lunes, 2 de febrero de 2015

El infierno de los inocentes

Rosa intentó apartarle los brazos y recibió una bofetada que la dejó aturdida. Oleg la empujó contra una mesa y la dejó medio sentada, después notó cómo le desgarraba las bragas y le separaba las piernas haciendo presión con las suyas. Gritó pidiendo auxilio pero con la barahúnda que había afuera era imposible que nadie la oyese. Volvió a intentar apartar al médico y este le dio otro fuerte bofetón y la sujetó por el cuello haciendo tanta presión que le dificultaba la respiración. Angustiada y dolorida, sintió un asco infinito cuando percibió que el hombre trataba de introducirle su miembro, apretó los muslos con todas sus fuerzas y flexionó con las rodillas para evitar que consumara su deseo. Oleg, volvió a abofetearla y probó de nuevo a separarle las piernas, al cabo de unos segundos de esfuerzo se convulsionó violentamente. Después de unas cuantas sacudidas y unos gruñidos de animal se derrumbó sobre ella. Al verse liberada de la presión en la garganta, hizo acopio de todas las fuerzas que le quedaban y consiguió apartar a un lado el cuerpo del hombre. Se puso en pie y mecánicamente se limpió los rastros de semen y se arregló la ropa y el cabello. El médico había quedado apoyado en la mesa jadeando y resoplando. Rosa lo contempló con una mezcla de odio, asco y miedo. Estaba desolada, dolorida, encolerizada y entristecida. Solo quería escapar de allí, abrió la puerta y salió al pasillo. Casi tropieza con Teodoro que venía en su busca.
-¿Qué te ha pasado? -exclamó al verla en aquel estado. Rosa llevaba la ropa a medio vestir, el cabello todavía desordenado, y un hilillo de sangre le caía de la fosa nasal.
-¿Qué te ha pasado? ¿Qué te ha pasado? -repitió gritando, sujetándola por los hombros.
La joven no podía articular palabra, se limitaba a sollozar y negar con la cabeza.
Teodoro desvió la vista al interior del cuarto y vio a Oleg que se estaba incorporando abrochándose el cinturón.
-¡Te lo dije! -rugió-, ¡te lo advertí! Menudo hijo de puta.
Soltó a Rosa y se lanzó violentamente a la habitación. Rosa vio que los dos hombres se enzarzaban a puñetazos, y corrió por el pasillo a pedir ayuda. La gente seguía bailando, cantando y gritando, y nadie parecía percatarse de su angustia.

Fragmento de "El infierno de los inocentes", disponible en Amazon en formato digital y en papel.

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