan las 600. Son palabras, la mayoría, de hermosa sonoridad
Esta es una pequeña muestra de ese extraordinario acervo cultural.
Las palabras relacionadas con las plantas y con el agua son quizás las más musicales:
Albahaca – Planta de la familia de las Labiadas, de flores blancas y fuerte aroma.
Alberca – Depósito artificial de agua, para el riego.
Albitana – Cerca con que los jardineros resguardan las plantas.
Albufera – Laguna litoral, en costa baja, de agua salina.
Alcorque – Hoyo que se hace al pie de las plantas para retener el agua de riego.
Alema – Porción de agua de regadío que se reparte por turno.
Alfaguara – Manantial copioso que surge con violencia.
Algarroba. Algazul. Alhelí. Alheña. Alforfón.
Hay muchas para expresar un estado de ánimo:
Alborozo – Extraordinario regocijo.
Albricias – Regalo que se da a quien trae una buena noticia.
Algarabía – Gritería confusa de varias personas que hablan a un tiempo.
Algazara – Ruido de muchas voces juntas, por lo común de alegría.
Alharaca – Extraordinaria demostración para manifestar ira, admiración o alegría.
Es importante el grupo de las relacionadas con la comida:
Alajú – Pasta de almendras, nueces y piñones, pan rallado, especia fina y miel.
Albacora – Breva.
Almíbar – Azúcar disuelto en agua y cocido al fuego.
Albaricoque. Albóndiga. Alcaparra. Alcachofa. Alcuzcuz. Alejija. Aletría. Alficoz. Azúcar. Arroz.
Hay palabras para designar a diferentes tipos de aves:
Alcatraz. Alcaudón. Alcotán. Alfaneque. Alferraz.
Hay muchas palabras relacionadas con la construcción de edificaciones:
Alarife – Arquitecto, maestro de obras.
Alaroz – Larguero fijo que divide el hueco de una puerta o ventana.
Alféizar – Vuelta que hace una pared en el corte de una puerta o ventana.
Alfiz – recuadro del arco árabe.
Albañil. Alcazaba. Alcázar. Atalaya.
Palabras, palabras, hermosas palabras:
Alacena – Armario, generalmente empotrado en la pared.
Alacrán – Escorpión.
Aladar – Mechón de pelo que cae sobre cada una de las sienes.
Aladroque – Boquerón.
Alafa – Salario, sueldo.
Alafia – Gracia, perdón, misericordia.
Alahílca – Tapicería para adornar las paredes.
Alambique – Aparato para destilar.
Alamud – Barra de hierro que servía de cerrojo para puertas y ventanas.
Alarde – Ostentación que se hace de algo. Revista militar.
Alaroza – Novia.
Alazán – Dicho de un color, más o menos rojo, muy parecido al de la canela.
Albacea – Persona encargada de cumplir la última voluntad del finado.
Albahío – De color blanco amarillento.
Albanega – Especie de cofia o red para recoger el pelo.
Albañal – Conducto que da salida a las aguas inmundas.
Albarán – Nota de entrega que firma la persona que recibe una mercancía.
Albarda – Pieza principal del aparejo de las caballerías de carga.
Albardán – Bufón.
Albarrada – Pared de piedra seca.
Albéitar – Veterinario.
Albogue – Flauta rústica, de madera o caña, propia de pastores.
Alborga – Calzado rústico de soga o esparto.
Albornoz – Especie de capa con capucha. Prenda para secarse.
Albur – Contingencia o azar a que se fía el resultado de una empresa.
Alcahuete – Persona que facilita o encubre una relación amorosa.
Alcaide – Persona que tiene a su cargo el gobierno de una cárcel.
Álcali – Hidróxido metálico muy soluble en el agua. Alcohol
Alcancía – Vasija, comúnmente de barro, donde se guardan monedas.
Alcándara – Percha donde se ponían las aves de cetrería.
Alcarraza – Vasija de arcilla porosa, especie de botijo.
Alcatifa – Tapete o alfombra fina.
Alcoba – Dormitorio
Alcor – Colina o collado.
Alcuza – Vasija de barro u otro material en que se guarda el aceite.
Aldaba – Pieza de hierro o bronce que se pone en las puertas para llamar.
Alfajeme – Barbero
Alfalfa – Mielga común que se cultiva para forraje.
Alfanje – Especie de sable, corto y corvo.
Alfaraz – Caballo que usaban los árabes para las tropas ligeras.
Alfayate – Sastre.
Alfeñique – Persona delicada de cuerpo y complexión.
Alférez – Oficial de graduación inmediatamente inferior al teniente.
Alfil – Pieza del juego del ajedrez.
Alguaza – Bisagra o gozne.
Alforza – Pliegue o doblez que se hace en como adorno o para acortarlas.
Algaba – Bosque, selva.
Algaida – Terreno arenoso a la orilla del mar.
Algara – Tropa de a caballo que salía a saquear la tierra del enemigo.
Alcalde. Aldea. Alfiler. Alfombra. Alforja. Álgebra. Algoritmo. Algodón. Alguacil. Alhaja. Almohada…
Añafil – Trompeta recta de unos 80 cm de longitud.
Añil – Arbusto perenne del que se obtiene una pasta de color azul oscuro.
Añagaza – Artificio para atraer con engaño.
Argolla. Arrabal. Arrecife. Arroba. Atún. Azabache. Azagaya, Azahar. Azar...

