jueves, 14 de enero de 2016

Amores de mármol

Aquellos eran tiempos de mucho ajetreo y muchos hombres de verdad. Sobre todo en mi buena época, allá por los sesenta, ¡Virgen de la Regla, qué tiempos! Yo tenía la mejor casa de la región. Estaba entre Villena y Almansa, ¿has estado por ahí?, si algún día vas, ya te diré dónde estaba, todavía se ve desde la carretera. Aunque se ha quedado muy abandonada aún se distingue que era una casa de señorío y categoría. Hasta de Madrid venían expresamente para verme. Y en aquellos tiempos no estaba todavía la autopista, entonces se tardaban cuatro horas en llegar. Pues aún y así, venían. ¡Menuda era yo! Tenía lo mejorcito de clientela. Aristócratas, gente de dinero, artistas, bueno, bueno, de todo, de todo lo mejorcito. Con decirte que hasta Frank Sinatra vino a verme una vez que estuvo en España. No sé quién le hablaría de mí, pero allí que se presentó. ¡Cómo disfrutó el tío!, me dijo que ni con Ava Gardner lo había pasado tan bien. Como lo oyes. Tú sabes quién era Ava Gardner, ¿no? Una tía guapísima.
- Sí, la vi en Mogambo -afirmó Irina, aprovechando que Marlén le daba otro trago a su vaso.
- Mogambo, sí, ahí salía guapísima…, bueno, pues Frank me dijo que lo había pasado mejor conmigo. Era un tipo muy simpático, poquita cosa como hombre pero muy simpático. Aunque eso sí, estaba bien servido para su tamaño…, el tío andaba bien armado. Era un poco creído, pero ya me contarás, es natural, ¿no? Se quedó maravillado, me dijo que me recordaría toda la vida. Claro que yo, cuando quería dejar a un hombre satisfecho de verdad, le hacía el número de la pollinica y los dejaba en el cielo. Bueno, bueno, ya no me olvidaban en toda su vida. Algún día te contaré en qué consistía. Claro que para eso hay que ser una auténtica profesional…, y no te veo yo a ti. A lo mejor Nadia sí, pero a ti no te veo haciéndolo. A ti no te acaba de entonar esto, ¿a que no? Yo en cambio lo llevo en la sangre, hija, desde jovencita me dio la vocación. Esto es como la que nace para monja, la que nace quiero decir, ¿eh?, no la que meten por ahí medio obligada y eso, no. La que de verdad lo siente. Pues yo igual, pero en puta. O en artista del sexo. Porque yo era una artista. El número de la pollinica era el acabose. El no va más. Algún día te lo contaré...

Además, yo de joven estaba muy bien, aunque me esté mal el decirlo. Si no, ¿por qué crees que me llaman Marlén?, no pensarás que mi madre me puso así, la pobre, que era de un pueblo de la Mancha. Mi madre me puso Sacramento, ¡échale!, estuvo sembrada la mujer. A mi empezaron a llamarme Marlén cuando me arranqué en el oficio, porque todo el mundo decía que me parecía muchísimo a Marlene Dietrich, que era una que tenía enamorada a toda Europa. Habrás oído hablar de ella, ¿no?, aquella tenía enamorados a los hombres y a las mujeres, era increíble. Bueno, pues todos decían que yo era igualita.    
Fragmento de "Amores de mármol"
Disponible en Amazon
http://relinks.me/B01AI2DLRS

miércoles, 13 de enero de 2016

Por una Democracia Azarística.

