¿1984 o 2024?
Eric Athur Blair, más conocido como George Orwell, publicó su
novela “1984” en 1949, poco antes de su fallecimiento. En esa fecha, 1984
representaba un futuro lejano que el escritor imaginó amenazador para el ser
humano, sombrío en cuanto a libertades individuales. Parece que se equivocó en
la fecha, pero no tanto en la configuración de la sociedad futura. Resultan
inquietantes las semejanzas que podemos encontrar entre los pesimistas
presagios de la novela y lo que estamos viviendo en 2024. El Estado imaginado
por Orwell tiene un Ministerio de la Verdad que se dedica a manipular o
destruir los documentos históricos de todo tipo para hacer coincidir el pasado
con la versión oficial. Y por eso en la sociedad imaginada:
“El pasado había sido borrado, se había olvidado que había sido
borrado y de ese modo la mentira se convertía en verdad.”
Porque el que manda sabe que:
“Quien controla el pasado controla el futuro. Quien controla el
presente controla el pasado.”
En aquel mundo supuestamente imaginario las consignas oficiales
proclamaban: “La guerra es la paz, la libertad es la esclavitud, la ignorancia
es la fuerza”. Mucho de eso está pasando cuando los medios intentan convencerte
de que lo que estás viendo no es lo que ves sino lo que ellos dicen que ves.
Aquí estamos asistiendo constantemente a correcciones del pasado y
no de un pasado remoto de difícil percepción sino a un pasado reciente que
conservamos en la memoria o creemos conservar. En pocos días nos hemos enterado
de que los sucesos de Barcelona en 2017 no existieron, nadie se rebeló contra
el orden vigente, nadie provocó una peligrosa rebelión, nadie instigó para
arrasar las calles, lo que pasó, si es que algo pasó, no fue provocado por
nadie. Igualmente hemos sabido que nadie defraudó 680 millones de euros públicos
en Andalucía. Simplemente se evaporaron, suponiendo que alguna vez existieran
esos millones, y si existieron como no eran de nadie, nadie tiene que hacerse
responsable de su presunta existencia. Las sentencias del Tribunal Supremo son
anuladas o eliminadas. No entiendo por qué se llama Supremo si hay otro que
anula o elimina sus decisiones. Debería pasar a llamarse Tribunal Supuestamente
Supremo.
Hace unos días se cumplieron 27 años del asesinato de Miguel Ángel
Blanco, podemos dudar de que eso sucediera o de que nosotros mismos participásemos
en aquellas multitudinarias manifestaciones de repulsa por el abyecto crimen puesto
que los presuntos responsables o sus acólitos están gobernando en las
instituciones de todos. Puede que todo no sea sino un espejismo, una visión errónea
de nuestra falible memoria.
Las leyes existentes y las que se van creando a conveniencia del
poder solo permiten una verdad que es la oficial y para sostenerla se destruyen
u ocultan monumentos y estatuas, se silencian y censuran documentos o se
vituperan y desacreditan cualesquiera testimonios que disientan de la versión
estatal, la única que puede ser tenida por cierta.
Porque como decía Orwell:
“La realidad existe solo en la imaginación. Aunque no en la
imaginación individual, que es falible y perecedera, sino en la del Partido,
que es colectiva e inmortal. Lo que el Partido diga que es cierto, es cierto.
Es imposible ver la realidad si no es a través de los ojos del Partido.”
Cuando el Partido se concentra en una sola persona la situación se
agrava.
Orwell estuvo en Barcelona durante la guerra civil española. Vino
para participar y tuvo que escapar apresuradamente antes de que lo mataran sus
supuestos correligionarios según cuenta en su novela “Homenaje a Cataluña”.
En otro ensayo sobre esa guerra dice:
“Ya de joven me había fijado en que ningún periódico cuenta nunca
con fidelidad cómo suceden las cosas, pero en España vi por primera vez
noticias de prensa que no tenían nada que ver con los hechos, ni siquiera la
relación que se presupone en una mentira corriente… En realidad vi que la
historia se estaba escribiendo no desde el punto de vista de lo que había
ocurrido, sino desde el punto de vista de lo que tenía que haber ocurrido según
las distintas “líneas de partido”. Me parece que la idea de verdad objetiva
está desapareciendo del mundo. El objetivo tácito de esa argumentación es un
mundo de pesadilla en el que el jefe, o la camarilla gobernante, controla no
solo el futuro sino también el pasado. Si el jefe dice de tal o cual
acontecimiento que no ha sucedido, pues no ha sucedido.”
De las predicciones de su novela decía: “Yo no creo que el género
de sociedad que describo vaya a suceder forzosamente, pero sí creo que puede
ocurrir algo parecido.”
Está sucediendo.