domingo, 13 de agosto de 2017

El 13 de agosto de 1521 se acabó para siempre el Imperio.

Y así se ha perdido el pueblo mexicano, el tlatelolca. Ha dejado abandonada su ciudad. En Amáxac estábamos todos, ya no teníamos escudos, no teníamos macanas, no teníamos comida, no teníamos nada para beber. Toda la noche llovió sobre nosotros.
Salen del agua Cuauhtemoctzin, Topantemoctzin, Temilotzin y Coyohuehuetzin. Ya los llevan a donde está el capitán. Allí está el capitán con Malintzin y con Tonatiuh Alvarado. Ya los hacen prisioneros. Ya sale la gente del pueblo de sus escondites. Ya no hay escondites. Van con andrajos, van sucios, llevan los huesos a flor de piel. Las mujeres solo llevan trapos viejos en sus cabezas. Marchan como si ya no fueran de este mundo. Ya no son de este mundo. Ya no tienen mundo. Las más jóvenes se envejecen, se afean, embadurnan sus caras con lodo, ensucian sus cabellos. Desean ocultar los restos de hermosura. Por todas partes buscan los cristianos, les abren las faldas, les pasan la mano por sus senos, por sus brazos, por sus piernas.
En un año 3-Casa es conquistada la ciudad. Le gente que queda se dispersa por los pueblos vecinos.
Los cristianos buscan oro. Se pregunta a las personas, ¿dónde está el oro? Se registra, se investiga, se mira si lo esconden en los escudos, si en las insignias de guerra, si en el bezote, si en la luneta de la nariz, si en el pendiente de la oreja. En todas partes se mira.      
Se ha perdido el pueblo mexicano. El llanto se extiende, las lágrimas corren por Tlatelolco. Llorad mexicanos, la nación se ha perdido, el pueblo se ha perdido. Abandonan la ciudad. ¿Adónde irán? Nadie les quiere, los otros pueblos les han dado la espalda, los afligen, se burlan de ellos, los matan a traición. Llorad amigos, solo nos quedan las lágrimas.

Cuauhtémoc estaba esperando el ataque y tenía preparadas cincuenta canoas cargadas con sus pertenencias y listas para partir si se veía obligado a abandonar la ciudad. Cuando vio que las naves se le venían encima pensó que la situación era insostenible y se embarcó con toda su familia y sus principales, intentando escapar del cerco. Avisaron de la maniobra a Sandoval y este envió tras él a García Holguín, que comandaba el bergantín más marinero de los que teníamos. Entre las docenas de canoas que escapaban distinguió una más grande y mejor aderezada, y se dirigió a ella dándole pronto alcance. Bajo un toldo iba el gran señor de México. Al apresarlo no opuso resistencia, solo pidió que le llevaran a él y que respetaran a sus mujeres y familia. Holguín ya tenía instrucciones de mostrarse respetuoso, le hizo subir a bordo junto a su mujer y sus principales, y puso proa hacia el real de Cortés. Enterado Sandoval de que se había detenido a Cuauhtémoc, apremió a sus remeros para alcanzar el navío de Holguín y le reclamó el prisionero. Se negó este alegando que él lo había detenido y a él correspondía el honor de entregarlo. Se enzarzaron en una discusión, Sandoval argüía que era él quien estaba al mando, y Holguín que él había sido el autor material del arresto. Avisaron a Cortés y este envió a los capitanes Luis Marín y Francisco Verdugo para que sin más dilación ordenaran a los dos hombres dejar sus cuitas y traer al prisionero. Finalmente los dos acompañaron a Cuauhtémoc ante Cortés, llevándolo cada uno asido de un brazo. Era un hombre joven, no aparentaba más de veinte años.
Cuando se encontró ante el capitán se arrodilló y dijo:
-Señor Malinche, hice cuanto pude por defender mi ciudad y mi pueblo. No he podido hacer más. Puesto que me habéis vencido, tomad ese puñal que lleváis en el cinto y dadme muerte. Solo os pido que respetéis la vida de mi mujer y la de mi familia.  
Cortés le ayudó a incorporarse y le invitó a sentarse en un sillón que había dispuesto. Le dijo que lo consideraba un bravo hombre que había cumplido con su deber y que no pensaba matarlo sino, antes al contrario, respetar su condición de rey de su pueblo.
Era 13 de agosto de 1521, martes, día de San Hipólito, tronaba y llovía como si se hubieran abierto de golpe las compuertas de los cielos.

Ese día terminó el Imperio de México-Tenochtitlan. 

Fragmento de "Con el alma entre los dientes", novela histórica que narra las conquistas de México y Perú. Disponible en Amazon en digital y en papel.

Opiniones de lectores

on August 4, 2017
Format: Kindle Edition|Verified Purchase

En digital.

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