miércoles, 1 de julio de 2015

Palabras españolas con origen americano.


El idioma castellano se ha ido enriqueciendo a lo largo de los siglos con expresiones originarias de las lenguas de otras culturas con las que los españoles entablaron una fuerte y duradera relación. De los pueblos originarios de América han quedado algunos términos muy arraigados, de uso muy habitual, como canoa, piragua, chicle, tomate o chocolate. Otros tuvieron menos éxito pero ahí están. Esta es una pequeña relación de algunos de ellos. 

Palabras de origen taíno.
Areito – Danza india.
Baquiano – Rastreador, guía, veterano.
Barbacoa – Parrilla, artilugio con palos en punta.
Bejuco – Planta sarmentosa y trepadora, propia de regiones tropicales.
Bohío – Morada india, choza hecha de palma, madera o ramas, sin más respiradero que la puerta.
Cacique - Jefe indio.
Canoa – Bote indio.
Cazabe – Torta que se hace en partes de América con harina sacada de la raíz de la mandioca.
Chaquira – cuentas, abalorios, collares que llevaban los españoles
Coa – Palo para cavar.
Conuco – Porción de tierra que los indios taínos dedicaban al cultivo.
Cocuyo o cucuyo - Insecto de América que emite una luz azulada bastante viva por la noche.
Curare – Sustancia negra, resinosa y muy tóxica, se extrae de varias plantas y paraliza los nervios.
Dúho – Asiento bajo de honor.
Guanín – Aleación de oro de baja calidad.
Guacamayo – Ave de América, especie de papagayo, con plumaje de vistosos coloridos.
Guasábara – Motín, conflicto, enfrentamiento.
Guayaba – Fruto del guayabo.
Guayabo – Árbol de América de la familia de las Mirtáceas.
Guayacán – Árbol de América tropical de la familia de las Cigofiláceas, de hasta doce metros de altura.
Huracán – Viento de fuerza extraordinaria.
Macana – Arma ofensiva parecida al machete, hecha de madera dura, y con filos cortantes de obsidiana.
Maíz – Planta de la familia de las Gramíneas, produce mazorcas con granos gruesos muy nutritivos.
Maguey – Pita, planta de la familia de las Amarilidáceas. De una variedad se saca un líquido azucarado del que se hace el pulque.
Magueyal – Terreno plantado de magueyes.
Mamey -  Árbol de las Gutíferas de hasta 15 m de altura. Fruto de ese árbol.
Naboría – Sirviente indio permanente.
Nagua – Saya interior de tela blanca a modo de falda.
Piragua – Embarcación larga y estrecha, mayor que la canoa, hecha generalmente de una pieza.
Taíno – Individuo perteneciente a los pueblos amerindios de las Antillas. Lengua de esos pueblos.
Tuna – Higuera, con fruto del mismo nombre.
Yuca – Planta de América tropical con flores blancas y raíz gruesa de la que se saca harina alimenticia.

