sábado, 25 de junio de 2016

26 de junio de 1541

Francisco Pizarro era el dueño y señor de todo el Perú, amasaba una inmensa fortuna, poseía encomiendas en las que tributaban 30.000 indios, era propietario de palacios, terrenos, rebaños, barcos y minas, y el rey le había otorgado el título de Marqués.
Y al mismo tiempo se había granjeado numerosos enemigos. El 26 de junio de 1541, un grupo de diez o doce partidarios del hijo de Almagro, al mando de Juan de Herrada, fueron a su casa y lo abatieron a estocadas. El gobernador se encontraba en compañía de unos amigos y de su hermano de madre, Francisco Martín de Alcántara. Cuando oyeron el tumulto, la mayoría de los invitados se apartó y dejó solos a los dos hermanos que, armados de sus espadas, se enfrentaron con arrojo al numeroso grupo de asaltantes. Martín de Alcántara recibió una estocada en el pecho que lo atravesó y cayó muerto. El viejo conquistador se defendió solo durante unos minutos, manteniendo a raya a los que querían acabar con su vida. A pesar de la edad, seguía manteniendo la energía y el coraje que había acreditado durante toda su vida. Conservaba la fuerza y la pericia con la espada que le habían hecho vencedor de mil batallas. Pero los enemigos eran muchos, lo rodearon y le atacaron por todos lados. Lo cosieron a estocadas, en un brazo, en las piernas, en el pecho, una le sajó la garganta y la sangre manó a borbotones, viéndose morir pidió confesión pero se la negaron. Se llevó la mano a la herida, y con los dedos llenos de sangre trazó la señal de la cruz en el suelo. Después se desplomó sobre ella, muerto.  

Curiosamente, el jefe de los asaltantes era Juan de Herrada, el mismo que había actuado de abogado defensor en el juicio de Atahualpa.
Fragmento de "Con el alma entre los dientes", novela histórica que trata de la vida de un hombre que acompañó a Cortés y a Pizarro en la conquista del nuevo mundo.
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CON EL ALMA ENTRE LOS DIENTES: De Tenochtitlán a Cajamarca de [Molinos, Luis]

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miércoles, 22 de junio de 2016

Rusia es culpable.

El 23 de junio Alfonso llegó a comer eufórico, el día anterior Alemania había invadido Rusia.
-Dani, me han dicho los compañeros que Serrano quiere enviar un cuerpo expedicionario. Esta no me la pierdo, ¡prepárate! Mañana hay una manifestación de apoyo a la invasión. Vente conmigo.
Daniel no le dijo nada a su madre. Se levantó como siempre y en vez de ir al colegio se fue con Alfonso al centro. Cuando llegaron a la plaza de Callao ya había varios grupos con banderas y pancartas, se iba incorporando gente nueva muy deprisa y en poco tiempo se llenó todo el lugar. Alfonso se unió a sus compañeros de Universidad formando un grupo muy numeroso, se habían suspendido los exámenes y parecía que todos se habían congregado allí. Por las calles adyacentes no cesaban de llegar pandillas de jóvenes exaltados vestidos con camisas azules, cantando y gritando consignas contra los rojos. En una hora se había desbordado la capacidad de la plaza y el gentío comenzó a moverse hacia Cibeles. Desde los balcones, la gente aplaudía y vitoreaba. Daniel, apretado por todas partes, rodeado de los amigos de su hermano, caminaba excitado y emocionado, se sentía más hombre, como si hubiera crecido de repente, como si de un plumazo hubiera dejado atrás la niñez, era uno más de aquel gentío entregado, entusiasmado ante la perspectiva de alcanzar una meta largo tiempo deseada. Los gritos se repetían una y otra vez: “Vamos a devolverles la visita”. “Nos vamos a cobrar lo que nos deben”. “Los vamos a liquidar de una vez por todas”.
La multitud llegó al cruce con la calle de Alcalá y se detuvo ante el edificio de la Secretaría General. Al balcón se asomaron varias personas y en el centro de ellas apareció la figura de Serrano Suñer. Todos le vitorearon durante unos momentos y después quedaron en silencio esperando las palabras del dirigente.
Sin micrófono, gritando para que se le pudiera escuchar, declamó un breve alegato:
-¡Camaradas! No es el momento de discursos pero sí de que la Falange dicte su sentencia condenatoria: ¡Rusia es culpable! ¡Culpable de nuestra guerra civil! ¡Culpable de la muerte de José Antonio, nuestro fundador! ¡Culpable de la muerte de miles de nuestros camaradas y de tantos soldados caídos en la defensa de la Patria! ¡Culpable de la desolación que ha provocado la agresión del comunismo ruso! ¡Rusia es culpable!
Al acabar, la muchedumbre prorrumpió en sonoros aplausos y arreciaron las demostraciones de condena: “¡Sí, Rusia es culpable!”, gritaban todos los presentes con rabia: “¡Venganza, queremos venganza!”
Daniel se sentía como si ya hubiera ganado la guerra. La multitud entonó el Cara al Sol, y él se unió al coro gritando a pleno pulmón con el brazo extendido.    
Al llegar a su casa la madre les notó alterados. Preguntó que había pasado y cuando se lo contaron, se santiguó y se fue a rezar ante la imagen de la Virgen de la Almudena.
Tres días más tarde, el viernes 26, Alfonso le comunicó que ya se había puesto en marcha la recluta de voluntarios para ir al frente ruso. Con una sonrisa de suficiencia le entregó un carné del SEU a su nombre.

