Lo dice el
Evangelio: “Todas las cosas fueron hechas por medio de la Palabra y sin ella no
se hizo nada de lo que existe”. Cada uno lo interpretará como guste pero cierto
es que la palabra es el arma más eficaz para penetrar las conciencias distraídas.
Es el ariete que derriba la puerta y se apodera del castillo. Algunos tienen notable
habilidad para encontrar palabras que actúen de arietes. La izquierda va
siempre varios pasos por delante de la derecha en cuestión de propaganda, esta es
tosca, brusca, imperita, aquella es hábil, ladina, aguda. Para ello las
palabras son indispensables. Facha ha sido eficaz durante mucho tiempo pero ya
ha empezado a declinar. Antes, cualquiera que criticara el pensamiento
establecido era inmediatamente etiquetado de facha y el señalado acusaba el
golpe, se encogía. Pero ya casi nadie se
asusta si le llaman facha y casi nadie se alborota si señalan a alguien como
facha. Ha perdido fuerza, se ha marchitado. Se gastó de tanto usarla. Se hacía necesario
encontrarle un reemplazo. Odio es un buen sustituto. El que disiente del discurso
oficial es un odiador, está utilizando una arenga de odio, cometiendo un delito
de odio. El que odia siempre es el otro. ¿Pero quién distingue una justificada
crítica de un mensaje de odio? El poder, naturalmente. En “Alicia a través del
espejo”, dice Humpty Dumpty: “Cuando yo uso una palabra esa palabra quiere
decir lo que yo quiero que diga, ni más ni menos”. “La cuestión es –responde Alicia-,
si se puede hacer que las palabras signifiquen cosas diferentes”. “La cuestión –concluye
Humpty Dumpty-, es saber quién manda. Eso es todo”. Amén.
miércoles, 22 de abril de 2020
miércoles, 15 de abril de 2020
La parábola de los ciegos.
Llevamos un mes
enclaustrados y este aciago encierro empieza a hacer mella en nuestras adormecidas
defensas. Por las redes se propagan ideas que nos penetran con facilidad, son
ideas presentadas de modo simple, aparentemente inocuas; ideas que enseguida se
convierten en consignas. Por ejemplo: “De esta, o salimos todos unidos o no
salimos”. ¿Quién se va a oponer a un mensaje tan sugerente? Todos juntos
cogidos de la mano, ¡qué bonito! Pero me da que lleva escondido un mensaje
subliminal, que quiere decir: “Hay que apoyar lo que haga el gobierno sin
rechistar”. Como los ciegos del cuadro de Brueghel, todos de la mano hasta caer
en el hoyo. A estas alturas, con 18.579 muertos oficiales a día de hoy, récord
mundial por millón de habitantes, con más de 15.000 sanitarios infectados, otro
triste récord mundial, hay que ser un sectario inquebrantable para intentar
justificar, no digo ya alabar, la gestión de los responsables de dirigir las
actuaciones. En estos momentos no se trata de derechas o de izquierdas. Se
trata de competencia o ineptitud, de conocimiento o ignorancia, de inteligencia
o estupidez. Este gobierno no es responsable de la pandemia, pero lo es de la aplicación
de las medidas para intentar mitigarla. Y la gestión ha sido y sigue siendo
calamitosa. Decía Ortega que “ser de derechas es, como ser de izquierdas, una
de las muchas formas que el hombre puede elegir para ser un imbécil; ambas son formas
de hemiplejía moral”. Estos días podemos comprobar que su afirmación tiene
plena vigencia. No se puede justificar, disimular o ignorar la tremenda torpeza
simplemente porque “son de los nuestros”. Si el ciego que nos guía nos lleva al
hoyo, lo único sensato es soltarle la mano y darle una patada.