Palabras de origen náhuatl.
Acahual – Especie de girasol. Hierba alta y de tallo grueso.
Acocote – Calabaza larga agujereada en ambos extremos, se usa para extraer el aguamiel del maguey.
Amate – Árbol de la familia de las moráceas. Produce un jugo lechoso que se usa como resolutivo.
Atole – Bebida caliente de harina de maíz disuelta en agua o leche.
Aguacate – Árbol de América de la familia de las Lauráceas. Fruto de ese árbol.
Ayote – Calabaza.
Cacao – Árbol de América de la familia de las Esterculiáceas. Semilla de ese árbol.
Cacahuete – Planta papilionácea de fruto con cáscara coriácea, y semilla comestible. De ella se obtiene también aceite.
Calpixque – Capataz, encargado de otros indios.
Camote – Batata.
Capulí – Árbol rosáceo.
Capulina – Cereza que produce el capulí.
Chalchihuite – Especie de jade verde muy apreciado por los antiguos mexicas.
Chía – Semilla de una especie de salvia. Se utiliza para hacer refresco.
Chicalote – Planta de la familia de las Papaveráceas, con semilla en cápsula ovoide. Se usa en medicina.
Chicle – Gomorresina que fluye del tronco del chicozapote. Se mastica y se vende en panes.
Chicozapote – Árbol americano de la familia de las Sapotáceas, de unos veinte metros de altura.
Chile – Pimiento.
Chocolate – Pasta hecha con cacao y azúcar.
Copal – Árbol de la familia de las Burseráceas, de los que se extrae la resina del mismo nombre.
Coyote – Especie de lobo que se cría en México y otros países de América.
Epazote – Planta herbácea de un metro, se toma en infusión.
Escaupil – Sayo de armas acolchado con algodón, usado por los antiguos mexicanos.
Galpón – Casa grande, cobertizo grande con paredes o sin ellas.
Guaje – Planta de la familia de las Cucurbitáceas. Fruto de esa planta.
Huipil – Blusa adornada, enagua o falda que usan las mujeres indígenas en Centroamérica.
Jícama – Tubérculo comestible parecido a la cebolla.
Macehual – Macegual, hombre que se dedicaba al transporte de carga, peón, jornalero.
Mastate – De maxtlatl, ceñidor que usaban los aztecas, pañal o braga.
Nahua – Se dice de un pueblo que habitó América Central antes de la llegada de los españoles. Lengua principalmente hablada por los mexicanos.
Nopal – Planta de las Cactáceas. Su fruto es el higo chumbo.
Petate – Estera de palma.
Pozole – Guiso de maíz tierno, carne y chile.
Pulque – Bebida alcohólica, blanca y espesa, que se obtiene por fermentación del jugo extraído del maguey con el acocote.
Quetzal – Ave de hermosos colores, verde y rojo.
Sonzapote – Árbol de las Rosáceas de hasta 30 m de altura, de fruto con pulpa amarilla.
Tamal - Empanada de masa de harina de maíz envuelta en hoja de plátano.
Tameme – Cargador indio que acompañaba a los viajeros.
Tecojote – Planta rosácea de fruto amarillo. Fruto de esa planta.
Tecolote – Búho. En México, miembro del cuerpo de policía.
Teponastle – Instrumento musical indígena, parecido a un tambor pequeño.
Teul – Dios en náhuatl. En Honduras, español que llegaba a América, extranjero, explotador.
Tomate – Fruto de la tomatera.
Tul – Planta de la familia de las Tifáceas, de dos metros de altura, con las hojas en forma de espada.
Tule – Planta de tallo largo con cuyas fibras se tejen petates y asientos de sillas.
Zapote – Árbol americano de la familia de las Sapotáceas. Fruto de ese árbol.
Zompantli – En los templos aztecas, lugar en donde se colocaban en fila los cráneos de las víctimas.

Palabras de origen maya.
Cigarro – Rollo de hojas de tabaco que se enciende por un extremo y se fuma.
Cu – Templo o adoratorio de los indígenas prehispánicos en Mesoamérica.
Henequén – Planta amarilidácea, parecida a la pita.

