De saqueos e incompetencias.
A nadie se puede culpar de que llueva mucho. Pero sí
de las consecuencias que causa esa lluvia extraordinaria. Hay que exigir
responsabilidades a los que se supone que están a los mandos. Los que tienen
los medios para intervenir en los acontecimientos. Las fuerzas de la naturaleza
no son un castigo inevitable, se pueden controlar hasta cierto punto, un
terremoto de idéntica intensidad causa miles de muertos en Afganistán y ninguno
en Japón. Se trata de prevenir y poner los medios para minimizar las consecuencias.
Se trata de tener gente competente a los mandos. Cuando murió Franco tuvimos un
período de seis años de transición de un régimen autocrático a una incipiente
democracia. Esa difícil metamorfosis se hizo con éxito debido a unas personas inteligentes
y capaces que lideraron el proceso y superaron las enormes dificultades que
suponía el cambio entre la oposición del antiguo régimen y los constantes
atentados de ETA. En el 82 ganó las elecciones Felipe González y desde entonces
se han ido sucediendo gobiernos de PP y PSOE, 42 años. Esto ha propiciado una
masa de personas que ha encontrado en la adscripción a esos partidos su modo de
vida. Auténticos maniobreros de la política que han entrado en uno u otro
partido muy jóvenes y han desarrollado toda su vida profesional al amparo de
esas enormes maquinarias de poder. Según Peter en una organización jerarquizada
las personas van ascendiendo hasta alcanzar su nivel de incompetencia y ahí se
quedan hasta el final. No hay organización más grande ni más jerarquizada que
un partido político. Estos 42 años han producido unas enormes estructuras
colonizadas por incompetentes cuya principal preocupación es adular a sus jefes
que a su vez procuran rodearse de halagadores que les alimenten sus egos. Son
personas sin preparación, sin cualidades, sin conocimientos, sin la
inteligencia necesaria para desarrollar su labor. Incapaces. En una gran
mayoría los que viven de la política están menos preocupados por servir a los
demás que por servirse a sí mismos. No están en política para intentar mejorar
la sociedad sino para mejorar sus propias vidas. Los más espabilados medran y
se enriquecen. Da igual el partido en el que desarrollen sus existencias porque
las ideologías no son más que una mera excusa para hacer como que se enfrentan
unos contra otros y de ese modo tener entretenidos a los inocentes ciudadanos
que cada cuatro años acuden a depositar la papeleta en la urna. El objetivo de
todos ellos es el mismo, saquear. El saqueo es el primer impulso del ser
humano, solo contenido y encauzado por la educación en valores. Acabamos de
constatar cómo gente sin escrúpulos aprovechan el descontrol producido por las
riadas para saquear comercios y viviendas particulares. Gente sin valores, sin
cultura ni educación que controle sus instintos primitivos. Este es el saqueo
de los que están en la base de la estructura, saqueo a la vista de todos y a
pequeña escala, el de los que están arriba es más sofisticado, oculto y mucho
más perjudicial. A medida que se han ido despreciando los valores la sociedad
se ha ido asilvestrando. Es un proceso lento pero constante. Menospreciar o
vilipendiar todo lo que hicieron nuestros ancestros es un modo de rechazar los
valores que nos dejaron. Quienes se postulan para dirigir a sus semejantes
deben responder de sus acciones y de sus inacciones. Es muy posible que se
hubieran podido disminuir los terribles efectos de la naturaleza desatada y se
hubieran salvado vidas. Antes, limpieza de los cauces, desbroce de los montes,
desvío de barrancos, construcción de presas en vez de destruirlas, advertencias
precisas y a tiempo a la población; y después una actuación coordinada, rápida
y eficaz de todas las administraciones sincronizadas, incluyendo al ejército, en
vez de arrojarse las culpas unos a otros. Debemos exigir responsabilidades
desde el número 1 hasta el último. El que no sirva para servir que se dedique a
otra cosa.
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