O eso, o asumir los
Evangelios; Mateo 15, versículo 14: “Dejadlos, son ciegos que guían a ciegos. Y
si un ciego guía a otro ciego, los dos caerán en el hoyo”.
martes, 14 de abril de 2020
La rana hervida
Dicen que si se
introduce una rana en un recipiente con agua hirviendo, se escapará de un
salto, pero si el agua está tibia y se va aumentando gradualmente la
temperatura, se quedará dentro del agua hasta que esté tan debilitada que ya no
podrá escapar y morirá.
En las últimas
elecciones generales que se celebraron en noviembre del pasado año, aunque
parece que tuvieron lugar hace un siglo, sobre un censo electoral de 36,8
millones de electores Podemos obtuvo 3.097.185 votos. El 8,4% de los españoles
con derecho a voto apoyaron esa opción. Siendo generosos uno de cada diez
quería ser gobernado por ese partido. Pues bien, nos encontramos con que ese
uno está imponiendo cada día un poco más sus ideas a los otros nueve. A esto le
llaman democracia, se les llena la boca con la palabra y andan constantemente
diciendo que es lo que ha elegido la ciudadanía. Para ellos ciudadanía
significa un ciudadano de cada diez. Seguramente cualquier dictadura, por
tirana que sea, tiene más partidarios entre la población que ese ridículo 10 %.
Ya que nos hemos aficionado a los palabros (heteropatriarcado,
plurinacionalidad, multilateralismo…) a esto habría que llamarlo demodictadural,
dictaducracia, o algo así. Y ahí tenemos a ese siniestro personaje liberticida acumulando
más poder cada día, un poder que no le corresponde, ante la connivencia de un
fatuo, incapaz y fraudulento doctor superado por los acontecimientos, ante la
inacción de una oposición pasmada, impotente y acomplejada, ante el silencio o
la colaboración de unos medios entregados y regados con dinero de todos, y ante
el asombro o la desidia de una sociedad espantada que solo presta atención al
maldito virus mientras le van recortando derechos y libertades, y mientras nos van
aumentando la temperatura del agua poco a poco.
lunes, 13 de abril de 2020
La tonta del bote
“La tonta del
bote” es una obra teatral de Pilar Millán Astray, estrenada en 1925 que tuvo un
gran éxito en su momento. En 1970, la versión cinematográfica, interpretada por
Lina Morgan gozó igualmente de una gran aceptación popular. Parece que en 2020,
hay una nueva versión que ha mutado a “El tonto del bot”. Bot es aféresis de
robot, y por lo visto consiste en un artilugio informático que replica
consignas en las redes de forma automática e incansable. Nos ha introducido en
el término, el líder supremo. En el debate del otro día Sánchez le dijo a Abascal:
“Quiero dirigirme a usted y a los
millares de bots que trabajan para usted en las redes sociales, que juegan con los
bulos, las mentiras y la desinformación, y con el instrumento del odio”. Acabáramos.
Ahora ya todo me ha quedado muy claro y me he tranquilizado. Si veo en alguna red
un mensaje que diga que el presidente es un vacuo farsante que miente más que
habla, ya sé que no lo dice algún ciudadano irresponsable, solo es un bot. Si leo
que el gobierno está formado por una banda de inútiles, incapaces e incompetentes,
ya sé que no lo ha escrito cualquier desagradecido, solo es un bot. Si veo por
un casual que la gestión del maldito virus es la más nefasta que se ha hecho en
todo el mundo, solo es un bot el que dice esa aberración. Y además con el
instrumento del odio. Son odiosos y no solo ocho como los de Tarantino, sino
que son millares y todos trabajan para Abascal. Y todos propagando bulos y
mentiras con el instrumento del odio. Parece que para el líder supremo, todos
somos víctimas de esos bots, o sea, todos somos tontos del bot. Cree el ladrón
que todos son de su condición, dice el sabio refranero. Yo ya empiezo a dudar
de que seamos el primer país del mundo en muertos por millón de habitantes. A lo
mejor solo es fruto del odio de los bots.
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