Palabras de origen quechua.
Cancha – Terreno, espacio, sitio llano y desembarazado.
Caucho – Látex producido por varias moráceas y euforbiáceas intertropicales.
Chácara – Chacra, alquería o granja.
Chácara – Monedero, bolsa tejida con fibras vegetales.
Chaco – Montería con ojeo, que hacían los indios de América, estrechando en círculo la caza.
Chasqui – En el Imperio incaico, mensajero que transmitía órdenes y noticias.
Chuspa – Bolsa, morral.
Cóndor – Ave rapaz de más de un metro de longitud y tres de envergadura, plumaje negro azulado, collar blanco, y espalda y parte superior de las alas también blancas. La mayor de las aves que vuelan.
Cucayo – Provisiones de boca que se llevan en el viaje.
Curaca – Cacique, potentado o gobernador.
Guaca – Sepulcro de los antiguos indios. Tesoro escondido o enterrado.
Guanaco – Mamífero rumiante de metro y pico de los Andes.
Guaraca – Cuerda que se arrolla a la peonza para hacerla bailar.
Mamacona – Entre los incas, matrona dedicada al servicio de los templos, a su cuidado estaban las jóvenes vírgenes del Sol.
Mitimae – Miembro de un grupo que es trasladado de su lugar de origen a otro distinto por fines políticos.
Ñuto – Machacado, molido. Añicos, trizas, polvo.
Ojota – Sandalia hecha de cuero o filamento vegetal que usaban los indios del Perú.
Papa – Patata.
Pirca – Pared de piedra en seco.
Pucará – Fortaleza con gruesas pircas que se construían en alturas estratégicas.
Quipu – Cada uno de los ramales de cuerdas anudados, de varios colores, que los indios del Perú usaban para suplir la falta de escritura. También expresaban números.
Runa – Hombre indio.
Tambo – Tienda rural pequeña. Especie de corral.
Vicuña – Mamífero rumiante parecido a la cabra, de cuello largo y erguido, vive en los Andes
Vizcacha – Roedor que vive en Perú, Bolivia, Chile y Argentina. Es de cuerpo rollizo y mide unos 80 cms.

Palabras de origen caribe.
Caoba – Árbol de la familia de las meliáceas que alcanza unos 20 mtrs de altura.
Colibrí – Pájaro insectívoro de tamaño muy pequeño y pico largo y débil.

Palabras de origen aimara.
Aimara – Se dice del individuo de una raza que habita la región del lago Titicaca.
Alpaca – Mamífero rumiante, de la misma familia que la llama. Pelo de este animal. Paño hecho con este pelo.
Amauta – En el antiguo imperio de los incas, sabio o filósofo.
Coya – Entre los antiguos incas, mujer del emperador, soberana, princesa.

jueves, 25 de junio de 2015

Sugerencias para mejorar el desarrollo de un relato.

¿Qué deberíamos hacer para que los lectores devoren nuestro libro?
Como lectores, con toda seguridad, ya hemos devorado más de un libro. ¿Pero qué tenemos que hacer como autores para seducir  a nuestros lectores?
Multiplicar las alternativas.
¿Qué interés tiene una historia si los hechos no tienen consecuencias? Es primordial que los lectores ardan en deseos de conocer la continuación de la historia. Hacen falta por tanto poderosas alternativas para conservar su atractivo. Que conciernan al destino de un personaje o de toda una nación no tiene importancia, lo que engancha al lector es la manera en que se cuenta la historia. Cada relato debe responder a sus propios desafíos.
Ser concisos.
Existen técnicas precisas de escritura para mantener al lector a la expectativa. Una de ellas es la concisión. En efecto, las frases cortas transmiten un sentimiento de urgencia porque aceleran el ritmo de la lectura. Por lo tanto, debemos ser breves, directos y sobre todo ágiles en nuestro propósito. Por supuesto hay que dar a los lectores todas las informaciones necesarias, pero hay que acompasar la sintaxis a la tensión que se quiere transmitir. Así, más adelante se pueden retomar las frases largas para permitir a los lectores respirar y reflexionar sobre los trepidantes acontecimientos de las páginas precedentes.
Jugar con la empatía.
Un autor puede gestionar perfectamente la intensidad de su historia y sin embargo no enganchar a los lectores. Estos son ante todo sensibles a las alternativas que conciernen directamente a los personajes, empatizan con ellos y comparten su destino. Es necesario, en consecuencia, manejar este aspecto tan humano de la lectura para que los lectores se interesen por la evolución de los protagonistas y por lo tanto por el relato. Hay que crear personajes verosímiles que evolucionen al ritmo de los acontecimientos como lo hacen los seres humanos en la vida real.
Compartir las informaciones.
La intriga se construye por una parte con las informaciones que se guardan secretas, y por otra, con las informaciones que se dan al lector. ¿Cómo se gestiona esto? Hay que jugar la carta de la complicidad dando a los lectores alguna información que hasta los propios personajes ignoran. De ese modo el lector estará impaciente por saber cuándo llegará el momento en que el misterio será desvelado y por descubrir la reacción de los personajes, y tal vez, de las graves consecuencias del desenlace. Esta técnica les lleva así mismo a plantearse muchas preguntas independientemente de las alternativas propuestas.
Crear antagonistas creíbles.
Solo hay una cosa peor que un protagonista huero; un antagonista anodino. De hecho, los antagonistas son a menudo la razón de ser del relato y de la tensión inherente. Si los lectores no lo encuentran verosímil no creerán en la intriga. Aunque se desarrollen múltiples alternativas, la historia carecerá de sentido alguno. Hay que sumergirse en la sicología de los antagonistas a fin de darles una personalidad consistente. Interesarse por su pasado, por las razones de su rencor, y por lo que piensan de sus propias acciones.