He estado viendo la toma de posesión de los nuevos y nuevas diputados y diputadas. No estoy seguro si lo retransmitían desde el Congreso o desde el Circo Price. Es evidente que la gente no sabe a quién vota, de otro modo no se entiende que semejante personal vaya a calentar los escaños durante la próxima legislatura. Los votantes y votantas solo conocen a los seis o siete que están a todas horas en las televisiones pero no tienen ni idea de quienes son los restantes trescientos y pico que van a tomar decisiones que influirán en sus vidas. Claro, que aún resulta más asombroso que esos que vemos y oímos a todas horas reciban el voto de los ciudadanos. Es muy difícil de entender, pero sucede. Francamente, creo que esta democracia participativa ya no sirve, ha quedado completamente obsoleta, no representa ni remotamente la voluntad de los ciudadanos. Es por lo tanto perentorio modernizar el sistema, adecuarlo a la realidad que vivimos.
Propongo un nuevo método mucho más justo y racional. La idea me ha venido al ver la cara de felicidad de muchos y muchas de sus señorías y señoríos. Es comprensible su alborozo, han resuelto sus vidas por una buena temporada. Es como si les hubiera tocado la lotería. ¡Y ahí está el quid de la cuestión! Si se trata de sorteo vayamos directamente a los profesionales. En las próximas elecciones se habilitará un bombo con 46 millones de bolas con los números de DNI de los habitantes de este país (España), y los niños de San Ildefonso cantarán los 350 afortunados que nos representarán a todos los demás. Si se extraen algunas bolas de menores de edad, los escaños correspondientes quedarán vacantes, sueldos que nos ahorramos. Eso sí que será de verdad democrático. Ahí sí que estará representado el pueblo en su auténtico potencial, en su esencia verdadera. Se acabarán de un plumazo las demagogias, las mentiras, las falsas promesas y las componendas interesadas. Las leyes se aprobarán por consenso de individuos que decidirán por ellos mismos, no como ahora que votan en bloque los componentes de cada partido. Además, he consultado con un grupo de expertos estadísticos y me han asegurado que el método de elección al azar mejorará notablemente el nivel medio de los diputados y diputadas. El nuevo sistema puede llamarse, a falta de otro nombre mejor, Democracia Azarística.
Si estás de acuerdo con mi propuesta pon me gusta en algún sitio.

domingo, 10 de enero de 2016

La fuente.

El limpio y recio repique de las campanas de la Catedral abrió una brecha en el sofocante mediodía sevillano en el momento justo en que ponía el pie en la escalinata de acceso al amplio portalón del Palacio Episcopal. Un fraile rechoncho, de ojos vivarachos y rosados mofletes, le estaba esperando en la entrada. El religioso desplegó una hospitalaria sonrisa y con gesto impaciente le abordó antes de que llegara al zaguán:
-¿Don Íñigo Núñez?  
El recién llegado, un hombre alto y corpulento, de anchas espaldas y porte regio, asintió con un movimiento de cabeza y salvó los cuatro escalones de piedra en dos zancadas.
A pesar del calor vestía una capa corta encima de una almilla de inmaculado blanco, y calaba sobre la abundante cabellera una boina bermeja adornada con una pluma azul de guacamayo. Los pantalones negros bombachos los sujetaba bajo las rodillas con una cinta del mismo color dejando a la vista las nervudas pantorrillas enfundadas en medias también negras. La cerrada barba endrina le confería a primera vista un aspecto adusto que se veía enseguida suavizado por una mirada franca y afable.
-Tenga vuesa merced la bondad de acompañarme, Su Eminencia le está esperando.
Se introdujo el monje en la umbría del palacio y precedió al visitante por una amplia sala que daba acceso a un patio interior. Con cortos y rápidos pasos le condujo por un ancho pasillo abovedado aledaño al claustro. En el centro del atrio, el chorro de una fuente propagaba un refrescante sonido al rebotar contra la piedra del basamento. El trino de unos pájaros invisibles acompañaba el rumor del agua. Al llegar al final del pasillo el fraile giró a la derecha, atravesó otra gran sala desierta y se detuvo ante una alta puerta de roble adornada con anclajes de bronce. Golpeó dos veces con los nudillos, empujó suavemente la hoja y doblando el cuerpo hacia delante, introdujo la cabeza por el hueco.
-Eminencia, Don Íñigo Núñez está aquí.
-Hágale pasar -se oyó una voz un tanto aflautada en el interior.
El clérigo se apartó a un lado para dejar entrar al visitante, cerró la puerta por fuera y se marchó.
El interior de la habitación estaba en semipenumbra. Mientras acostumbraba sus ojos a la escasa luz reinante vislumbró a un hombre de corta estatura que salía de detrás de un gran escritorio y se acercaba hacia él con los brazos abiertos:
-Don Íñigo Núñez, ¡que ganas tenía de conoceos! O mejor dicho, de veros de nuevo, porque ya os conocí hace muchos años.
Cuando llegó junto a él le extendió la diestra y el visitante la tomó e hizo una reverencia hasta casi rozarla con sus labios.
-Buenos días, Eminencia.
-Dejad que os vea, desde luego no podéis negar que sois hijo de Don Diego, tenéis el mismo fausto en la figura e idéntica prestancia, aunque bien es verdad que vos le sobrepasáis largamente en estatura. Ya me advirtió vuestro progenitor que os habíais convertido en un gallardo mozo. Y a fe que no era pasión de padre. Venid a sentaros a este rincón de la estancia, que es el más fresco.

Le precedió hasta una esquina en la que había una mesita redonda con tablero de taracea flanqueada por dos sillones de cuero repujado, le señaló uno y tomó asiento en el otro.