jueves, 2 de febrero de 2017

Los caballos danzantes de Síbaris.

Síbaris fue una ciudad griega situada en el golfo de Tarento, en lo que hoy es Calabria, al sur de Italia. Seguramente constituyó el más importante asentamiento de los varios que conformaron el territorio que los romanos bautizaron, por su importancia económica y cultural, como la Magna Grecia. Navegantes procedentes del Peloponeso la fundaron hacia el 700 a.C., llegando a alcanzar altas cotas de prosperidad y desarrollo, lo que les permitió expandirse por los territorios próximos hasta llegar a englobar a otras 25 poblaciones. Su bienestar se basó en la producción de vino, lana, miel, madera, cera, plata y tejidos. Parece que su producto más demandado eran las telas de color púrpura, muy de moda entre los etruscos. Se les supone amantes del lujo y los placeres, muy dados a holgarse en fastuosas orgías e interminables banquetes. Ese gozoso tren de vida y su afición al deleite dio origen a la acepción del vocablo “sibarita”. Según el DRAE: “Persona que se trata con mucho regalo y refinamiento.”

Todo se les acabó en 510 a.C., al entrar en guerra con sus vecinos de Crotona. Ya se sabe que con quien es más fácil reñir es con el vecino. Los sibaritas eran buenos jinetes amantes de los caballos y habían ejercitado a su caballería para bailar al ritmo de la flauta. Sus adversarios infiltraron algunos espías que tomaron buena nota de las diferentes melodías que utilizaban. Cuando se inició la batalla, los crotoniatas, que también tenían flautas, las hicieron sonar con fuerza y los caballos del ejército sibarita se pusieron a danzar provocando un desconcierto total en sus filas, llevándolos a una rápida derrota. Según cuenta Estrabón, los vencedores desviaron el curso del río Cratis para anegar la ciudad de la vida placentera y borrarla del mapa.    

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