(Fuente – Envie d´écrire – Barnes and Noble)     

martes, 16 de junio de 2015

De Ayuntamientos, Partidos, y Cultura.

Con la formación de los nuevos ayuntamientos han surgido a la luz pública algunos personajes que hasta ahora transitaban en el anonimato. El más destacado por los medios, y no precisamente por sus virtudes, ha sido el designado para ejercer de concejal de cultura de Madrid. Ante la avalancha de críticas por unos tuits personales de pésimo gusto, se ha visto obligado a renunciar al cargo, que no al acta de concejal. Aunque se declaren ateos, son devotos de Santa Rita, lo que se da no se quita. 
Este hecho me genera dos dudas generales:

1- ¿Cómo elaboran las listas los partidos?
2- ¿Saben los votantes a quiénes dan su voto?

Y una tercera específica:
3- ¿Le importa un comino la cultura a algún partido político?

Respuestas que se me ocurren:
1- A la vista de las circunstancias conocidas, solo puedo pensar que los méritos aportados por el personaje en cuestión para ser elegido se resumen en:
a) Una estrecha amistad con el que elabora las listas.
b) El que elabora las listas solo podía escoger entre dos o tres aspirantes (en un grupo numeroso no sería difícil encontrar a alguien más adecuado)
c) El que elabora las listas es un supino incompetente.
d) Las listas se elaboran por sorteo o jugando a los chinos.
Como no conozco las interioridades del partido en cuestión no puedo saber cuál de las respuestas es la correcta.

2- Para este punto solo tengo una respuesta; los votantes, en general, no tienen ni la menor idea de a quién están votando, salvo en todo caso, al cabeza de lista, y a este más por las promesas que regala alegremente durante la campaña que por los hechos que puede exhibir para garantizar esas promesas. El votante tiende a ser crédulo y optimista, y suele mostrarse propenso a aceptar cualquier oferta que suene bien sin preocuparse demasiado por el cómo o el quién. Aparte de esa confianza tal vez excesiva en el futuro, no dudo de la sensatez y sentido común de los electores en general, y estoy convencido (“absolutamente convencido”, diría cualquier político) de que nadie (salvo los muy sectarios) le habría dado su voto a un personaje de afirmaciones tan miserables.


3- Aquí también solo tengo una respuesta, a ningún partido político, ni nuevo ni viejo, le importa un comino la cultura. Por lo visto todos deben pensar que cualquiera sirve para gestionar, organizar, mejorar, impulsar, u optimizar la cultura de la capital de este país (España). El curriculo del designado, por lo que he leído, muestra una brillante trayectoria de profesor de unos cursos sobre guiones en una escuela de Cuba, y la realización de un corto de seis minutos. ¿De verdad no han encontrado entre 4 o 5 millones de madrileños a alguien un poco más capacitado? ¿O es que simplemente la cultura les importa un bledo y lo único que les importa es el poder? Porque eso sí, estoy convencido (absolutamente convencido) de que esta actitud es indolente y no intencionada. No quiero acordarme de aquel que decía que cuanto más inculto es un pueblo más fácil es de manipular. 

