lunes, 15 de junio de 2020

Cabeza de Vaca.

El 17 de junio de 1527 una flota de seis navíos y seiscientos hombres zarpó de Sanlúcar al mando de Pánfilo de Narváez, comisionado por el rey Carlos I para la conquista de la Florida. Esta tierra había sido descubierta por Ponce de León, quien la bautizó con ese nombre por llegar a ella el lunes de Pascua de 1513. Volvió allí en 1521 buscando la fabulosa Bimini y sus fuentes de la eterna juventud, pero fue malherido y tuvo que regresar a Cuba donde murió a los pocos días. Años más tarde Narváez consiguió el encargo de su conquista pero la expedición que comandó fue un completo desastre. En su escala en Santo Domingo ya sufrió deserciones y costeando Cuba tuvieron que soportar un huracán en el que perecieron muchos hombres. No pudieron alcanzar las costas de Florida hasta abril de 1528 con una tripulación de alrededor de la mitad de la que había salido de España. Allí no encontraron las riquezas que suponían pero sí unos indígenas muy belicosos que los fueron diezmando. Agotados decidieron regresar para lo que construyeron cinco canoas, ya no tenían los barcos, con las que intentaron bordear la costa para llegar a México, que suponían mucho más cerca de lo que en realidad estaba. Una terrible tormenta les hizo naufragar en el delta del Misisipi, quedando solamente cuatro supervivientes. Álvar Núñez Cabeza de Vaca, que era el tesorero de la expedición, Alonso del Castillo Maldonado, Andrés Dorantes de Carranza, y el negro Estebanico, seguramente el primer africano en pisar suelo del norte de América. Estos cuatro emprendieron una de las hazañas más extraordinarias de la historia de la humanidad.    

Álvar Núñez Cabeza de Vaca y sus tres compañeros realizaron la increíble proeza de recorrer a pie más de 4.000 kilómetros de manglares, selvas, ríos y desiertos, atravesando territorios de pueblos indómitos y salvajes, desde Florida al Golfo de California, en un viaje que les llevó ocho años. Cruzaron por tierras de lo que hoy son los estados de Florida, Misisipi, Luisiana, Texas, Nuevo México y Arizona, para luego bajar hacia Sonora, siempre buscando contactar con compatriotas, hasta que por fin lo consiguieron al llegar a Culiacán donde encontraron una villa española. En todo ese recorrido sufrieron mil peripecias, fueron esclavizados por algunas tribus mientras en otras Cabeza de Vaca salvó la vida ejerciendo de chamán o curandero. Dejó constancia de su epopeya en su libro “Naufragios”, un impresionante documento que muestra la capacidad de resistencia y determinación de aquellos hombres extraordinarios.


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