domingo, 10 de noviembre de 2024

TRATADO DE IDIOTOLOGÍA

Según el DRAE, idiota es “el que padece idiocia”, “trastorno caracterizado por una deficiencia muy profunda de las facultades mentales, congénita o adquirida en la primeras edades de la vida”. Yo diría que más que deficiencia es alteración con relación a los no idiotas, y es congénita, no se adquiere, se viene con ella al mundo. Aunque tal vez podría producirse por contagio. Hay que investigar más.

Estupidez lo define como, “torpeza notable en comprender las cosas”. Tampoco estoy de acuerdo, no es eso, un idiota puede ser muy rápido en comprender, sólo que de manera distinta a los no idiotas.

 

No es lo mismo decir tonto que tóóónto, al enfatizar la primera “o” estamos expresando que la persona aludida no es tonta sino idiota, que es diferente. Se trata de un tonto que hace daño, ya sea a los demás, que es lo habitual, o incluso a él mismo. Ya explicó Cipolla que el estúpido es una persona que perjudica a todas las demás sin obtener ningún beneficio para él mismo.

 

En todas partes, independientemente de la raza, el color, el desarrollo social, el nivel económico, o cualquier otra circunstancia, el número de nacimientos de hembras y varones es sensiblemente el mismo. Eso parece demostrar que nuestra especie está programada para perpetuarse. Si sólo nacieran hombres o mujeres la especie habría desaparecido hace tiempo.

 

Esto ya lo descubrió hace tiempo la filosofía oriental. La naturaleza quiere guardar un equilibrio en todas sus manifestaciones. Noche y día, frío y calor, masculino y femenino, el yin y el yang.

Este equilibrio se manifiesta de igual manera a la hora de la elección de opciones políticas. Las circunstancias que llevan a alguien a simpatizar con lo que se ha dado en llamar las izquierdas o las derechas, y en consecuencia a votar a unos u otros llegado el caso, nada tiene que ver con el razonamiento. Si así fuera jamás habrían accedido a las presidencias sujetos como los que vemos por doquier. La gente simpatiza con una u otra opción por cuestiones puramente genéticas. Son opciones viscerales nada perturbadas por un mínimo análisis. Sólo son producto de su naturaleza.

 

Tres grandes filósofos del siglo XX han investigado en las raíces del comportamiento humano y nos han abierto campos del conocimiento. Estos son Peter, Murphy y Cipolla. Los tres han llegado a conclusiones semejantes partiendo de distintos sujetos de investigación. Los tres han intentado entender por qué en un mundo racional se dan comportamientos aparentemente irracionales en personas que han alcanzado un estatus social considerable.

En primer lugar debemos aclarar que no es que el fenómeno se manifieste exclusivamente en personas preeminentes sino que precisamente por la trascendencia de estos sujetos su comportamiento se hace más notorio, pero se puede afirmar que estos especimenes están en todos los niveles de la sociedad.

Esta afirmación parecería contradecir el principio de Peter pero no es así. Ya nos advirtió el gran maestro que se puede alcanzar el N.I. (nivel de incompetencia) en cualquier escalón de la pirámide social. Hay quien no pasa del primer escalón y hay quien necesita llegar a la cumbre. Por eso encontramos idiotas tanto en personas de poca capacidad como en las de un gran nivel intelectivo.

Peter intenta explicar estos comportamientos acudiendo a la idea de que las personas han alcanzado un nivel para el que no están capacitadas y por lo tanto las acciones que cometen son erróneas.

Cipolla lo explica desde el punto de vista genético, hay una parte de la humanidad que está fabricada para cometer errores que perjudican al resto.

Murphy lo achaca a fuerzas ocultas.   

Si asumimos que la Creación es un trabajo perfecto o al menos de un altísimo nivel de calidad, con los estándares de calidad que tenemos, el hecho de la existencia del idiota y además en cantidades considerables, no podemos contemplarlo como un error en la cadena de selección, sino que tenemos que intentar encontrar las causas que motivan su existencia. Debemos analizar la circunstancia con la certeza de que esos individuos existen para beneficio de la humanidad en su conjunto.

La observación metodológica nos permite enunciar algunos postulados:

1-    Es inútil intentar comprender el comportamiento de un idiota.

2-    Es inútil intentar prevenir las negativas consecuencias del comportamiento de un idiota.

3-    Las consecuencias del comportamiento de un idiota siempre son negativas para los no idiotas.