jueves, 4 de junio de 2015

Makarino

En cuanto se restablecieron los llevaron a un nuevo campo, un gran letrero en la entrada avisaba dónde estaban: Makarino.
Alambradas, torres de vigilancia, barracones de madera, perros ladrando incesantemente, centinelas de rasgos mongoles ataviados con gorros orejeros y botas valenki, no se diferenciaba mucho del anterior, podían decir que habían vuelto al mismo sitio. La temperatura rondaría los 40 bajo cero, la ventisca asaeteaba los rostros con agujas de hielo, los lobos aullaban en el nebuloso horizonte, “de nuevo en el hogar”, farfulló Ricardo sin casi mover los labios para que no penetrara en su boca el aire helado.   
Allí habían reunido a un millar de prisioneros. Seiscientos alemanes, doscientos finlandeses y otros doscientos españoles. Dos compañías de soldados se ocupaban de la vigilancia, al mando de un jefe de la NKVD, el órgano encargado de la seguridad del Estado.
Los mandaron de nuevo a sacar troncos del río, pero ahora estaba helado. Los maderos se hallaban aprisionados en el hielo y había que liberarlos rompiendo la dura capa con barras de hierro, el frío era tan intenso que el contacto con el metal quemaba las manos. La norma, 7,5 m3 transportados por hombre y día, si no se cumplía, se racionaba la ya de por sí escasa comida.
A los pocos días Ricardo empezó a sentirse mal. Había perdido más de diez kilos, estaba muy pálido y casi sin fuerzas. Daniel se esforzaba por compensar la minoración de trabajo de su amigo, pero tampoco andaba muy sobrado. Ricardo fue al botiquín para que le dieran de baja durante unos días pero la doctora, una mujer de carácter ríspido, después de un somero reconocimiento le ordenó a voces que volviera de nuevo al trabajo.

Allí tenían de brigadier a un viejo conocido, Guillén, el desertor del frente del Voljov. No solo se había convertido en su guardián, sino en el mayor propagandista de las virtudes del comunismo. En un Ricardo debilitado creyó ver una presa fácil:

Fragmento de: "El infierno de los inocentes", novela que transcurre entre la Guerra Civil española y la Segunda Guerra mundial. Disponible en Amazon en digital y papel.



sábado, 16 de mayo de 2015

Cherepovets

Daniel aguzó el oído intentando escuchar de nuevo aquella voz que le había sonado tan agradable, pero solo le llegaba el sordo murmullo que producían los numerosos enfermos congregados en la enorme habitación. Todo lo que lograba percibir era un runrún de susurros, quejidos y lamentos. A pesar de su esfuerzo no era capaz de distinguir la voz que le había cautivado. Se volvió hacia la cama que tenía a su izquierda:
-¿Con quién va el médico? ¿Quién es la traductora?
-Va con una enfermera.
-¿Cómo es? ¿Es española, verdad?
-Es muy guapa. Guapísima. No sé si será española, no me ha dicho nada.
Se giró hacia el lado derecho de la cama:
-¿Sabes si es española la enfermera? ¿Te ha dicho algo?
Solo obtuvo una especie de gruñido por respuesta porque el paciente que yacía a su derecha estaba herido en la cara y no podía hablar.
Daniel se tuvo que conformar con seguir expectante por si la visita volvía sobre sus pasos pero nada nuevo percibió. El médico y sus acompañantes completaron el recorrido y salieron del dormitorio por otra puerta.
Una vez pasado el rápido reconocimiento les condujeron de nuevo al edificio donde estaban encerrados todos los demás compañeros. Daniel seguía necesitando la ayuda de Ricardo para moverse, y este a su vez, se apoyaba en él para caminar. En seguida les llamaron para nuevos interrogatorios, y así estuvieron durante mucho tiempo, respondiendo una y otra vez las mismas preguntas. Ya muy tarde les dejaron en una habitación atestada de prisioneros, donde intentaron encontrar un hueco para poder dormir, sentados en el suelo con la espalda apoyada en la pared.
De madrugada, cuando no llevarían ni tres horas en un incómodo duermevela, irrumpieron los guardianes y a culatazos y empujones les obligaron a levantarse para salir al exterior. Allí les esperaban unos camiones descubiertos donde tuvieron que embutirse como si fueran ganado. El frío era terrorífico, treinta y cinco grados bajo cero. Emprendieron la ruta que, a lo largo de cuarenta kilómetros, atravesaba la superficie helada del lago Ladoga. La fuerte ventisca hizo que se adhiriera a los hombres una capa de escarcha en las cejas, bigotes y barbas, de manera que se diría que habían encanecido de repente. Hasta el aliento se congelaba. Daniel iba en el cetro del grupo y podía beneficiarse, aunque solo fuera levemente, del calor humano que transmitían los cuerpos, pero los que iban en los flancos sufrían aún más la intensidad del frío. Cruzaron el lago en aquellas terribles condiciones y después de varias horas de zarandeos, tumbos, frenazos y arrancadas, llegaron a una estación semidesierta donde los trasvasaron a unos vagones enrejados. El tren se puso en marcha de inmediato. Iban hacinados, sin posibilidad de estirar una pierna sin golpear a los que estaban al lado. El frío mordía los cuerpos, tiritaban como azogados y a muchos les castañeteaban los dientes. Recorrieron kilómetros y kilómetros durante interminables horas bajo una oscuridad permanente, como una noche inacabable apenas interrumpida por tres o cuatro horas de grisácea y mustia claridad. Cada cierto tiempo se detenían en lúgubres estaciones, donde, si se asomaban a alguno de los pequeños ventanucos enrejados, podían observar una atribulada multitud que aguardaba pacientemente que llegase su tren, soldados que volvían al frente, desmovilizados que iban a sus hogares, viejos con expresión de no saber adónde iban, mujeres cubiertas de los pies a la cabeza de tupidos ropajes cuidando de niños pequeños, hombres mutilados, cojos, mancos, sin piernas, todos con gesto triste y resignado, como si la dura vida que arrastraban fuera una maldición inexorable. Si coincidían con la llegada de otro tren, los veían correr hacia él con desesperación, cargando con sus bultos, para subirse en una avalancha incontenible, casi pisándose unos a otros para hacerse un sitio antes de que reiniciara la marcha.  
Por fin llegaron a su destino, la estación de Cherepovets. Salieron de los vagones entumecidos y desfallecidos, algunos estaban tan débiles que se derrumbaron en el suelo, pero inmediatamente fueron obligados a levantarse a culatazos, pinchándoles con las bayonetas, o azuzándoles a los perros. Formaron en el andén para el recuento y a continuación echaron a andar adentrándose en la población por unas calles desiertas cubiertas de nieve helada y sucia.
-¡Davai! ¡Davai! -el grito de los guardianes se solapaba con el ladrido incesante de los perros. 