-Mira lo que te he traído, ¿qué te parece? Han limitado el alistamiento a mayores de veinte años, pero te he fabricado un carné que dice que has nacido en el 21, tú no te pierdes esta, hermano, te vienes conmigo. Diremos que estás un poco canijo pero que dentro de unos días cumples los veinte. ¿Qué me dices? Para que veas que tengo soluciones para todo. No le digas nada a mamá hasta que esté todo hecho, ya sabes que va a estar en contra. ¡Vamos!, date prisa que tenemos que ser de los primeros. 
Fragmento de "El infierno de los inocentes"
Novela disponible en Amazon en digital y papel.
EL INFIERNO DE LOS INOCENTES de [Molinos, Luis]

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Opiniones de clientes


Formato: Versión Kindle Compra verificada
En los pocos días que me ha durado la lectura he sentido un gran cariño por los protagonistas, Rosa y Daniel. Tremendo lo que tuvieron que vivir. Extraordinaria novela que nos traslada a un tiempo muy reciente y a una tragedia de dimensiones colosales que tuvieron que soportar nuestros abuelos. Me ha enganchado desde la primera línea y se me ha hecho corta, al final me he quedado con ganas de más. Me encantaría que el autor escribiera una segunda parte. Excelente novela.

viernes, 10 de junio de 2016

Raisuni.

La cerrada y abundante barba negra destacaba sobre la alba vestimenta agigantando las proporciones de su redondo rostro. Nos señaló un hueco donde sentarnos y nos dirigió una larga parrafada de salutación y buenos deseos.  
Nos dijo que el padre de Hamido era un buen amigo suyo desde los tiempos en los que estuvo residiendo en Tánger y que se sentía halagado de recibir a su hijo primogénito junto al amigo español que “era como su hermano”. Unos esclavos negros nos aproximaron una bandeja con varios vasitos de té y estuvimos escuchando en silencio durante más de una hora. Y asintiendo a todo lo que quiso decirnos, incluso a lo que no me gustaba.
Habló con voz ronca, casi subterránea, durante un tiempo que se me hizo interminable sin que nadie osara interrumpirle. Sus labios, gruesos como salchichas, apenas se movían para dejar escapar un discurso pausado y monótono que aparentaba no tener fin. Sujetaba en las manos un tasbith con cuentas de ámbar negro que deslizaba sin cesar entre sus recios dedos. Parecía tener una memoria prodigiosa porque adornaba sus explicaciones con anécdotas, fechas y nombres sin un solo titubeo.

Nos dijo que su pueblo lo había elegido a él como cherif porque era descendiente de cherifes y él tenía el sagrado deber de proteger a su gente. Desde que sus manos tuvieron la fuerza necesaria para sostener un rifle, antes de que aparecieran pelos en su cara, se había impuesto la tarea de amparar y liderar a su pueblo. Alá le había concedido la baraka, la gracia bendita, la gente de Yebala lo sabía y por eso su palabra era ley. Si él ordenara a algún hombre que se dejase matar, el señalado no haría preguntas y obedecería sin rechistar. Así estaba dispuesto.
- Los extranjeros quieren imponernos su justicia -decía-, pero son ignorantes, porque no pueden cambiar la naturaleza de las cosas. ¿Cómo puede un hombre juzgar lo que no entiende? Si me traen un ladrón y queda probada su culpabilidad, allí mismo hay un esclavo preparado con el hacha para segarle el brazo. De un solo tajo se lo corta y a continuación le empapa con brea el muñón.
- Los extranjeros -proseguía-, dependen del juicio de hombres que pueden ser comprados, ¿puede llamarse a eso justicia? Les atemorizan unas cuantas cabezas empaladas en las murallas porque no saben que la gente se olvida pronto del que está oculto en una celda, pero tienen muy presente la cabeza cortada luciendo sobre una pica. Si ves una infección venenosa lo mejor es cortar por lo sano enseguida, en vez de hacer muchos cortes inútiles. Los extranjeros quieren hacer de nosotros buenos europeos pero sólo conseguirán hacer malos árabes. Si se separa a un hombre de sus creencias se queda sin suelo bajo sus pies.
Hablaba sin trazas de fatiga, con un verbo que se asemejaba al torrente de un arroyo, constante e invasor, como hablan los hombres que se imponen a sus semejantes, envolviéndolos y abrumándolos con su verbosidad.
- Si alguien quiere llegar pronto al cielo -nos dijo-, no tiene más que solicitar estar a mi lado en las batallas. Las balas que me disparan se desvían antes de alcanzarme, para pasar a mis costados. En nombre del Dios Misericordioso, el Único, el que Todo lo Sabe y Todo lo Puede, tenemos que ver nuestra tierra libre de extraños que quieren arrebatarnos nuestras riquezas para llevárselas a sus países. Tenemos que vernos libres de esos que mantienen a nuestro pueblo sumido en la miseria mientras nos saquean con absoluta impunidad. 

Fragmento de "Me quedé en Tánger", novela que transcurre entre Tánger y el norte de Marruecos durante la primera mitad del siglo XX.
Disponible en Amazon, en versión digital y en papel.
 ME QUEDÉ EN TÁNGER (Spanish Edition)


Formato: Versión Kindle Compra verificada
Una novela muy interesante. A través de la vida del protagonista se hace un repaso a la historia de los españoles en Tánger y el Norte de Marruecos durante el siglo pasado, con especial incidencia en la catastrófica guerra del Rif. Está llena de anécdotas y se disfruta su lectura hasta la última página. Yo por lo menos he disfrutado leyéndola y me he enterado de muchas cosas que desconocía. La recomiendo.