viernes, 1 de noviembre de 2024


 De saqueos e incompetencias.

A nadie se puede culpar de que llueva mucho. Pero sí de las consecuencias que causa esa lluvia extraordinaria. Hay que exigir responsabilidades a los que se supone que están a los mandos. Los que tienen los medios para intervenir en los acontecimientos. Las fuerzas de la naturaleza no son un castigo inevitable, se pueden controlar hasta cierto punto, un terremoto de idéntica intensidad causa miles de muertos en Afganistán y ninguno en Japón. Se trata de prevenir y poner los medios para minimizar las consecuencias. Se trata de tener gente competente a los mandos. Cuando murió Franco tuvimos un período de seis años de transición de un régimen autocrático a una incipiente democracia. Esa difícil metamorfosis se hizo con éxito debido a unas personas inteligentes y capaces que lideraron el proceso y superaron las enormes dificultades que suponía el cambio entre la oposición del antiguo régimen y los constantes atentados de ETA. En el 82 ganó las elecciones Felipe González y desde entonces se han ido sucediendo gobiernos de PP y PSOE, 42 años. Esto ha propiciado una masa de personas que ha encontrado en la adscripción a esos partidos su modo de vida. Auténticos maniobreros de la política que han entrado en uno u otro partido muy jóvenes y han desarrollado toda su vida profesional al amparo de esas enormes maquinarias de poder. Según Peter en una organización jerarquizada las personas van ascendiendo hasta alcanzar su nivel de incompetencia y ahí se quedan hasta el final. No hay organización más grande ni más jerarquizada que un partido político. Estos 42 años han producido unas enormes estructuras colonizadas por incompetentes cuya principal preocupación es adular a sus jefes que a su vez procuran rodearse de halagadores que les alimenten sus egos. Son personas sin preparación, sin cualidades, sin conocimientos, sin la inteligencia necesaria para desarrollar su labor. Incapaces. En una gran mayoría los que viven de la política están menos preocupados por servir a los demás que por servirse a sí mismos. No están en política para intentar mejorar la sociedad sino para mejorar sus propias vidas. Los más espabilados medran y se enriquecen. Da igual el partido en el que desarrollen sus existencias porque las ideologías no son más que una mera excusa para hacer como que se enfrentan unos contra otros y de ese modo tener entretenidos a los inocentes ciudadanos que cada cuatro años acuden a depositar la papeleta en la urna. El objetivo de todos ellos es el mismo, saquear. El saqueo es el primer impulso del ser humano, solo contenido y encauzado por la educación en valores. Acabamos de constatar cómo gente sin escrúpulos aprovechan el descontrol producido por las riadas para saquear comercios y viviendas particulares. Gente sin valores, sin cultura ni educación que controle sus instintos primitivos. Este es el saqueo de los que están en la base de la estructura, saqueo a la vista de todos y a pequeña escala, el de los que están arriba es más sofisticado, oculto y mucho más perjudicial. A medida que se han ido despreciando los valores la sociedad se ha ido asilvestrando. Es un proceso lento pero constante. Menospreciar o vilipendiar todo lo que hicieron nuestros ancestros es un modo de rechazar los valores que nos dejaron. Quienes se postulan para dirigir a sus semejantes deben responder de sus acciones y de sus inacciones. Es muy posible que se hubieran podido disminuir los terribles efectos de la naturaleza desatada y se hubieran salvado vidas. Antes, limpieza de los cauces, desbroce de los montes, desvío de barrancos, construcción de presas en vez de destruirlas, advertencias precisas y a tiempo a la población; y después una actuación coordinada, rápida y eficaz de todas las administraciones sincronizadas, incluyendo al ejército, en vez de arrojarse las culpas unos a otros. Debemos exigir responsabilidades desde el número 1 hasta el último. El que no sirva para servir que se dedique a otra cosa.


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