Fragmento de "El infierno de los inocentes", novela que narra la historia de dos niños atrapados entre la guerra civil española y la segunda guerra mundial. Disponible en Amazon.

viernes, 1 de mayo de 2015

MOSCÚ

Los llevaron a una gran casona en el número 7 de la calle Piragóvskaya. Una de las cuidadoras le dijo a Rosa: “Mira qué suerte tenéis, vais a vivir donde vivía la familia del Zar”. Otra vez el Zar y su familia. Rosa no tenía muy claro quién era el Zar, pero debía tener una familia muy grande y él sería muy importante, aunque seguramente no tanto como Stalin, ese señor de poblados bigotes que estaba por todas partes, en estatuas, en fotografías, o en enormes carteles, y al que, cuando la gente pronunciaba su nombre, siempre le anteponía “el sabio”, o “el genial”, o algún otro adjetivo muy bonito. Al hablar de él decían cosas que sonaban muy bien, como por ejemplo: “Gloria a nuestro amado jefe, padre y maestro, el camarada Stalin”. Le gustaba especialmente una foto en la que se le veía sonriente sosteniendo en sus brazos a una niña que sería de la edad de Miguelito, debajo, la leyenda decía: “Gracias, camarada Stalin, por nuestra infancia feliz”.
Sí, seguramente iban a ser muy felices allí. Todo lo que vieron les encantó, desde el conserje uniformado como un mariscal, hasta las habitaciones, el gigantesco mural de la entrada con la figura, como no, de Stalin con sus grandes bigotes, la espléndida escalera de mármol, los suelos de parqué, los inmensos maceteros con palmeras, el acuario lleno de peces de colores. Miguel lo contemplaba todo boquiabierto, entusiasmado, corría sin parar de un lado a otro señalando con el dedo cada cosa que le llamaba la atención. A Rosa le gustó sobre todo el acuario con sus variopintos pececillos.
Los distribuyeron por edades en grandes salones de veinte o veinticinco camas pegadas a las paredes y separadas por una mesita de noche. Pronto se habituaron a la rutina. Muy temprano les despertaban a toque de corneta. Se levantaban y desfilaban en formación para hacer unos minutos de gimnasia. Aprovechaban la reiteración de los ejercicios para que declamaran a coro las primeras palabras en ruso. De allí iban a lavarse y a hacer las camas, y a continuación al comedor a tomar un suculento desayuno. Pronto se olvidaron de las penurias que habían sufrido en España durante los meses anteriores al viaje, cuando la comida escaseaba y había que contentarse con cualquier bocado. Después de mucho tiempo rebuscando qué comer y aprovechando cualquier cosa para llevarse a la boca, ahora contemplaban una abundancia que desconocían. Los más revoltosos se dedicaban a tirarse los panecillos a la cabeza, o incluso los arrojaban por las ventanas. Cuando terminaban de desayunar iban a la escuela. Casi todos los profesores eran españoles y salvo una asignatura de ruso, todas las materias las aprendían en español.
Después iban a clases de canto, baile, música o artes plásticas. Ahí les dejaban optar a cada cual según sus apetencias. Rosa tenía una bonita voz y se decantó por el canto. Se integró en un coro que interpretaba canciones de todo tipo, populares, románticas o políticas.
¿Qué canta en la mañana esa rueda infantil?
Cantan los niños de España a la gloria de Lenin.
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Fragmento de "El infierno de los inocentes", novela disponible en Amazon en formato digital y en papel.