Para intentar indagar en las razones de su comportamiento siempre vamos a utilizar la lógica que aplicamos al resto de los humanos, a los no idiotas, y por lo tanto no podremos llegar a ningún resultado. El idiota no se rige por ninguna lógica, al menos por ninguna que conozcamos. Si sus acciones obedecen a un sistema consecuente es algo que desconocemos por completo y por lo tanto no podemos aplicar ningún método de análisis. Sus acciones resultan de todo punto impredecibles. Lo único que podemos afirmar es que siempre resultarán negativas para el resto de los humanos.

La pregunta que nos asalta es: ¿Por qué la naturaleza promueve la existencia de unos componentes que son perjudiciales para el conjunto? Siendo la naturaleza un organismo que comete muy pocos errores, ¿qué motivos tiene para generar estos elementos en apariencia nocivos, y en número tan significativo?

A lo largo de la historia muchos pensadores han intentado desentrañar este misterio tan inquietante sin llegar a ninguna solución. Todos acabaron en conclusiones derrotistas.

Ya la Biblia dice que “stultorum infinitus numerus est”, “el número de idiotas es infinito”, como nosotros somos finitos, nuestro cerebro no puede entender la noción de infinito, por lo tanto debemos suponer que lo que quiere decir la frase es que mientras exista la humanidad seguirá poblada de un número altísimo de idiotas.

Friedich Schiller dijo: “Contra la estupidez, los propios dioses luchan en vano”.

Gustave Flaubert decía: “La estupidez es una roca inexpugnable, todo lo que da contra ella se despedaza”.

Rodolfo Wilcock, en la introducción de la edición italiana de “Dictionaire des idées reçues” de Gustave Flaubert, asegura que:

“A lo largo de la vida de Flaubert, la imagen de la Estupidez arrastrada por la poderosa marea de los tiempos continuó creciendo a sus ojos, no solo como atributo imposible de erradicar de la especie humana, sino en cuanto a Poder Cósmico, éter que rodeaba a toda palabra dicha, del cotilleo de los entremetidos a las conferencias de los académicos, los llamamientos de los políticos y los preceptos de los farmacéuticos, las imágenes de los poetas y los protocolos de los científicos”.

Konrad Adenauer dijo: “Si el Creador puso tan graves límites a la inteligencia humana, parece injusto que no haya puesto también límites a la estupidez humana”.

Alejandro Dumas hijo aseguraba: “Prefiero los malvados a los imbéciles, porque aquellos al menos dejan algún respiro”.

Anatole France insiste en el concepto de infinito: “Nada es infinito en el universo salvo la estupidez de los hombres”.

Baltasar Gracián es más cáustico: “Son tontos los que lo parecen y la mitad de los que no lo parecen”.

Molière dijo: “Un tonto ilustrado es más tonto que un tonto ignorante”. (Están en todas partes)

Montaigne: “Nadie está libre de decir estupideces, lo grave es decirlas con énfasis”. (¿Le recuerda a alguien?)

Ortega y Gasset: “Una estupidez no se puede dominar si no es con otra”. (Efecto dominó)

La Rochefoucauld: “Se puede ser necio teniendo talento, pero jamás teniendo juicio”. (Entendiendo por juicio el razonamiento de los no necios)

Saint-Exupery: “Ser necio de nacimiento es una enfermedad incurable”. (Todos los idiotas lo son de nacimiento, luego incurables)

George Bernard Shaw: “La osadía de los tontos es ilimitada, y su capacidad para arrastrar a las masas, insuperable”. (Abundan entre los políticos)

Paul Henri Spaak: “La estupidez es la más extraña de las enfermedades, el enfermo nunca sufre, los que de verdad la padecen son los demás”.

Refranero popular:

Lo que natura no da, Salamanca no presta. (De nada sirve ilustrarse)

El maestro Ciruela, que no sabía leer y puso escuela. (Hay muchos enseñando)

Quien tonto nace, tonto se yace. (Abunda en que es para toda la vida)

 

En vez de dejarnos arrastrar por el abatimiento intentemos analizar el asunto desde un punto de vista positivo. El hecho incuestionable es que la estupidez está ahí y debe ser por algo. Si forma parte significativa del equilibrio del universo tendremos que encontrar su razón de ser. No es razonable pensar que se debe a un error del Orden Supremo. Si existe y no es posible erradicarla se debe sin duda a que su concurso es necesario para mantener el buen funcionamiento del conjunto. Es necesario seguir investigando.

 

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