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EL INFIERNO DE LOS INOCENTES de [Molinos, Luis]

viernes, 3 de abril de 2015

Novgorod

IX – NOVGOROD


Los siguientes días continuaron llegando trenes cargados de voluntarios hasta completar 19 expediciones con un total de casi veinte mil hombres.
A Daniel le gustó el campamento. Le pareció enorme, estaba flanqueado por un frondoso bosque y contenía un espléndido lago y varios campos de deporte. Los modernos pabellones se hallaban rodeados de jardines y avenidas asfaltadas. Hasta podían disfrutar de cine y teatro. Los acomodaron en grandes barracones de madera, con habitaciones habilitadas para acoger a doce hombres en literas de dos plazas. Daniel se ubicó con todos los amigos de su hermano. Ricardo, el líder del grupo, alto, enérgico, vanidoso, carismático. Víctor, rechoncho, bromista, ingenioso, siempre buscando el lado divertido de los acontecimientos. Paco, curioso y entremetido hasta resultar insolente, no había pregunta que no se atreviera a formular. Arturo, el más reservado del grupo, magro de carnes, nariz aguileña, pómulos salidos, hablaba poco y pausadamente, como si le supusiera un esfuerzo. Adán el Negro, llamado así por el tono atezado de su piel y por el pelo azabache, alegre y mujeriego, aseguraba enamorarse varias veces cada día. Isaías completaba el clan de los más íntimos, era el más vivalavirgen, el que peor se llevaba con la disciplina, el que a primera vista parecía el menos adecuado para la milicia, fuerte pero desgarbado, desmañado, de ademanes lentos, en constante conflicto con el uniforme, los correajes, la gorra o el armamento, era difícil entender qué hacía en aquel ambiente. Con ellos Daniel se sentía a gusto, aunque era cinco o seis años más joven que el resto, se había integrado enseguida en el grupo, lo habían acogido con agrado y se llevaba bien con todos. La habitación la completaban otros cinco voluntarios que habían conocido en el tren, todos muy jóvenes, ilusionados y llenos de energía.     
Por la mañana empezaron a distribuir el nuevo equipamiento, cascos, uniformes, botas, mochilas, abrigos, ponchos, armamento compuesto de machete y fusil, y multitud de objetos para el aseo personal. Las chanzas continuaron a cuenta de las prendas recibidas. A los más livianos, caso de Daniel, la camiseta les llegaba hasta las rodillas y los calzoncillos hasta el pecho. Las mangas de la camisa debía recogerlas para que asomaran las manos y el capote le arrastraba por el suelo.
Durante unos pocos días hicieron instrucción intensiva y se empezaron a familiarizar con el ambiente de la milicia, con el uso del nuevo armamento y con el manejo de vehículos y caballos. El 31, todos los divisionarios formaron en el campo de entrenamiento, frente a una tribuna en la que se hallaban los mandos flanqueados por las banderas de España y Alemania. Asistieron a la misa de campaña, y al acabar, un toque de corneta les conminó a colocarse en posición de firmes. En medio de un absoluto silencio, por los altavoces resonó la voz del jefe alemán leyendo el juramento de lealtad, a continuación, el coronel divisionario repitió las palabras en español:  

-¿Juráis ante Dios y por vuestro honor de españoles absoluta obediencia al jefe del Ejército alemán, Adolf Hitler, en la lucha contra el comunismo, y juráis combatir como valientes soldados, dispuestos a dar la vida en cada instante por cumplir este juramento?
Fragmento de "El infierno de los inocentes" novela que se desarrolla durante la guerra civil española y la segunda guerra mundial, disponible en Amazon.
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